Arqueología

Un restaurante de comida rápida de Pompeya, otro descubrimiento bajo las cenizas de la ciudad

Un equipo de arqueólogos halla un termopolio donde se servían alimentos y bebidas para llevar que puede arrojar pistas sobre los hábitos de consumo de la época

Detalle de la decoración descubierta en un 'termopolio', en el área arqueológica de Pompeya.LUIGI SPINA / EFE | VÍDEO: MiBACT

La inagotable máquina del tiempo de Pompeya nunca se cansa de arrojar atisbos del pasado, que a veces permiten también conocer hasta el sabor de la vida en la antigüedad. Los arqueólogos han descubierto allí un termopolio, un establecimiento donde se servía comida y bebida, que se mantiene prácticamente intacto. La decoración, con frescos de animales pintados con colores tan vivos que parecen tridimensionales, se preserva casi inalterada y se han encontrado además restos de alimentos que se han conservado a lo largo de los siglos en el mismo lugar que estaban cuando el Vesubio entró en erupción y el calendario se detuvo a los pies del imponente volcán.

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Este nuevo testimonio de la vida cotidiana que quedó atrapado durante cerca de dos milenios debajo de toneladas de piedras, barro y lava se trata de otro de los extraordinarios tesoros que están arrojando las excavaciones en los últimos años. En este periodo el parque arqueológico ha entrado en una segunda vida, con un impulso renovado, sobre todo en el mantenimiento y restauración del área de la Regio V, después de un tiempo de abandono.

El termopolio, algo similar a un establecimiento equiparable a los puestos de comida callejera de hoy en día, era el lugar en el que se servía comida a las clases más bajas de la ciudad, como explican los arqueólogos. Los envases encontrados con restos de alimentos apuntan al origen de la gastronomía “para llevar”. Se sabe que los pompeyanos tenían por costumbre disfrutar de la comida al aire libre, alentados por el clima del apacible golfo de Nápoles. En los termopolios, como indica su nombre de origen griego, se podía comer y beber sustento caliente que se conservaba en grandes recipientes denominados dolia, que estaban incrustados en un mostrador de mampostería. Eran muy habituales en el mundo romano, solo en Pompeya hay unos 80 establecimientos de este tipo, pero ninguno tiene la barra completamente pintada como este, lo que confirma la excepcionalidad del hallazgo. El mostrador, conservado por las cenizas volcánicas, había sido parcialmente desenterrado en 2019, pero los trabajos se extendieron para intentar preservar todo el lugar lo mejor posible.

Los expertos ya están estudiando, con técnicas interdisciplinarias, el nuevo material para comprobar de qué modo este descubrimiento puede ampliar el conocimiento sobre la dieta y los hábitos de consumo de la época romana. “Además de ser un testimonio más de la vida cotidiana en Pompeya, las posibilidades de análisis de este termopolio son excepcionales, pues por primera vez se ha excavado todo un entorno con metodologías y tecnologías de vanguardia que están devolviendo datos inéditos”, ha explicado Massimo Osanna, director general del Parque Arqueológico de Pompeya.

Cuando comenzaron a excavar, con lo que primero se toparon los arqueólogos fue con las decoraciones del mostrador del termopolio: la imagen de una nereida (ninfa) a caballo en un entorno marino, además de otros animales, como un gallo, o un pato, de colores brillantes. También encontraron una ilustración similar a un letrero comercial de la tienda y diferentes objetos de despensa y de transporte: nueve ánforas, un recipiente en bronce, dos frascos y una olla de cerámica.

Los primeros análisis en el laboratorio confirman que las pinturas del mostrador representan, al menos en parte, los alimentos y bebidas que realmente se vendían en el termopolio. De hecho, se han encontrado fragmentos de hueso de pato dentro de uno de los recipientes, junto con restos de cerdo, cabrito, pescado y caracoles de tierra, lo que atestigua la gran variedad de productos de origen animal que se utilizaban en la época para la elaboración de los platos. Además, en el fondo de una botella han aparecido habas molidas, que según los estudiosos, se utilizaban para modificar el sabor y blanquear el color del vino. En uno de estos dibujos, el de un perro, se aprecia una inscripción que define el humor escatológico de la época: “Nicia cinaede cacator” (Nicia es un cagón maricón), probablemente un insulto al dueño del negocio.

Otro dato interesante es que en la misma sala, detrás del mostrador, se han descubierto también huesos humanos de víctimas de la violenta erupción. En este caso, a diferencia de la gran cantidad de cuerpos perfectamente conservados que han emergido a lo largo de los siglos, los restos están gravemente dañados por el paso de excavadores clandestinos que durante el siglo XVII expoliaron el yacimiento en busca de objetos de valor. Los expertos creen que los huesos pertenecen a un individuo de unos 50 años que estaba tumbado, probablemente en una cama, cuando llegó la terrible colada piroclástica que arrasó la ciudad. También se han encontrado otros huesos, aún por investigar, dentro de un gran recipiente, probablemente colocados allí por los primeros expoliadores.

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