Obituario

Irina Antonova, la gran dama de los museos rusos, muere a los 98 años

Dirigió el Museo Pushkin de Moscú durante más de medio siglo y expuso grandes obras internacionales en pleno aislamiento de los años soviéticos

Irina Antonova, presidenta del Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin, en junio de 2019.
Irina Antonova, presidenta del Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin, en junio de 2019.Mikhail Japaridze / Mikhail Japaridze/TASS

Reconocida experta en arte renacentista, carismática y vibrante, Irina Antonova, conocida por muchos como la gran dama de los museos rusos murió el martes a los 98 años. Antonova, historiadora del Arte, empezó a trabajar en el Museo Estatal Pushkin de Bellas Artes en 1945 y pasó a encabezarlo en 1961, la primera mujer directora de museo en el país. Dirigió la institución durante más de medio siglo, desde las políticas culturales rígidas de la URSS o su derrumbe hasta la actualidad, el mandato más longevo del mundo. Pese a las tensiones y limitaciones de la guerra fría y el corsé del aparato soviético, Antonova, que falleció por complicaciones cardíacas agravadas por el coronavirus, pudo exponer en Moscú importantes tesoros artísticos en pleno aislamiento de la Unión Soviética.

Aprovechando su carisma y contactos en el mundo de los museos europeos, Antonova logró intercambios sensacionales para la época. En 1974, y bajo la condición de que se expusiese tras un cristal a prueba de balas, logró llevar la Mona Lisa de Leonardo da Vinci desde el Museo del Louvre de París al Pushkin. La exposición causó colas kilométricas y hubo muchos ciudadanos soviéticos que esperaron todo el día o toda la noche para ver la obra 15 segundos. Con durísimas limitaciones para viajar, algunos sabían que podía ser su única oportunidad.

Hija de un alto cargo el partido comunista, Antonova usó su posición en el aparato del Estado para dar brío al museo y conseguir cosas que de otra forma habrían sido inimaginables en un país en el que el ‘arte no oficial’ lo tenía extremadamente difícil o era directamente vetado. Resistió incluso a las críticas del líder soviético Nikita Jruschov, que le gritó durante una exhibición de arte modero soviético que su nieto pequeño pintaría mejor algunos de esos cuadros. “Se nos permitió hacer cosas que nunca estaban permitidas en otros lugares”, relató en un documental sobre el centenario del museo.

Cuando organizó en el Pushkin una exposición de obras de Matisse, Leger o Van Gogh recibió duras críticas de expertos, artistas soviéticos y de espectadores. “Inaugurando la muestra me estaba preparando para ser despedido”, contó en una reciente entrevista con Forbes Rusia. “Pero también hubo gente que entendió que el tiempo no se detiene”, dijo.

Enérgica y con una personalidad atrayente, se volvió muy conocida fuera de Rusia, donde dio decenas de conferencias. Se hizo muy amiga de Marc Chagall y del pianista Sviatoslav Richter y las imágenes de su paseo en moto por Moscú con el actor británico Jeremy Irons, cuando Antonova tenía ya 80 años, dieron la vuelta al mundo.

Jeremy Irons, en moto con la directora del Museo Pushkin de Bellas Artes. Irina Antonova.
Jeremy Irons, en moto con la directora del Museo Pushkin de Bellas Artes. Irina Antonova.EFE

En 2013, dejó la dirección del museo y fue nombrada curadora en jefe de los museos estatales de Rusia. Además, el Pushkin creó entonces para ella el cargo de presidenta. Y siguió participando en las actividades del centro, ya convertido en una importante institución. Más amplia y diversa. El complejo del museo, fundado por ricos comerciantes en 1912, era un edificio muy dañado por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y sin calefacción cuando Antonova llegó. Hoy incluye el Museo de colecciones privadas, el museo de arte americano y europeo y un centro de arte para niños.

Tuvo también opiniones controvertidas, como cuando se opuso a la devolución a Alemania de todas las obras de arte que el Ejército soviético se apropió durante la Segunda Guerra Mundial. “Uno no puede invadir un país y destruir las raíces de su cultura como hicieron los alemanes. Ésta es una lección de historia para todo el mundo”, declaró en 2012 a la prensa alemana Antonova, que a menudo recordaba que se formó como enfermera también y trabajó con soldados soviéticos heridos en los hospitales de Moscú. El Pushkin tiene todavía obras reclamadas por Berlín.

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