Mario Vargas Llosa entra en la Academia francesa

El Nobel hispanoperuano, que ocupará el sillón 18, será el primer miembro de la institución que no ha escrito en la lengua de Molière

Mario Vargas Llosa asiste al estreno de 'Mario y los Perros' en la Cineteca el 27 de junio de 2019 en Madrid, España.
Mario Vargas Llosa asiste al estreno de 'Mario y los Perros' en la Cineteca el 27 de junio de 2019 en Madrid, España.Beatriz Velasco (Getty Images)

Mario Vargas Llosa será inmortal. Literalmente. Los inmortales es el nombre que reciben los miembros de la Academia francesa, que hoy aprobó en sesión plenaria y a puerta cerrada el ingreso del autor de La ciudad y los perros.

Es una revolución para esta institución fundada en el siglo XVII por el cardenal Richelieu y criticada por su inmovilismo. Por primera vez en su historia, tendrá en sus filas a alguien que no ha publicado ni un libro en la lengua francesa, cuya defensa y preservación es la razón de ser de la institución.

“La verdad es que me ha alegrado mucho. Yo no esperaba nunca ser académico”, declaró Vargas Llosa a EL PAÍS poco después de conocerse la elección. Sobre el título que, como académico francés, recibirá, dijo entre risas: “¡Sería muy bueno eso de ser inmortal de verdad!”

La candidatura, explicó el novelista hispanoperuano, surgió de una reciente conversación en París con su amigo, el escritor y académico Daniel Rondeau. “Nos tomamos un café. Y estaba con otro académico con nosotros”, recordó. “Y de pronto me dijeron que la Academia francesa me esperaba. Y ahí armaron prácticamente una emboscada de la cual he resultado académico francés”.

Vargas Llosa, articulista de EL PAÍS desde hace más de tres décadas, se impuso en la primera vuelta del escrutinio con 18 votos sobre un total de 22 sufragios, según un comunicado de la Academia. Para que la votación pudiese realizarse tenían que estar presentes un mínimo de 20 académicos.

El siguiente paso para que la elección sea válida es la aprobación del llamado protector: el presidente de la República, en una audiencia al nuevo académico. Después de recibir la aprobación de Emmanuel Macron, Vargas Llosa ya podrá ser “instalado”, es decir, tomar posesión del escaño 18, en una ceremonia privada y en círculo reducido. El proceso concluirá un tiempo después en una ceremonia pública en la que todos los académicos, incluido el nuevo, asistirán con su traje verde y su espada según la tradición instaurada bajo el Primer Imperio y en la que el nuevo inmortal leerá un elogio a su antecesor en el escaño, en este caso el filósofo Michel Serres, fallecido en 2019.

La investidura definitiva, sin embargo, tomará tiempo, quizá hasta el primer trimestre de 2023, pues hay cuatro nuevos miembros en la lista de espera para la ceremonia antes de Vargas Llosa.

Vargas Llosa, que ya es miembro de la Real Academia Española, no será el primer académico extranjero de la Académie. Algunos, como Julien Green, Eugène Ionesco, Hector Bianciotti, François Cheng o Maurizio Serra, escribieron también en inglés, rumano, español, chino e italiano, respectivamente. Pero el nuevo inmortal es el primero con una obra exclusivamente en lengua extranjera.

El cargo es vitalicio. La Academia francesa cuenta con 40 escaños de los que seis están vacantes. La preside un secretario perpetuo, actualmente la historiadora Hélène Carrère d’Encausse.

Con Vargas Llosa, Nobel de literatura en 2010, la Academia ha hecho dos excepciones a sus normas y costumbres. La primera ha sido admitir a un escritor que no escribe en francés. La segunda, a un candidato mayor de la edad tope de 75 años. Vargas Llosa tiene 85.

La doble excepción tiene sus motivos. El ingreso de Vargas Llosa es un reconocimiento a un novelista que se formó en Francia y que siempre ha reconocido la deuda con las letras francesas, desde Gustave Flaubert al pope de la izquierda radical de mediados del siglo XX, Jean-Paul Sartre, y, más tarde, a pensadores como Raymond Aron o Jean-François Revel, decisivos en su formación como intelectual liberal a quienes rinde tributo en uno de sus últimos libros, La llamada de la tribu, publicado, como casi toda su obra, por Alfaguara en castellano y Gallimard en francés. La orgía perpetua, su ensayo sobre Madame Bovary, es uno de los mejores estudios sobre este clásico del siglo XIX.

“La verdad es que la influencia de la cultura francesa ha sido enorme en mi caso”, explicó Vargas Llosa tras conocer el resultado de la votación. “Yo aprendí francés muy joven y leí muchísimo a los franceses. Cuando estuve en el Partido Comunista, que estuve un año, las ideas de Sartre me defendieron contra el estalinismo, Y luego poco a poco he ido evolucionando, me parece, hacia ideas liberales, democráticas”.

Nunca, sin embargo, abandonó la idea del escritor engagé o comprometido tal como lo concebía Jean-Paul Sartre. “¡Totalmente engagé!”, subrayó durante la citada conversación. “Yo creo que los escritores tienen la obligación de participar en el mundo de las ideas, en el mundo político. Siendo latinoamericano es absolutamente indispensable”, dijo. Y añadió: “Hay que defender la democracia y las ideas liberales en este momento más que en ningún otro”.

Al acoger a Vargas Llosa, los inmortales también devuelven el brillo a la institución. Desde que François Mauriac murió en 1970, ningún Nobel de literatura se sentaba bajo la augusta cúpula del Instituto de Francia, en el quai Conti de París, sede de la Academia. Vargas Llosa también será el único académico con su obra publicada en la Pléiade, la selecta colección de clásicos de la editorial Gallimard.

El escritor francoespañol Pierre Assouline apuntaba hace unos días en un artículo: “No es tanto que se regale la Academia a Vargas Llosa, sino que se regala Vargas Llosa a la Academia. Incluso es bastante valiente por parte de los Cuarenta hace venir entre ellos a un novelista que les supera ampliamente; la foto de familia no les favorecerá. Basta con comparar las obras y su resplandor”.


Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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