Ángel Téllez, un torerazo por la Puerta Grande

El joven diestro madrileño cortó una oreja en cada toro y conmovió a la plaza con un toreo de muy altos vuelos

Ángel Téllez, a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas.
Ángel Téllez, a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas.Miguel Osés Efe

Faltaba un minuto para las ocho de la tarde cuando Ángel Téllez tomó la muleta a sabiendas de que se enfrentaba a las oposiciones más decisivas de su vida. Había entrado en el cartel por la puerta de la sustitución —en el lugar de Emilio de Justo— y necesitaba salir por la Puerta Grande para justificar su presencia y refrendar que es un torero con futuro. Eran casi las nueve y media cuando se lo llevaban en volandas hasta la calle Alcalá después de aprobar con buena nota el dificilísimo examen.

Ángel Téllez (Madrid, 1998), que tomó la alternativa en Guadalajara en 2019, llegó a la feria como un desconocido y ha demostrado que tiene madera de torero grande, que posee una ambición ilimitada, unas condiciones extraordinarias, una mano izquierda de oro, una actitud envidiable, y una figura de torero que huele a que puede ser uno de los grandes. La faena a su primero entusiasmó a los tendidos porque hizo el toreo de verdad, bien colocado siempre, trazó los muletazos con superior elegancia y hondura y sintió cada uno de ellos.

Bravo en el caballo había sido ese tercero de la tarde, que permitió el lucimiento de Jesús Aguado y Alberto Zayas en banderillas, y llegó a la muleta con aires de encastada nobleza que albergaban la esperanza de una faena inolvidable. Los iniciales muletazos por bajo sonaron como un crujido en toda la plaza; buena fue la primera tanda con la mano derecha, la planta asentada, cruzado siempre, y el pase de pecho sonó monumental de principio a fin. Una voltereta sin consecuencias no mermó su ánimo y varios naturales preñados de hermosura desataron la euforia general. Aún hubo unos ayudados por bajo y un remate sencillamente espectacular.

Su labor en el sexto fue arrebatadora; entonces, con una sorprendente serenidad, como si fuera un veterano en plena madurez, desplegó una tauromaquia tan honda, tan sentida, tan jubilosa que dejó al respetable con la boca abierta. Le sobra sentido de la ligazón, es valiente a carta cabal, le desborda el sentido del temple, y todo lo que hace está impregnado de una innata elegancia que transmite una emoción desatada.

Toreó con el cuerpo entero con la muleta en la mano derecha, y aprovechó la prontitud del toro para dibujar naturales extraordinarios con los tendidos en pie, entusiasmados y conmovidos ante tanta belleza. Sí, porque no de otra manera se puede calificar un derecho casi circular, un inspiradísimo cambio de manos para trazar un hermoso natural y cerrar la fiesta con un pase de pecho que pareció eterno. Un auténtico lío.

Pero como la perfección no existe, el consumado artista falló con el estoque y las dos orejas que tenía ganadas a ley se quedaron para una para compensar una actuación prodigiosa de un joven torero que se ha visto lanzado por sus propios méritos hacia el estrellato.

Urdiales solo pudo trazar unas pinceladas sueltas en el cuarto ante un lote poco propicio; y Talavante volvió a demostrar que su retirada no le ha sentado nada bien. Apuntó sin destacar en ninguno de sus toros, más suelto ante el primero, al que recibió de muleta con tres muletazos con la pierna flexionada sencillamente excelsos; después, solo detalles y pinturería sin fondo. Muy descastado fue el quinto, al que banderilleó de forma torerísima Miguelín Murillo, y Talavante pasó desapercibido.

La tarde fue de Ángel Téllez, un torerazo que se sometió al examen más decisivo de su vida y lo aprobó con creces; ojalá tenga suerte y opciones para disfrutar…

Del Río/Urdiales, Talavante, Téllez

Cinco toros de Victoriano del Río y el sexto de Toros de Cortés,, desiguales de presentación, mansurrones, nobles, descastados y desfondados; el tercero hizo una buena pelea en varas y tuvo movilidad, casta y nobleza en la muleta, y el sexto cumplió en el caballo, persiguió en el segundo tercio y derrochó nobleza y templanza en la muleta.

Diego Urdiales: pinchazo y estocada (silencio); estocada delantera (palmas).

Alejandro Talavante: estocada baja (palmas); pinchazo y estocada baja (silencio).

Ángel Téllez: estocada caída _aviso_ (oreja); pinchazo, estocada tendida _aviso_ y un descabello (oreja). Salió a hombros por la Puerta Grande.

Plaza de Las Ventas. 27 de mayo. Vigésima corrida de la Feria de San Isidro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).

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