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Un tribunal militar egipcio procesa al autor de “El edificio Yacobián”

Al Aswany, que vive en EEUU, ha sido procesado por "insultar al jefe del Estado e incitar al odio contra el régimen"

Alaa al Aswany, en 2006 en El Cairo.
Alaa al Aswany, en 2006 en El Cairo. AP

Ni siquiera el hecho de ser probablemente el escritor en lengua árabe más célebre en todo el mundo sirve de escudo frente el celo represor de las autoridades egipcias. Alaa al Aswany, el autor de la novela El edificio Yacobián, ha sido procesado en un tribunal militar egipcio por “haber insultado al jefe del Estado y haber incitado al odio contra el régimen”, según ha informado el propio escritor en un artículo y a través de su cuenta de twitter. Al Aswany decidió abandonar Egipto después de haber sufrido el reiterado acoso del régimen del mariscal Abdelfatá al Sisi, y reside actualmente en Estados Unidos.

De acuerdo con el diario Egypt Today, Al Aswany fue procesado por un artículo de opinión publicado el 13 de marzo en la página web de la emisora alemana Deutsche Welle en el que criticaba varias políticas del régimen egipcio, entre ellas la realización de obras faraónicas y el nombramiento de militares para cargos civiles. En una noticia publicada ayer por la propia Deutsche Welle, el escritor afirma que se enteró el fin de semana de la acusación de la Fiscalía Militar, que atribuyó a sus escritos para este medio germano y a su última novela Jumhurya ka'an (“La República como si...”), publicada el año pasado y prohibida en Egipto.

Según Al Aswany, el proceso abierto por la justicia castrense es una violación del artículo 65 de la Constitución egipcia, por el que la libertad de pensamiento y de opinión están garantizadas. "Si mi crimen es haber expresado mis pensamientos, lo admito y me siento orgulloso de ello”, afirma en una cita recogida en la mencionada noticia de Deutsche Welle. Al Aswany, de 61 años, adquirió una notable fama internacional gracias a El edificio Yacobián, del que se vendieron más de un millón de copias y fue traducido a 35 lenguas diferentes. También se hizo una versión cinematográfica de la obra.

En su último libro, que todavía no ha sido publicado en castellano, la acción transcurre durante la Revolución de 2011 que derrocó al dictador Hosni Mubarak, y se ofrece una visión crítica del rol jugado por las instituciones del Estado, incluido el Ejército y los tribunales. Al Aswany siempre ha desempeñado el papel de intelectual crítico con el poder, ya en la era Mubarak solía terminar sus artículos de opinión en la prensa egipcia con la frase “La democracia es la solución”.

Sin embargo, Al Aswany apoyó el golpe de Estado ejecutado por Al Sisi en 2013 contra el presidente islamista Mohamed Morsi, el primero elegido democráticamente en el país. En una entrevista con EL PAÍS realizada el año siguiente, definió la asonada como “una acción necesaria porque el país estaba al borde de la guerra civil”. De hecho, incluso rehusó considerar el derrocamiento de Morsi un golpe de Estado, argumentando que el Ejército había asumido su responsabilidad al haber “cumplido la voluntad del pueblo”.

No obstante, a medida que el nuevo régimen se iba volviendo cada vez más represivo, Al Aswany se fue distanciando de al Sisi hasta convertirse en otro intelectual más víctima de hostigamiento. Algo parecido ha sucedido con otros intelectuales y también con activistas, como Esraa Abdelfatá. Según el escritor, ha padecido una campaña personal de demonización en los medios oficialistas que culminó en el veto por parte de las autoridades a sus apariciones televisivas o a sus artículos en diarios egipcios. Además, también solía ser interrogado durante durante varias horas cada vez que entraba o salía del país. Por ello, decidió marchar de Egipto y empezar a escribir sus columnas en medios extranjeros.

Su caso no es una excepción. Otros artistas han sufrido el acoso del régimen egipcio por haber haber expresado opiniones críticas contra el Gobierno. El último ha sido el actor Amr Waked, conocido más allá de las fronteras egipcias por sus interpretaciones en películas como Siriana, que ha sido condenado en dos juicios diferentes a penas que suman ocho años de cárcel. Como suele ser habitual en estos casos, los cargos son “difusión de noticias falsas” e “insultar las instituciones estatales”. Waked, que reside en el extranjero, fue juzgado en rebeldía. Según las organizaciones de derechos humanos, más de 40.000 personas han pasado por las cárceles egipcias desde 2013 por sus actividades políticas.

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