Muere a los 57 años el músico Mark Lanegan, icono del ‘grunge’, líder de Screaming Trees y colaborador de Queens of the Stone Age

El artista ha fallecido en su casa en Irlanda sin que hayan trascendido las causas, aunque hace meses estuvo en coma tras contraer la covid-19

El músico Mark Lanegan, en una imagen promocional.
El músico Mark Lanegan, en una imagen promocional.

Hace dos años, como si fuera una señal, Mark Lanegan, el turbulento artista de la escena alternativa estadounidense, un espíritu errante en la senda de Nick Cave, se reconcilió con su pasado al publicar un libro de memorias, Sing Backwards and Weep. y un álbum, Straight Songs of Sorrow, que sonaba a repaso existencial, En ellos ha quedado plasmado el espíritu de un músico que ha fallecido este martes por la mañana en su casa de Killarney (Irlanda), a los 57 años. El anuncio de su muerte se ha hecho público a través de su cuenta de Twitter. Lanegan no solo fue un gran músico en solitario. Además, lideró la banda Screaming Trees y, en algún momento de su carrera, formó parte de las bandas Mad Season, The Gutter Twins, Soulsavers, The Twilight Singers y Queens of the Stone Age. Incluso colaboró con Manic Street Preachers en el disco The Ultra Vivid Lament.

A pesar de que no se haya hecho pública la causa de su muerte, en los pasados meses diversas publicaciones musicales contaron que Lanegan se había quedado sordo tras contraer la covid-19, y no se había recuperado completamente: volvió a ingresar después en un hospital, pasando meses en cama, entrando y saliendo del coma.

Lanegan encontró la fama en la banda Screaming Trees, donde dio alas al grunge de los ochenta, que lideraba con su voz grave y dramática. Como recordaba Fernando Navarro en la crítica de su último disco, “desde que tiró en solitario, Lanegan, que dejó en los noventa sobresalientes obras afiladas como Whiskey for the Holy Ghost y I’ll Take Care of You, siguió la estela de Tom Waits y, especialmente, Nick Cave, tipos capaces de retorcer tanto un blues que lo ahogaban en remordimientos de rock. A partir de ahí, no ha hecho más que revolverse en sus propias tinieblas de drogadicción y depresión hasta convertirse en un músico de difícil molde, un pájaro de la noche sin jaula que en la última década ha experimentado concienzudamente con la electrónica”.

Nacido en Ellensburg (Washington), a Lanegan le gustaba poco explicar sus composiciones. “No me gusta hablar de mi música. De hecho, creo que no me gusta hablar de música. Te diría incluso que no soy muy fan de hablar, en general. Me enamoré del rock en mi adolescencia porque solo me pedía escuchar”, decía en una entrevista en EL PAÍS. Tras años de colaborar con músicos como Greg Dulli, Isobel Campbell, James Lavelle o diversas bandas, su carrera en solitario le hizo crecer como artista. En 2012 contaba: “Por primera vez en mucho tiempo, me encontré sin nada que hacer y, en vez de esperar que alguien me llamara, actué yo. Tengo 48 años y, bueno, muchos de mis amigos ya están muertos. Cada vez es menos la gente que te puede llamar para hacer algo. Yo sigo vivo. Es un éxito, si le echas un vistazo a mi biografía”.

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En esa faceta en solitario que abarcaba sus facetas de crooner crepuscular, de rasposo roquero y de bluesman metalúrgico, llegó a editar 11 discos. “Lo más importante en esto de la música es no perder la curiosidad”, aseguraba. “Siempre he pensado que debía haberme quedado tocando la batería. Es la forma de que nadie jamás se preocupe por ti”.

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