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Pensar la pandemia

Varios ensayos de pensadores como Ivan Krastev, Daniel Innerarity o Slavoj Zizek analizan el futuro de un mundo que ya no volverá a ser el mismo tras la crisis del coronavirus

Una mujer recibe un abrazo a través de una pantalla de plástico en una residencia de Barcelona. 
Una mujer recibe un abrazo a través de una pantalla de plástico en una residencia de Barcelona.  AP

La observación la recoge el politólogo Ivan Krastev en ¿Ya es mañana? y es del historiador económico británico Adam Tooze: “Jamás se había producido antes un aterrizaje forzoso como este. Hay algo nuevo bajo el sol. Y es aterrador”. Se refiere a la crisis desencadenada por un minúsculo agente, el coronavirus, que ha metido en todo el mundo a millones de personas en sus casas durante una larga temporada y ha producido un espectacular parón en la economía. Esto es lo que hay, algo aterrador, y distintos intelectuales se han puesto a pensar en lo que está pasando.

Los ensayos que se han ocupado del asunto levantan, antes que nada, una suerte de topografía del momento actual: frente al caos de tantos hospitales desbordados y los muertos por la covid-19 y la ristra de miedos que la caída de la actividad económica ha reforzado, lo que toca en primer término es describir lo que ocurre. Los Estados nacionales se han reforzado frente a la última y vertiginosa globalización. Se impusieron severas restricciones a las libertades individuales para frenar los contagios. El teletrabajo fue la salida que encontraron algunas actividades para seguir vivas. La respuesta global a un problema global puede servir de aprendizaje para la batalla contra el cambio climático. La voz de los expertos, y de la ciencia, recobró prestigio frente al desprecio con el que suele ser tratada por los populistas. Si pudiera decirse así, el mundo cerró las puertas, y eso produjo chirridos en el espacio geopolítico, con una China que, fortalecida inicialmente, amagó con pisar más fuerte, y con unas democracias resentidas ante la urgencia de gestionar un escenario anómalo con unas herramientas que no estaban preparadas adecuadamente. La orden, observa Slavoj Zizek, fue la de “no tocarse” cuando estamos hechos para el contacto; Daniel Innerarity señala que la pandemia nos pilló desprevenidos —“Quisimos hacer inteligible la crisis con categorías inadecuadas”—; Iñaki Rivera recoge una advertencia reciente del filósofo Giorgio Agamben sobre la creciente tendencia de las democracias liberales “a utilizar el estado de excepción como paradigma del gobierno normal” para averiguar cómo pueden verse resentidos nuestros derechos. Cambio radical en las formas de relación interpersonal, fuerte incremento de la inestabilidad emocional, mayor despliegue de los tentáculos de control de los aparatos del Estado. Otra realidad: la covid-19 “cambiará nuestro mundo de manera profunda”, dice Krastev.

La voz de los expertos, y de la ciencia, recobró prestigio frente al desprecio con el que suele ser tratada por los populistas

Su libro es el que apunta con mayor precisión a un área y el que evita con mayor tino discurrir por el filo de las grandes soluciones: Krastev reflexiona sobre lo que puede ocurrir con la Unión Europea y subraya que se está jugando su futuro. La imaginación de las élites políticas no ha estado a la altura, los distintos Gobiernos se han copiado unos a otros la respuesta más prudente y conservadora (el confinamiento) y no terminan de ver lo que puede venirse encima: el hambre podría duplicarse en 2021 y alcanzar a 265 millones de personas. Krastev resume su lectura de la crisis en siete paradojas. “Si bien la Unión Europea ha estado notablemente ausente durante la primera etapa de la crisis”, comenta en una de ellas, “la pandemia puede llegar a ser más decisiva para el futuro de la comunidad que cualquier otro suceso de su historia”. Lo que advierte también, por desgracia, es que durante esta crisis “la idea de una Europa común ha desaparecido”. Igual ocurre lo que les pasaba a los habitantes del Sacro Imperio Romano Germánico: vivían en el interior del territorio del imperio, pero “ni siquiera eran conscientes de que aún formaban parte de él”.

Daniel Innerarity utiliza en su trabajo la primera persona del plural. El nosotros desde el que habla es el de, pongamos España, una sociedad democrática y con un aceptable Estado de bienestar, el de uno de esos países que está en el “grupo de los buenos”. Habla de complejidad y de la necesidad de aprender. Defiende los mecanismos institucionales frente a las señales apocalípticas. El tono es el de charlar alrededor de una mesa camilla: próximo, sin estridencias. Las sociedades actuales son extremadamente complejas y frente a muchos de los retos globales las respuestas proceden de instituciones locales, con lo que la distorsión está servida y la vulnerabilidad es creciente. El tono de Innerarity es el de quien escribe al hilo de lo que está pasando. Como sabe que los balances son provisionales —“Lo único que tengo claro es que quienes menos van a aprender son quienes se dedican a dar lecciones”—, su afán es el de dar cuenta del complicado universo al que la pandemia ha empujado al mundo y de prevenir contra ese permanente afán de moralizar los problemas. “La vuelta al Estado es ilusoria y momentánea”, escribe.

Por lo que toca a Zizek, en su propuesta hay como siempre mucho de espectáculo. Tiene la habilidad de contar anécdotas y chistes, trufa su texto de referencias eruditas y guiños al mainstream cultural —apunta a alguna series de televisión—, es el amigote que por fin va a decir las cosas claras: “Hace falta una plena solidaridad incondicional y una respuesta coordinada a nivel global, una nueva forma de lo que antaño se llamó comunismo”. La crisis es, así, una oportunidad para ponerse la pilas y cambiarlo todo, por ahí van los tiros. El entusiasmo de Zizek, sin embargo, va decayendo y llega un punto en el que confiesa que no está apuntando a ningún futuro luminoso, sino más bien a “un ‘comunismo del desastre’ como antídoto al ‘capitalismo del desastre”. No concreta mucho sobre los procedimientos para implantar ese modelo, ni sobre las características del mismo —salvo celebrar que, gracias a la pandemia, cada vez ha habido más intervención del Estado—, con lo que se descubre al cabo que la gran orquesta que despliega suena simplemente hueca. Como sostiene el título de uno de los capítulos del libro, su fórmula está clara: “¡Comunismo o barbarie, así de simple!”.

Igual no lo es tanto. El volumen que coordina Rivera, y que reúne trabajos que proceden de España, Italia, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Venezuela, está centrado en los efectos que puede tener la irrupción de la covid-19 en terrenos como los derechos humanos, el sistema penal, las formas de control social. Uno de los asuntos centrales de esta crisis tiene que ver con “la paulatina aceptación de la vigilancia intrusiva en nuestras vidas futuras”. Hay algo que no ha dejado de resultar extraño durante estos últimos meses: nos hemos recluido “para ser solidarios”. Y lo que está por ver es hasta qué punto se puede ejercitar esa solidaridad desde la lejanía. Lo que ya está ocurriendo es que empezamos a habitar, como en el Sacro Imperio, un mundo que ya no es el nuestro. Y eso seguirá dando que hablar.

BUSCA ONLINE ‘¿YA ES MAÑANA? CÓMO LA PANDEMIA CAMBIARÁ EL MUNDO’

Autor: Ivan Krastev.

Traducción: Carmen M. Cáceres y Andrés Barba.

Editorial: Debate, 2020.

Formato: tapa dura (112 páginas, 14,90 euros) y e-book (7,99 euros).

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BUSCA ONLINE ‘PANDEMOCRACIA. UNA FILOSOFÍA DE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS’

Autor: Daniel Innerarity.

Prólogo: Meritxell Batet.

Editorial: Galaxia Gutenberg, 2020.

Formato: tapa blanda (152 páginas, 14,90 euros).

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BUSCA ONLINE ‘PANDEMIA. LA COVID ESTREMECE AL MUNDO’

Autor: Slavoj Zizek.

Traducción: Damià Alou.

Editorial: Anagrama, 2020.

Formato: tapa blanda (120 páginas, 9,90 euros).

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BUSCA ONLINE ‘PANDEMIA. DERECHOS HUMANOS, SISTEMA PENAL Y CONTROL SOCIAL’

Varios autores

Coordinador: Iñaki Rivera Beiras.

Editorial: Tirant Lo Blanc, 2020.

Formato: tapa blanda (390 páginas, 23,75 euros).

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