Viaje al corazón de la primavera árabe

El escritor Alaa Al Aswany ficciona la fallida revolución egipcia de 2011 en una conmovedora novela prohibida en su país

El escritor Alaa Al Aswany, fotografiado en su visita al Hay Festival de Segovia en 2015.
El escritor Alaa Al Aswany, fotografiado en su visita al Hay Festival de Segovia en 2015.Aurelio Martín (EFE)

La resguardada calle peatonal de Sharifín, en pleno corazón de El Cairo, es una de las venas mejor cuidadas y emblemáticas del centro de la capital egipcia. Aquí se ubica, desde 1928, la sede de una de las Bolsas de valores más antiguas del mundo. Y hoy la sombra de sus edificios centenarios y sus estiradas palmeras la han convertido en uno de los rincones favoritos para jóvenes patinadores de la ciudad, que la recorren arriba y abajo.

En sus escasos 200 metros, sin embargo, hay un edificio ―el número seis― que destaca por todo lo contrario: es el único que parece olvidado, con la fachada desgastada y partes que han cedido al paso de los años. Quizás precisamente por esto no resulta extraño que el apartamento 20 de su quinto piso haya sido el elegido por el superventas egipcio Alaa Al Aswany para acomodar la residencia del joven revolucionario Mazen, uno de los protagonistas de su última novela, La república era esto (Anagrama), que acaba de ser traducida al español. “Los jóvenes revolucionarios, por alguna razón, se enamoraron del centro de la ciudad. Era habitual encontrar a un joven soltero o a una joven soltera alquilando un estudio”, justifica Al Aswany. “[El barrio] está muy relacionado con la revolución”, recuerda.

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La república era esto es un conmovedor relato polifónico ficticio de la fallida revolución de 2011 en Egipto, que recorre, de una forma dura y humana, desde su preparación hasta su feroz represión. En el camino, la novela se sumerge en la brutalidad, la putrefacción y la injusticia inherentes del régimen egipcio, pero también en los miedos y contradicciones, la sumisión y rebeldía de sus protagonistas más cotidianos. Sin complacencias hacia ninguno de los bandos, fue publicada en árabe en 2019 y prohibida por las autoridades egipcias.

Al Aswany (El Cairo, 64 años) es uno de los narradores egipcios con más éxito internacional y su trayectoria está estrechamente vinculada a su activismo político, que ha forjado parte de su fama. El autor se introdujo en el mundo de la literatura a una edad temprana de la mano de su padre y mentor, Abbas Al Aswany, abogado y escritor. Y ya de pequeño apuntaba maneras: su primera obra la escribió con 11 años y en ella criticaba a sus tíos a partir de la opinión de su madre. “Mi padre me dio [entonces] mis primeras dos lecciones para escribir ficción: ‘Cuando escribas sobre cualquier cosa debes tener más de una fuente, y si escribes sobre personas reales, debes cambiar sus nombres”, explica con una sonrisa.

Un joven egipcio muestra la bandera nacional, mientras grita consignas contra el presidente Mubarak, el 11 de febrero de 2011, en la plaza Tahrir de El Cairo.
Un joven egipcio muestra la bandera nacional, mientras grita consignas contra el presidente Mubarak, el 11 de febrero de 2011, en la plaza Tahrir de El Cairo.PEDRO UGARTE / GETTY IMAGES

Aunque se acabó licenciando en odontología y ejerció durante años de dentista en una clínica en El Cairo –que todavía mantiene–, Al Aswany lo combinó con la literatura y se convirtió en un superventas con el que aún es su libro más conocido, El edificio Yacobián. Su activismo político, en cambio, se acabó convirtiendo en una faceta más controvertida.

El escritor fue una de las voces más populares de la oposición a la dictadura de Hosni Mubarak y de la lucha por la democracia, y participó desde el inicio en las protestas de 2011. Pero pronto se erigió en crítico acérrimo de Mohamed Morsi, primer presidente civil y elegido democráticamente de Egipto ―algo que él cuestiona―, y de su organización islamista Hermanos Musulmanes ―hacia los que había mantenido una actitud conciliadora en el pasado―. Así, Al Aswany llegó a apoyar el golpe de Estado de 2013 que sentenció a la incipiente democracia en el país, y que él consideró una nueva ola de la revolución. Hoy el escritor sigue siendo una voz crítica con el régimen y ha tenido que marcharse de Egipto.

Con todo, el propio Al Aswany bien podría ser un personaje más de La república era esto capaz de captar las contradicciones, o al menos las complejidades, del país. En la novela aparece un amplio abanico de protagonistas que encarnan, a su manera, diferentes sectores de la sociedad egipcia y que, en su mayoría, se enfrentan al difícil dilema de tener que elegir, parafraseando a una de sus protagonistas, entre anteponer la dignidad y la libertad a la vida, o ceder ambas por un trozo de pan.

Todos ellos, además, están divididos con ingenio por la pluma de Al Aswany. Por un lado andan los corruptos y aferrados al poder, caricaturizados con sutileza: el pío general que no falla a ningún deber del profeta mientras dirige un brutal aparato represor, el telepredicador ultraconservador que bendice las peores atrocidades del régimen, y una casta y hermosa presentadora que hace de la manipulación su modo de obrar en lo personal y profesional. Al resto, el autor los traza con delicadeza y respeto, independientemente de su postura: desde jóvenes revolucionarios a los que el levantamiento popular afecta de forma muy diferente hasta un actor copto mayor que siempre ha vivido humillado y la revolución le sacude la vida, o un viejo militante comunista cerrado a cualquier posibilidad de cambio.

Fotograma de 'El edificio Yacobián', filme de Marwan Hamed basado en la novela homónima de Alaa al Aswany.
Fotograma de 'El edificio Yacobián', filme de Marwan Hamed basado en la novela homónima de Alaa al Aswany.

Dos puntos problemáticos de la novela son el marco temporal y parte de la lectura que hace de la historia. Con respecto al primero, el libro abarca desde 2010 hasta finales del 2011, y esquiva así uno de los episodios más trascendentales de la historia reciente Egipto: el golpe de Estado. Al Aswany nota que del libro se desprende el final de la revolución, y señala que “en 2011 ya era muy claro lo que ocurrió después”, una perspectiva determinista discutible que, en cualquier caso, evita el polémico cómo.

Por otro lado, Al Aswany dibuja a los Hermanos Musulmanes como una organización perversa y controlada sin fisuras por su cúpula, una descripción excesivamente simple del mayor grupo islamista del país que, además, ignora el papel fundamental de parte de sus cuadros en el levantamiento popular y el precio altísimo que también han pagado.

En Egipto, La república era esto está prohibida. Ya en 2019 Al Aswany fue demandado por la Fiscalía militar por insultos al presidente, al Ejército y al poder judicial a raíz de su publicación y otros textos suyos, según el propio escritor, que reside en Estados Unidos ajeno a su caso. “Me he negado a enviar a mis abogados por dos razones: no va a cambiar nada y, en segundo lugar, rechazo el hecho de que cualquier escritor pueda ser llevado a un tribunal militar por sus novelas. No reconozco esto”, explica.

Pese a su interpretación de la revolución, a la crudeza de lo narrado y a las consecuencias de haberlo hecho, Al Aswany desliza que, en última instancia, La república era esto está escrita desde la esperanza: “[En el libro] tienes a la chica, Asmá, que no es nada optimista y carga contra el pueblo egipcio. Yo no estoy de acuerdo con ella”, nota. “Su prometido, Mazen, sigue siendo optimista, y me siento más cerca de [él]. ¿Por qué? Porque cuando se produce una revolución hay algo que cambia, y ese algo es irreversible”.

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