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La plaga de los flamencos rosas: ¿de dónde viene esta moda ‘kitsch’?

El documental ‘The Mystery of the Pink Flamingo’ ahonda en la supuesta superficialidad del movimiento y en la importancia del ave como su icono

Los flamencos rosas son una plaga cómica, como un juego visual que reza: “Una vez que lo veas, no dejarás de verlo”. Se esparcen disimuladamente entre las tiendas, los souvenirs, el cuadro de la casa de un amigo y los estampados de las camisas. Así lo sintió Javier Polo, y por eso lo plasmó en su documental The Mystery of the Pink Flamingo, estrenado el viernes 20 de noviembre. Como el protagonista de su película, Rigo Pex ―el artista Meneo–, el director se sintió perseguido: “Se convirtió casi en una obsesión. Me empecé a preguntar por qué estaban ahí, de dónde venían, y aparecieron historias fascinantes, personajes variopintos y vi que había un proyecto con muchos mimbres”. Al estudiar su origen descubrió que el icono siempre había estado emparejado con el kitsch, con lo hortera y con la sociedad americana.

El documental fluye entre el debate de lo profundo y lo superficial; del hilo fino entre el mal gusto y la libertad estética. Rigo Pex se encauza en un viaje real ―entre España y EE UU― y simbólico para descubrir qué es este movimiento estético de mal gusto y por qué se encuentra flamencos allá donde mira. Habla con personajes como el director y actor Eduardo Casanova, el artista Antonyo Marest, con la banda Kero Kero Bonito, el director de Pink Flamingos, John Waters, o con la compositora Allee Willis, a la que Polo recuerda con gran cariño. “Creo que es el personaje que mejor representa la película. Por desgracia falleció el año pasado, aunque pudo ver el resultado”, comenta en una llamada de teléfono.

Willis, creadora de I’ll be there for you ―la canción de la serie Friends―, muestra en el filme su casa repleta de objetos curiosos aunque macabros. Explica que el kitsch no puede serlo a propósito: es una mezcla entre algo auténtico, genuino; un fracaso sin intención. “Muchas veces es un error natural, pero como se hace con el corazón, es una parodia tierna”, sostiene Polo.

El kitsch se relaciona desde sus inicios con la cultura popular. Pedro de Llano, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Santiago de Compostela y comisario, explica que el crítico estadounidense Clement Greenberg lo vinculaba a los campesinos alfabetizados que llegaban a las ciudades industriales a principios del siglo XX. “Parece que el origen de la palabra viene del yidis, el idioma de los judíos europeos que emigraban a EE UU”, añade.

Ante el flamenco como símbolo del kitsch, de Llano hace dos suposiciones: “Una tiene que ver con que es una cultura que ha tenido especial arraigo en zonas de vacaciones en las que los colores rosados son el telón de fondo. También hay un hotel que se llama Flamingo Las Vegas, uno de los más tradicionales”. Ricard Ramon, Profesor en el Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal en la Universidad de Valencia, secunda esta idea: “Está asociado a la arquitectura. No es igual la incidencia en EE UU y en España”.

Ramon, licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes, recomienda por teléfono un libro en cuya portada aparecen dos flamencos, Introducing Aesthetics and the Philosophy of Art de Darren Hudson Hick. “Es un texto recurrente en el ámbito de la estética que introduce esta figura casi mitológica de lo que es el kitsch. Sobre todo, por la utilización de materiales baratos y por su uso popular”. Según analiza, antes era casi un sustituto estético en las casas humildes, “pero ha ido a más y se ha integrado dentro de la alta cultura”.

El flamenco rosa, represente a las élites o a folclore, para Javier Polo, provoca: “Hay objetos que te hacen feliz solo de mirarlos”. El director compara EE UU con España y deduce que al otro lado del charco y tras la Segunda Guerra Mundial, la extensión progresiva de este símbolo estaba vinculada a las vacaciones. Se compraban los souvenirs en lugares como Florida y los traían para decorar las casas. El director lo percibe como una dualidad estética y compleja que continúa en tiendas como Ikea o Tiger.

The Mystery of the Pink Flamingo, coproducción de los Hermanos Polo Guillermo Polo es director de fotografía–, se ha estrenado en los cines Yelmo, se verá en el Festival Rizoma y en los Renoir el 26 de noviembre. Ya ha recibido tres premios de la Academia Valenciana del Audiovisual y próximamente estará en Barcelona y en otras localidades que anunciarán en su cuenta de Instagram. El director explica que harán una espacie de “Flamingo World Tour”: “Queremos hacer ruido para que se acerquen. Además porque, si este año tuviera que ser un color de la paleta sería gris, y de un plumazo lo queremos quitar. Obtendrán diversión, locura y, por un momento, se olvidará de lo que está pasando fuera”.

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