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23 novelas negras y una antología para el verano

Una selección de libros que se han ido publicando este 2021, grandes novelas, clásicos recuperados, series en plena forma y un poco de literatura de evasión forman el menú

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El verano al final no ha sido la explosión de liberación que esperábamos, así que igual no viene mal un poco de recogimiento acompañados de la mejor lectura. La selección que hoy traemos recoge algo de lo que se ha ido publicando a lo largo de todo el año y pretende abarcar muchos de los subgéneros en los que se divide la novela negra. Como siempre, es una lista subjetiva, basada en mis lecturas. Seguro que me he dejado cosas que merecen la pena, ya lo siento, pero también hay otras que no están porque las he leído y no van a ninguna parte. Pasen, lean, compren, disfruten de un verano negro.

Arrodíllense

Catedrales, Claudia Piñeiro (Alfaguara). Para mí es la novela negra del año. Que haya ganado el Dashiell Hammett en la Semana Negra de Gijón es solo producto de una lógica que no se suele dar en los premios. Lo tiene todo. Apuesta literaria, crítica social, grandes temas como el aborto, indagación en ese asunto fascinante de la memoria. El argumento: Lía es una mujer que vive en Santiago de Compostela. 30 años antes, su hermana fue encontrada muerta, descuartizada y quemada en una tierra baldía. Piñeiro reconstruye desde ahí el crimen o los crímenes que llevaron a Ana a morir, la hipocresía de quienes lo ocultaron, el dolor de los que no pudieron resolverlo. Y recurre para ello a personajes del policial clásico, maravilloso ese criminalista de nombre Elmer, y a otros que rodearon a la víctima para reconstruir su vida y muerte, un hecho que destruyó una familia y del que se vale para ir mucho más allá de la novela negra convencional.

David Peace, en el valle de Aosta, Italia, en 2008.
David Peace, en el valle de Aosta, Italia, en 2008.CENDAMO LEONARDO / Getty Images

Tokio Redux, David Peace (Hoja de Lata, traducción de Ignacio Gómez). Para muchos, este es uno de los libros más esperados de los últimos tiempos. El cierre de una trilogía deslumbrante que iba a ser tetralogía. La última narración criminal en el Japón destruido tras la Segunda Guerra Mundial. Hay, aquí, un cambio de estilo, o “más Hemingway que Ellroy”, como dice Carlos Zanón en el prólogo —excelente ocasión, por cierto, para que quien no conozca a este autor de 1977 pueda bucear en su obra y sus inquietudes—. Volvemos a tener a los personajes en los que se transmuta Peace, inolvidable Harry Sweeney, ahora con una magnífica narración en tres tiempos. “El 5 de julio la Ocupación tenía resaca”, comienza Tokio Redux. Cierren los ojos y disfruten.

Huesos en el valle, Tom Bouman (Siruela, traducción de Esther Cruz). De lo mejor que tiene la trabajada colección de negra de Siruela es el descubrimiento de talentos norteamericanos, sobre todo en lo que se conoce como country noir. Tras Bill Panovich o un clásico con Craig Johnson, llega ahora esta primera novela que ganó el Edgar, entre otros premios. Henry Farrell es un policía viudo, veterano de la guerra de Somalia que se las ve y se las desea para enfrentarse a los paletos que defienden su propiedad a tiros, no quieren pagar impuestos y no reconocen ninguna autoridad, y menos la suya. Estamos en los Apalaches, América profunda a tope, a medio camino entre la inmensidad de una naturaleza ingobernable y el negocio de su explotación y destrucción. Un cuerpo mutilado descubierto por un anciano en su propiedad desatará ese tipo de pasiones, secretos descubiertos y violencias de las que se alimenta una novela así.

Tigres de verdad, Mick Herron (Salamandra Black, traducción de Antonio Padilla). Que hay un puñado de británicos dispuestos a que no echemos mucho de menos a John Le Carre es algo que ya hemos contado. Que Herron es uno de los más destacados miembros de ese grupo, también. Si han leído las dos primeras de esta serie protagonizada por Jackson Lamb, personaje inclasificable, sigan. Si no, lean esta o las tres. Se encontrarán con un tono único, un ritmo perfecto y humor en dosis justas. Herron ha tenido la habilidad de encontrar un tono diferente para contar de manera original lo que otros muchos ya han contado antes.

Tana French, en Colonia en 2015.
Tana French, en Colonia en 2015.picture alliance / picture alliance via Getty Image

El explorador, Tana French (AdN, traducción de Julia Osuna). French lleva un tiempo haciendo un poco lo que quiere con la ficción criminal y, en todos los casos, dándonos buenos ejemplos del subgénero que transite en cada momento. Sus novelas sobre la brigada de homicidios de Dublín son de lo mejor del policial de los últimos años, su novela psicológica con narrador no fiable (El secreto del olmo, AdN, como las otras) te deja la cabeza del revés y ahora, con esta especie de wéstern contemporáneo lo ha vuelto a hacer. Cal Hooper es un policía estadounidense jubilado que decide retirarse a un pueblo apartado de Irlanda. Busca paz tras un divorcio y 25 años pateando las calles de Chicago. El lugar puede parecer pintoresco a un turista despistado, pero Cal descubre pronto que tiene las filias, odios y secretos de cualquier pequeña comunidad. A partir de ahí, les dejo que sigan con una novela que lo tiene todo.

Jackson Brodie, te queremos

En AdN se empeñaron a principios de año en recuperar a este personaje creado por Kate Atkinson y que protagoniza algunas de las mejores páginas de la novela negra contemporánea. Para ello publicaron el, hasta ahora, último de la serie Cielo interminable, y recuperaron en bolsillo los dos primeros, Expedientes e Incidentes (todos traducidos por Patricia Antón de Vez). El lector se puede desconcertar con la lectura de la primera, en la que un espectáculo narrativo se despliega ante sus ojos mientras se pregunta ¿dónde está Brodie? Pero el detective llega, es solo parte de la estrategia de Atkinson para suministrarnos pequeñas dosis de su héroe, que no tiene nada de particular, pero lo tiene todo de gran personaje. Expedientes es deslumbrante y, al igual que Incidentes, tiene una estructura perfecta. El personaje se desgasta en las siguientes, pero vuelve con fuerza en Cielo interminable, quinto de la serie, el más oscuro, en el que Brodie, ya mayor, ya cansado de que lo engañen, ya cansado de sus aventuras, padre de un jovenzuelo, detective aburrido sin más se encuentra con el caso de su vida.

Sorpresas agradables

Arena, Miguel Ángel Oeste (Tusquets). Una juventud, el tiempo que pasa, unos padres que no están, unos amigos que parece que van a estar para siempre, un verano. Con esos ingredientes Oeste construye una novela de frase corta y a veces cortante que no pierde por ello su lirismo. Una historia que suena a Los Planetas y huele a Nirvana, a sudor, a espíritu adolescente. ¿Y lo negro? Pues se va dejando entrever en la vida de barrio, en la violencia y las drogas que se cuelan en el periplo vital del protagonista, como negocio o evasión, en lo que calla sobre la muerte de su madre, en lo que tratan de hacer para tener un futuro.

Causas urgentes, Paula Rodríguez (Alfaguara). Este libro, también finalista en el Silverio Cañada de la Semana Negra, es una de las sorpresas agradables de estos meses. Un accidente de tren da la oportunidad a Hugo Lamadrid, superviviente, presunto homicida, delincuente reconocido y no muy hábil, de huir de la policía y, quizás, hacerse pasar por muerto. Este presupuesto argumental, llevado de la mano de Rodríguez, nos mete de lleno en una narración rápida en la que conocemos a la mujer y la hija de Hugo, desconcertadas y aliviadas también por quitarse de encima ese desastre, y a otros miembros del clan criminal que van a su caza. También a personajes secundarios (maravillosa la cuñada, Mónica, encargada de un casino, vendedora de consoladores a domicilio y religiosa devota), a un policía imposible por su amor al trabajo y a sus jefes, más reales, que buscan, no son los únicos, beneficio en el desastre de otros. Todo muy bien conectado en una lectura que dura poco y se disfruta mucho.

Lee Child, puños fuera

Un feliz acontecimiento de estos que ocurren en este loco mundo del libro fue la aventura de la editorial argentina Blatt and Ríos de recuperar y volver a traducir las novelas de Lee Child. ¿Quieren acción bien narrada? ¿Quieren un placer culpable que, de paso, les lleve a leer un buen libro? ¿Quieren aventuras y encariñarse con un tipo de más de dos metros y 100 kilos, la mano un poco larga y las dosis justas de melancolía? Les presento a Jack Reacher. La última publicada es la número 24 y última de la serie, Luna azul (traducción de Aldo Giacometti). Sí, porque el bueno de Child se retira. Pueden empezar por esta e ir para atrás, o coger cualquier otra. En esta misma editorial se publicó el año pasado Mañana no estás y los relatos reunidos en Noche caliente. Libros de playa y piscina, y algo más.

Una mirada amable

Kalmann, Joachim B. Schmidt (Gatopardo, traducción de Paula Aguiriano). Kalmann Ódinsson no es como los otros (imagínense, creo que la analogía es inevitable, a un Forrest Gump islandés pero que, como él mismo dice, ni corre mucho ni juega bien al pin pon). Estamos en Raufarhöfn, en plena Islandia vacía, a más de 700 kilómetros al norte de Reikiavik, un pueblo que vivió un boom pesquero y que, agotado el maná, sobrevive de cualquier manera. Allí Kalmann, con su particular mirada, va a intentar saber qué ha ocurrido con el charco de sangre que se encuentra en medio de la nieve, casi al mismo tiempo que desaparece un tipo dedicado a negocios no muy claros. Kalmann es un experto tirador, le gusta cazar, pero va disfrazado de sheriff de Los Ángeles y lleva una pistola que no funciona. Su abuelo, que para él es su vida, le enseñó los valores que maneja, pero el hombre tiene alzhéimer y el anclaje de Kalmann con la vida se deteriora. Hay un crimen que resolver, pero esa solo es una pequeña parte de esta enorme novela.

Las aventuras de Agatha Raisin. Salamandra trae las dos primeras entregas de este enorme éxito mundial escrito por M. C. Beaton (en realidad, la escocesa Marion Chesney, fallecida en 2019). Literatura de evasión para tiempos difíciles. Conocemos a la protagonista en Agatha Raisin y la quiche letal (traducción de Vicente Campos): una mujer que ya ha pasado de los 50 y muy particular. Alguien podría decir que no tiene escrúpulos, y estaría en lo cierto. Cuando se retira a un pueblo de los Costwolds choca con la realidad de un pueblo que no tiene nada que ver con la idea que se ha hecho la urbanita. Choca con eso y con un muerto, envenenado tras probar su quiche. ¿Lo resolverá? ¿Conseguirá probar su inocencia? Ya se pueden imaginar la respuesta. Pero aquellos que busquen algo amable, tipo El club del crimen de los jueves, que lo lean y que no me digan que no quieren ir a por el segundo, Agatha Raisin y el veterinario cruel.

La antología

Villanos victorianos, edición de Michael Sims (Siruela, traducción de Raquel García). Si antes hablábamos de sus descubrimientos en country noir, pasemos ahora a la colección de clásicos que, con rigor y sin descanso, está publicando Siruela. En este caso, una antología de malos muy malos, pero divertidos, realizada por uno de los mayores expertos de Estados Unidos y en la que ha colaborado otro gran experto, mi querido Otto Penzler. Sims propone una lectura evasiva por dos vías: ir a un mundo sin televisores, teléfonos móviles o aviones y pasar un buen rato con relatos de calidad. “Mi intención ha sido, en todo momento, que se lea como una excursión festiva al pasado”, asegura en el prólogo. Ah, y si les gusta pásense luego por Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policiaca, mismo antologista y misma editorial.

De mujeres maltratadas y monstruos

Estás muerta, nada puede dañarte, Nicola Maye Goldberg (RBA, traducción de Juan Pascual Martínez). En esta novela que tanto me recuerda, por el tratamiento de la víctima, a Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka, sabemos desde las primeras páginas que Sara ha sido degollada por su novio. Lo que hace Goldberg es acercarnos a la figura de la víctima a través del efecto que su muerte ha producido en otras vidas (su hermana, su padre, una periodista que se obsesiona con el caso, un amigo del asesino, etcétera). La construcción del libro, en forma de pequeños relatos que terminan como a la mitad —puro estilo Carver, al que le emparenta también su retrato de la insatisfacción contemporánea—, ayuda a tener una perspectiva completa del crimen desde varios puntos de vista. Me encanta el acercamiento que hay al miedo de las mujeres asediadas por el monstruo machista. Y todo ello apoyado en una estructura de policial construida con eficacia.

El sótano de Oxford, Cara Hunter (Duomo, traducción de Begoña Prat). Y hablando de novelas de verano, aquí traemos una en la tradición que últimamente frecuentan con habilidad autoras como Ruth Ware. A saber: estructura impecable y un mecanismo en el que la sorpresa lo es todo. Lo que ocurre es que aquí tenemos todo eso y, también, al inspector Adam Fawley, complejo y bien construido, que pide a gritos una serie. Y estamos en Thames Valley. Tiene todos los ingredientes del buen policial y cumple con su cometido.

Los incidentes, Philippe Dijan (Fulgencio Pimentel, traducción de Regina López). Leí esta novela hace meses y aún al recordarla perdura la extraña sensación que me dejó. En Francia se vendió como un “thriller existencialista”, que vayan ustedes a saber qué significa. El protagonista es un profesor de literatura de 50 años, un cínico que no sé, según empiezo, si me va a atrapar. Pero luego paso páginas y páginas, intrigado por sus conquistas, fascinado por la oscura relación con su hermana, divertido con la descripción del ambiente literario de la universidad, los ataques, las miserias del pequeño intelectual. ¿Y el crimen? Pues de la peor calaña, contra las mujeres que conquista. Pero no es lo que se piensan. O igual sí. Para los que quieran leer algo distinto, obsesivo.

Frank Costello, gran protagonista en la sombra de 'El lamento del mafioso', rodeado de fans a la salida del centro penitenciario de Rikers en 1957.
Frank Costello, gran protagonista en la sombra de 'El lamento del mafioso', rodeado de fans a la salida del centro penitenciario de Rikers en 1957.New York Daily News Archive / NY Daily News via Getty Images

Dos grandes apuestas en el tiempo

El lamento del mafioso, Ray Celestin (Alianza, traducción de Mariano Antolín). Tercera entrega de uno de los empeños más admirables en el género en los últimos años, Celestin nos lleva en esta ocasión a la Nueva York de 1947. Como ocurría en la primera en Nueva Orleans y en la segunda en Chicago, mafia, música y crímenes se mezclaban con un conocimiento apabullante de la historia y de la ciudad y su tiempo para dar como resultado novelas brutales, excesivas, iluminadoras, necesarias. Si les apetece un híbrido criminal-histórico, no buscaría más.

El mal del Corcira, Lorenzo Silva (Destino). Finalista del Dashiell Hammett de la Semana Negra en una de las mejores ediciones que se recuerdan, Silva demuestra en la duodécima entrega de la serie de Bevilacqua y Chamorro que sigue siendo uno de los autores de negra en español más en forma. Con el cuidado impecable que tiene siempre para el procedimental, en esta ocasión el autor de El alquimista impaciente nos lleva a un crimen que no se puede resolver si no se entiende el pasado, el conflicto con ETA, el enfrentamiento de un pueblo, como Corfú, o mejor dicho Corcira.

Unos clásicos para terminar

Ha sido un año de aniversarios, cuál no lo es. A principios de año se conmemoró el centenario del nacimiento del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt, del que tanto Tusquets como Periferia han tenido a bien ir recuperando obras. Lean, sobre todo, La promesa, que tiene en su breve extensión todas las preocupaciones morales de este gran dramaturgo y maestro de la literatura negra del que quizás no se hable lo suficiente.

Leonardo Sciascia, en su casa en Sicilia en 1988.
Leonardo Sciascia, en su casa en Sicilia en 1988.Sophie Bassouls / Sygma via Getty Images

El otro aniversario es el de Leonardo Sciascia del que Tusquets ha relanzado el clásico Todo modo (con traducción de Joaquín Jordá) acompañado de A cada cual lo suyo. Es este un libro sobre un asesinato y una investigación en un pueblo de Sicilia. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Pero el estudio de los personajes, de las fuerzas que tiran en dirección contraria a la justicia y de la connivencia de los de siempre con la mafia vuelven a dar un vuelo especial a esta novela de Sciascia, siempre tan en forma.

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