entrevista

Agustín Díaz Yanes: “Nuestra generación tenía la sensación de que todo era ya invulnerable”

El cineasta pasa la pandemia rodeado de los suyos y escribiendo. ”Nos pasa a los que ya somos mayores que te acostumbras rápido a las cosas y a las cosas duras”, asegura

El director de cine Agustín Díaz Yanes, la semana pasada en su casa de Madrid.
El director de cine Agustín Díaz Yanes, la semana pasada en su casa de Madrid.Andrea Comas

Esta terraza en la que ha pasado tanto tiempo durante la pandemia el cineasta Agustín Díaz Yanes (Madrid, 70 años), bajo el frío o el sol, parece también un jardín de infancia, pues por aquí están, dispersos, los vestigios que dejan los nietos cuando visitan a los abuelos. Pero también está la huella de un hombre que se ha pasado este tiempo pensando más en los dolores de la historia, pasada o reciente, que en la manera de contar imágenes que han aterrado al mundo entero. Él está (también durante la entrevista) con su mascarilla blanca, sentado en una esquina de la mesa grande, sus ojos con las huellas del tiempo, aunque esa mirada le acompaña así desde que era juvenil y también ojeroso. Como había en la casa el rumor reciente de un niño le preguntamos por la postal de su propia infancia. “Uf”, empieza diciendo, “tiempo fastidiado para una postal… Mi postal ahora ha sido una en la que están mi mujer, mi hijo, mi nieto, sobre todo, que son los que me han animado más. ¡Y está mi terraza!”

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Pregunta. Usted está acostumbrado a mirar para hacer imágenes de lo que ve… ¿Qué le anda diciendo este tiempo?

Respuesta. Que tenía que acomodarme y seguir adelante, que no es fácil. Me acomodé, porque me encargaron cosas para escribir y eso ocupó mi cabeza. ¿Imágenes? Me daba un poco de reparo la soledad de las calles, no las he visto como algo muy bonito. Me daba un poco de pánico, de agorafobia… Pero me acostumbré. Nos pasa a los que ya somos mayores que te acostumbras rápido a las cosas y a las cosas duras. Y como muy aficionado al estudio de la Segunda Guerra Mundial y a la guerra civil nuestra, pensaba que esto era muy malo, pero que ha habido cosas peores. Así he ido tirando, sin dedicarme mucho a la imagen, sino a la escritura.

P. ¿La metáfora de una guerra?

R. Las guerras son distintas. La Segunda Guerra Mundial, como nuestra guerra civil, fue tan brutal no tiene comparación con lo que está ocurriendo. Nuestra generación tenía la sensación de que todo era ya un poco invulnerable, de que todo iba mejorando, y que no iban a ocurrir cosas como las que pasan. La ciencia, en la que todos teníamos enorme confianza, ha tardado, y eso era natural, y esta circunstancia cambia mucho la forma de ver el mundo. Pensé que el mundo anglosajón, en el que me eduqué, estaba un poco por encima de los demás en este campo, pero en la pandemia los que han estado por encima han sido los asiáticos, y eso cambia tu mentalidad… La cuestión es resistir, ver cómo salir adelante. La verdad es que la crisis económica no azota tanto como se pensaba, y los jóvenes pueden seguir viviendo… Siempre pienso mucho en los jóvenes. Si a nosotros, a los veintitrés años, cuando vivíamos bajo Franco, que también fue una buena pandemia, nos dicen que debíamos ir con mascarilla y sin relacionarnos ¡Imagínate cómo hubieran sido nuestras vidas!

“No sé si el mundo va a cambiar tanto como se dice”

P. Esto ha sido como una goma de borrar inmensa. ¿Le vienen a la cabeza cosas que ya ha borrado la pandemia?

R. No sé si el mundo va a cambiar tanto como se dice. Tampoco creo que hayamos aprendido mucho. Del futuro nadie sabe nada. A mi edad pienso más en cómo será la vida para mi nieto, que tiene tres años y medio… Hasta tengo un guion de ciencia ficción sobre ese porvenir. Espero que el futuro sea bueno. Me asusté el día de las elecciones norteamericanas. ¡Iba a ganar Trump! Pensé que sería la catástrofe mundial. Todos los libros que he leído en mi vida son sobre cómo iba a ser el mundo futuro no han acertado casi nunca. Si no hubiera sido por la capacidad de olvido enorme que tiene la humanidad no hubiéramos sobrevivido a tantas miserias. En la Segunda Guerra Mundial murieron casi cincuenta millones de personas, y se olvidó en parte porque había que seguir adelante.

P. ¿En esa época en que ya murió Franco y empezó otra historia fuimos tan felices?

R. Éramos jóvenes, piensas el mundo de otra forma; no fueron tiempos fáciles, pero fuimos lo suficientemente felices… Nada de lo que ocurrió bajo el franquismo fue bueno. Historiadores como Álvarez Junco, Santos Juliá, Julián Casanova, Juan Avilés o Paul Preston han dado ya una visión canónica de lo que fue el franquismo. Fue una cosa espantosa vivir en un mundo sin libertades donde fusilaban a la gente por cualquier cosa. Por mucho desarrollo económico que hubiera no hubo nada bueno. No estoy dispuesto a discutir con los revisionistas.

P. Pues por las calles y en el Parlamento hacen burla de los vencidos. ¿Este clima de ahora precede a la maldad?

R. Lo que veo es una estupidez total en los debates políticos e históricos. En España y en todo el mundo, aunque aquí parezca más exacerbado. ¡Ignoran quién era Largo Caballero, y destruyen su recuerdo! Es un poco ridículo seguir con dos memorias históricas enfrentadas. No puedo obligar a nadie a que sea fervoroso discípulo de Largo Caballero o de Indalecio Prieto, pero por lo menos que no dañe la historia… Mira: yo milité en el PCE en tiempo de Franco, así que no soy sospechoso de ser de la cuerda de Martín Villa, pero este llegó a ser amigo de Carrillo o de Camacho. ¿Les voy a reprochar esa amistad? Como ocurre con Semprún: ¡para ponerlo en evidencia dicen que lo pasó bien en Buchenwald!. El clima ahora es falsamente guerracivilista, porque no hay armas. Pero hay un tono tan brutal como innecesario, porque ni la sociedad está tan dividida ni es tan terrible el panorama. Pero si van ahondando podemos llegar a lo que ha pasado en Estados Unidos, que hay unas elecciones y, de repente, el perdedor no reconoce que las ha perdido. Eso es el principio del fin. Es mejor que la gente baje el diapasón.

P. Estuvo en un proyecto de serie sobre Jorge Semprún.

R. No ha salido adelante, al menos aún no ha salido adelante. Semprún se merece una gran serie o una gran película. Creo que es uno de los grandes personajes que hay en la historia de España. Alguien que estuvo catorce o quince años de jefe de la clandestinidad contra Franco, que de joven estuvo contra el nazismo, que lo torturó la Gestapo, que estuvo en un campo de concentración… Un personaje extraordinario, conocidísimo en el París literario y cinematográfico más importante… Tengo todos sus libros, siempre me ha impresionado mucho. ¡Que escriba alguien la serie, que se haga, porque es uno de los grandes personajes del siglo XX español!

“Hay que tener mucho valor para quitarle una estatua a Prieto”

P. Un personaje que si tuviera una calle se la estarían quitando.

R. También. El desconocimiento imbécil de los españoles. Hay que tener mucho valor para quitarle una estatua a Prieto. Y a Caballero. Y, desde luego, Semprún tendría que tener una calle en Madrid, a ser posible donde vivió clandestinamente.

P. Usted llevó al cine el Alatriste de Pérez-Reverte, hizo Sin noticias de Dios, Solo quiero caminar, Al límite, A solas contigo, y hace ahora veinticinco años dirigió a Victoria Abril en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto… Este título ronda ahora como una metáfora de lo que la pandemia arroja cada día a la historia de las estadísticas.

R. Puede ser… Un título muy largo. ¡Cuando se lo decía a un productor me quería matar! He conocido mucha gente como los protagonistas, anónimos pero extraordinarios. Poco a poco me fue surgiendo, porque es complicado de escribir. Ahora mismo es un buen título. Me gusta.

P. Refleja también el tiempo de muros que estamos viviendo.

R. Demasiados muros. Es un tiempo complicado. Pero, mira, ahí está el sol, en la terraza.

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