Música

María Grever, niña prodigio de la música, compositora universal y ‘Madona de la canción’

Los artistas más famosos del mundo han versionado algunas de las más de 800 canciones compuestas por la polifacética mexicana

Foto de la compositora María Grever tomada de Paramount Pictures o 20th-Century Fox Studios para quienes trabajó desde 1920 hasta su muerte en 1951.
Foto de la compositora María Grever tomada de Paramount Pictures o 20th-Century Fox Studios para quienes trabajó desde 1920 hasta su muerte en 1951.

María Grever explotó a lo largo de su vida todas las facetas que permite la música. A los nueve años destacó en su primera composición musical en el colegio y, desde ese momento, gracias a su talento y también a las posibilidades económicas de su padre, su formación se centró en la música tras recibir clases del maestro Claude Debussy y Franz Léhar en Francia. Años más tarde, la inestable situación política de México la obligó a viajar a Estados Unidos, donde se convirtió en una figura de fama internacional: fue cantante, compositora tanto de canciones populares y boleros como de música de fondo para películas, directora de orquesta, empresaria y hasta representante de artistas.

Grever rompió las reglas impuestas y se hizo un hueco en la historia de la música en un campo que hasta ese momento era exclusivo para los hombres. Gracias a su prolífico trabajo como compositora, los artistas más famosos a nivel internacional versionaron sus canciones y las situaron en los primeros puestos de la listas de éxitos durante largas temporadas.

Sin embargo, la vida personal de la compositora mexicana no fue siempre fácil y exitosa: su primera hija falleció a los seis meses y estuvo decidida a dejar la música. Años después, en Estados Unidos, cuanto más famosa era también más pobre, y debió hacer de todo para mantener a su familia, desde bordar pañuelos hasta acabar por vender su piano…

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El resto de su vida lo pasó a caballo entre Estados Unidos y México, donde siempre fue recibida como una diva de la música que situó a su país y su música en el mundo. Aunque falleció en Nueva York, su última voluntad de que sus restos mortales reposan para siempre en Ciudad de México también se cumplió.

María Joaquina de la Portilla Torres, su verdadero nombre, nació en la ciudad mexicana de León el 14 de septiembre de 1885. Su padre, Francisco, era un exitoso comerciante andaluz, y su madre, Julia, mexicana de ascendencia española. Tres hermanos más componían la familia numerosa, cuya primera vivienda fue la hacienda de San Juan de los Otates, propiedad de su abuelo materno, el español Gerónimo Torres.

Los negocios del padre trasladaron a toda la familia a España cuando María tenía seis años. En Sevilla, y gracias a los éxitos comerciales del cabeza de familia, los cuatro hermanos recibieron una cuidada educación que incluyó profesores particulares de inglés, francés, piano y canto.

Gracias a esta estricta formación, la pequeña María Grever pronto sobresalió en el ámbito musical. Su primera composición conocida la realizó cuanto tenía nueve años. Era un simple villancico realizado como tarea escolar, pero que fue interpretado en las fiestas navideñas de su colegio, el Sagrado Corazón, en diciembre de 1894. Una placa con la inscripción “A María Joaquina de la Portilla, niña prodigio”, recuerda su paso por las aulas sevillanas.

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Sus progresos en la música eran reconocidos por todos, así que su padre hizo caso de los consejos y decidió invertir en el talento de su hija poniendo a su disposición a los mejores maestros de piano y canto de la época, primero en Sevilla, luego en Madrid y, por último, en Europa. Una vez más, los posibles de don Francisco permitieron a María viajar a París y recibir clases del compositor más importante de Francia en aquel momento, Claude Debussy.

María Grever también fue discípula, más tarde, del compositor austriaco Franz Lehár, de quien siempre reconoció su influencia y se mostró agradecida por “aconsejarme que no me sujetara a la técnica musical, que fuera espontánea y sincera. Y toda mi música tiene ese sello, la sentía y la escribía casi sin pensar y en gran parte se lo debo a Lehár”.

En 1900 regresó a México y continuó sus estudios musicales en la escuela de solfeo que dirigía su tía Cuca Torres. A los 18 años María publicó su primera canción, A una ola, de la que vendió millones de copias y fue versionada después por numerosos artistas. Ella siguió estudiando música, perfeccionando su técnica y también compaginándolo con la facilidad que descubrió para componer.

En 1906, con 21 años, conoció en Ciudad de México a León Augusto Grever, un ejecutivo de una compañía petrolera estadounidense con el que se casó un año después. De él tomó el apellido para pasar a la posteridad como María Grever. Los primeros años de felicidad y éxitos dieron paso a momentos difíciles y dolorosos, tomando la decisión de trasladarse a Estados Unidos: por un lado, los disturbios originados por la Revolución mexicana, y por otro, y el fundamental, la muerte de su primera hija a los seis meses de nacer.

María confesó tiempo después que estuvo decidida a dejar la música y que lo hizo durante unos meses, pero al final se dio cuenta de que era en lo único en lo que podía refugiarse. En los famosos años 20 grabó dos discos como cantante y comenzó a trabajar también como compositora de música de fondo de películas para los estudios Paramount Pictures y 20th Century Fox.

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Su segundo regreso a México se produjo en 1929, cuando tenía 44 años. María Grever, apodada ya la Madona de la canción, fue recibida a su llegada como una diva a la que reconocían como la artista mexicana más internacional. Sin embargo, tiempo después reconoció que cuanto más famosa era en Estados Unidos también más pobre, porque los derechos de autor de sus canciones no le daban para vivir y tuvo que dedicarse a coser pañuelos y hasta vendió su piano para poder hacer frente a los gastos.

La mala racha, sin embargo, pasó, y a su regreso a Estados Unidos el éxito ya fue incuestionable y continuo. Grever empezó a darse cuenta de la facilidad que tenía para componer y comenzó a interesarse por el jazz y los ritmos modernos que surgían en Estados Unidos, pero con el objetivo de dar a conocer la música mexicana al pueblo estadounidense.

El primer éxito internacional de María Grever fue Júrame, una habanera-bolero interpretada de manera magistral por el tenor José Mojica. La canción se convirtió en uno de sus éxitos más reconocidos en la música universal desde su estreno y fue interpretada por artistas de la talla de Nelson Ned, Plácido Domingo, Hugo Avendaño, Luis Miguel y Libertad Lamarque.

Siguieron otros éxitos, como Volveré, Te quiero, dijiste, escrito para la película de Esther Williams de 1944 Bathing Beauty, así como Cuando vuelva a tu lado, con la que ganó un Grammy en 1959 cantada por la leyenda del jazz Dinah Washington.

El 11 de febrero de 1938, Grever grabó Tipitipitin, un vals sobre la serenata a los seres queridos que se convirtió en otro de sus mayores éxitos.

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Artistas de distintos estilos y nacionalidades han interpretado las canciones de María Grever. Además de los ya mencionados, otros cantantes de fama mundial que han versionado sus canciones han sido Enrico Caruso, Ray Conniff, Bobby Darin, Nicolás Urcelay, Andy Russell, Dean Martin, Aretha Franklin, Rod Stewart, Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Néstor Mesta Chayres, Barry Manilow, Natalie Cole, Gloria Estefan y Amy Winehouse.

A lo largo de su vida María compuso la letra y la música de más de 800 canciones que fueron grabadas en inglés y español. Muchas de ellas se convirtieron en éxitos internacionales en América y en Europa al acaparar los primeros puestos de las listas en las radios musicales.

En 1949 regresó por última vez a México y recibió todo tipo de homenajes: le fueron entregadas las Llaves de la Ciudad de México, la Medalla al Mérito Cívico y la Medalla del Corazón de México. Aprovechó ese viaje para trabajar como presentadora en la cadena de televisión XEW, participar en programas de radio contando anécdotas de su vida y escribir un libro autobiográfico antes de regresar a Nueva York.

Junto a la cubana María Teresa Vera y a su compatriota Consuelo Velázquez formaron el triunvirato de mujeres compositoras que destacaron en el mundo del bolero a nivel internacional.

María Grever falleció en Nueva York el 15 de diciembre de 1951 a los 66 años. Sus restos mortales descansan en el Panteón Español del cementerio de Ciudad de México, última voluntad de la artista.

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Dos años después de su muerte, en 1953, Tito Davison realizó la película biográfica Cuando me vaya, melodrama sobre la vida y obra de María Grever protagonizada por Libertad Lamarque. En su ciudad natal en Guanajuato, León, hay una estatua en homenaje a la compositora y también un teatro tiene su nombre.

María Grever fue una persona culta que siempre llevó a México en el corazón. Sus letras y sus músicas capturan el alma de quienes escuchan sus canciones porque la armonía fue una virtud añadida a su gran talento.



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