Luz, dibujante: “Dejé de leer ‘Charlie Hebdo’ porque veía demasiadas ausencias”

El artista, superviviente del atentado contra la revista en 2015, une fuerzas con Virginie Despentes para firmar una colosal adaptación de su trilogía ‘Vernon Subutex’, que ambos han convertido en un réquiem por el siglo XX

El dibujante Luz, autor de la portada de 'Charlie Hebdo' que se publicó justo después de los atentados, en enero de 2015.
El dibujante Luz, autor de la portada de 'Charlie Hebdo' que se publicó justo después de los atentados, en enero de 2015.YOAN VALAT (EFE)

Él nunca tuvo intención de transformar una novela en cómic. Ella siempre se negó a que sus libros terminasen convertidos en un puñado de viñetas. Y, sin embargo, el dibujante Luz y la escritora Virginie Despentes se rindieron a la evidencia. Al encontrarse, tuvieron la inexplicable sensación de haberse conocido toda la vida, tal vez por ese inconformismo jocoso y algo punk que los dos parecen desprender. El resultado fue la adaptación al cómic de Vernon Subutex (Salamandra Graphic), la trilogía firmada por Despentes y publicada en medio mundo tras su éxito en Francia, donde llegó a vender 1,5 millones de ejemplares. El protagonista del libro, que llega este jueves a las librerías españolas, es un rockero venido a menos que pierde todas sus posesiones, empezando por su amada tienda de discos, y acaba desahuciado y malviviendo como un indigente por las calles de París, con la penúltima transformación del modelo económico como funesto telón de fondo.

“Cuando empecé a leerlo, tuve la sensación de reencontrarme con viejos amigos, con personajes que conocí en bares, tiendas de discos y festivales”, recuerda el ilustrador y expinchadiscos, superviviente del atentado de Charlie Hebdo en 2015, del que salió ileso por puro milagro, al haberse quedado dormido aquella mañana. “Era la persona que mejor podía adaptarlo, por su enorme cultura musical y porque, al haber trabajado tanto para la prensa, estaba acostumbrado a trabajar rápido. Ha sido una tarea colosal que ha durado tres años”, precisa Despentes, quien propuso su nombre convencida de que diría que no, solo para que su editor, que insistía en que su libro debía convertirse en cómic, la dejara en paz de una vez.

Luz: “Intento caminar erguido. Sobrevivir consiste en eso. En el fondo, todos somos supervivientes, cada uno con sus desgracias”

A lo largo de este primer tomo de 300 páginas —habrá un segundo y último que ya están terminando—, Vernon Subutex describe un mundo donde todo se desmorona. Todo lo que era sólido se desvanece, por reciclar las célebres palabras de Marx, y los hombres se ven forzados a “considerar serenamente las condiciones de su existencia”, como rezaba el final de aquella máxima, menos conocido que su comienzo. El libro es un réquiem por una subcultura arrinconada por el neoliberalismo, el de las tiendas de discos y las pequeñas salas de conciertos, las radios libres y las mediatecas públicas, empujadas a la irrelevancia tras la virtualización galopante del sector cultural. “Son personajes que pertenecen a un mundo que desaparece. En el libro, la precarización del mundo de la música sirve para describir una precarización de la sociedad en general”, sostiene Luz, nacido Rénald Luzier (Tours, 49 años), que responde por videoconferencia con un gorro de lana en la cabeza y desde una ubicación que no puede compartir, ya que sigue amenazado por los islamistas y vive bajo protección policial.

Páginas del cómic 'Vernon Subutex', que firman Luz y Virginie Despentes a partir de la trilogía literaria de la segunda.
Páginas del cómic 'Vernon Subutex', que firman Luz y Virginie Despentes a partir de la trilogía literaria de la segunda.

El protagonista del libro, cruce improbable del Van Gogh más iluminado y de un joven y apuesto Jacques Dutronc, camina encorvado, como cualquier cazador de vinilos que haya pasado horas y horas buscando discos en las tiendas con la espina dorsal inclinada hacia delante. Aunque también parezca una metáfora de sus torsiones internas, provocadas por los reveses que le ha dado la vida. En su historia se transparenta el calvario de quien sujeta la pluma, que también lo perdió casi todo, incluyendo a sus mejores amigos, y que parece vivir en un luto permanente. “A diferencia de él, yo intento caminar lo más erguido que puedo”, bromea Luz, puntuando sus frases con risotadas cálidas, pero también algo nerviosas. “No siempre es fácil, pero no tenemos otra elección, porque sobrevivir consiste en eso. En el fondo, todos somos supervivientes, cada uno con sus desgracias”, añade el dibujante, que estos días lo está leyendo “todo” sobre el recién iniciado juicio por el atentado del Bataclan, que tuvo lugar 10 meses después del que sufrió su revista, aunque no siempre consiga llegar al final de cada artículo.

Luz: “Días después del atentado, millones de personas salieron a la calle. Se habló de un gran impulso colectivo pero no hubo una catarsis. Dos años después, Le Pen llegaba a la segunda vuelta de las elecciones”

El espectacular éxito de las tres novelas sorprendió a su autora, que estaba acostumbrada a que sus libros feministas, como Fóllame o Teoría King Kong, se convirtieran en best sellers, aunque ninguno alcanzase el nivel de esta trilogía. “Supongo que los libros lograron reflejar lo que sucedía en Francia: el auge de la extrema derecha y un ambiente de depresión que hace tiempo que dura, un bajón de moral que nunca termina”, opina Despentes. Esa crisis de identidad francesa —y, qué duda cabe, también europea— es el tema de fondo de esta adaptación, en la que cualquier horizonte colectivo se esfuma ante el nuevo imperio del individualismo. Luz reconoció en ella la aventura común de los dibujantes de la que fue su revista durante 20 años. “También me recordó a lo que vivimos tras el atentado. Días después, millones de personas salieron a la calle para protestar. Se habló de un gran impulso colectivo. Pero, en realidad, no hubo ninguna catarsis. Dos años después, Marine Le Pen llegaba a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales”, lamenta Luz.

La escritora francesa Virginie Despentes, retratada en Madrid en 2018.
La escritora francesa Virginie Despentes, retratada en Madrid en 2018.ANDREA COMAS

El dibujo satírico podría encontrarse, igual que esa cultura marginada, en vías de extinción. “En realidad, ya lleva 20 años desapareciendo”, afirma el dibujante, citando un puñado de referentes longevos, como la británica Private Eye, la alemana Titanic o la española El Jueves, como únicas excepciones. “Cuando llegó la crisis de la prensa, las primeras víctimas fueron los fotógrafos y los dibujantes. Se consideró que no eran esenciales, que se podía prescindir de ellos”. Pese a su defensa acérrima de ese legado, el propio Luz ha tomado distancia con su antigua revista, que abandonó “por motivos personales” en 2015, nueve meses después de firmar la primera portada tras el atentado, donde Mahoma aparecía con una lágrima en la mejilla y un cartel de Je suis Charlie. “Dejé de leer Charlie Hebdo, porque veía demasiadas ausencias. Veo agujeros, gente que ya no está. Incluso detecto mi propia ausencia. Me cuesta mucho pasar las páginas sin pensar qué hubieran dibujado Charb o Cabu [dos de los dibujantes asesinados en 2015], o qué hubiera hecho yo mismo”, admite.

Un cameo de Houellebecq

El mismo día del ataque contra el semanario, dos novelas llegaron a las librerías francesas: el primer tomo de Vernon Subutex y Sumisión, el cáustico relato sobre una invasión musulmana que firmó Michel Houellebecq, que cuenta con un cameo en el cómic. “El libro de Houellebecq se convirtió en un oráculo de los atentados, cuando yo creo que la que realmente adivinó el futuro fue Despentes. Él habla de un personaje que se rinde y colabora. Ella, de alguien que lo pierde todo pero logra cambiar las vidas de los demás”, resume.

Despentes: “Es una obra propia del fin de una época. La aventura del siglo XX ha terminado, ya hemos pasado a otra fase”

En los últimos años, el trazo de Luz se ha vuelto más expresionista. Más colorista y, a la vez, más torturado. Hay una pizca de Crumb y otra de Jaime Hernández, otro viñetista con una sólida cultura rockera. Lo inesperado es que, a ratos, sus páginas, narradas con un flujo de conciencia digno de las vanguardias literarias, también recuerden a la caricatura social que ejercieron los pintores alemanes de entreguerras, como George Grosz y Otto Dix, de quienes Luz se declara admirador. “Es un gran cumplido. Me gusta su uso desbocado del color y la libertad que desprende su manera de dibujar”, responde. “Pero, sobre todo, tal vez esa comparación surja de otra idea: esta también podría ser una obra de entreguerras. Hace tiempo que nos encontramos en esa situación…”. A la autora de los diálogos, esa frase le provoca una sonrisa triste. “Entiendo por qué dice eso, pero espero que se equivoque”, rebate Despentes. “En cualquier caso, diría que es una obra propia del fin de una época, haya una guerra o no la haya. La aventura del siglo XX ha terminado. Ya hemos pasado a otra fase”.

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Álex Vicente

Es periodista cultural. Forma parte del equipo de Babelia desde 2020.

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