LIBROS

El último pasadizo secreto de Carlos Ruiz Zafón

Los 11 cuentos de ‘La ciudad de vapor’, libro póstumo que hoy llega a librerías, bucean en personajes y escenarios de la tetralogía ‘El cementerio de los libros olvidados’. La tirada es de 150.000 ejemplares

El escritor Carlos Ruiz Zafón, en 2008.
El escritor Carlos Ruiz Zafón, en 2008.Carles Ribas

Meticuloso y cartesiano como pocos escritores, Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964-Los Ángeles, EE UU, 2020) tenía en la cabeza bien tramados todos los personajes y las acciones que habían de conformar su exitosa tetralogía El cementerio de los libros olvidados (unos 40 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, de los cuales unos 10 millones en España y América Latina). Aunque el autor falleciera el pasado 19 de junio en Los Ángeles, aún es posible descubrir algún pasadizo secreto más que une subterráneamente aquellos libros o aspectos ignotos de algunos de los imborrables protagonistas que los pueblan gracias a La ciudad del vapor (Planeta), volumen que recoge 11 relatos del escritor barcelonés, que completan su mundo imaginario y que hoy llega a las librerías (miércoles, en catalán), convirtiéndose así en un homenaje póstumo. Tres de los cuentos son rigurosamente inéditos, mientras un cuarto es el microrrelato Apocalipsis en dos minutos, aparecido en inglés en vasos y bolsas de Chipotle, popular cadena de restaurantes mexicanos de EE UU.

Los seguidores de Ruiz Zafón no se sentirán defraudados con La ciudad del vapor, del que se ha realizado una tirada inicial de 150.000 ejemplares y del que se ultiman ya traducciones a 14 idiomas. El escritor barcelonés, que ya tenía previsto recopilar en un solo volumen su narrativa corta, en buena parte dispersa, sazona sus relatos con personajes o ecos que reverberan de su famosa producción, todo envuelto mayormente con el “manto fantasmal del vapor”, como escribe en uno de ellos. La asidua presencia de esa palabra casi fetiche en el escritor (que marca La sombra del viento) y la atmósfera de “niebla y susurros” que comporta impregna la escenografía de los cuentos y justifican el título de un volumen compuesto mayormente por textos o bien aparecidos en prensa o publicados en ediciones de libros no venales entre 2002 y 2012.

El volumen arranca con los tres relatos inéditos. El primero marca forma y fondo del resto de historias. Se trata de Blanca y el adiós, un primerizo recuerdo de la infancia desdichada de un escritor, David Martín, que descubre a tierna edad, en paralelo, el amor imposible y su vocación de narrador de historias malviviendo en las húmedas callejuelas del barcelonés barrio de La Ribera de principios del siglo XX. El lector avezado al mundo zafoniano descubrirá, así, la génesis espiritual del periodista y escritor de folletines de los años 20 que vende su alma al mefistofélico editor Corelli y que protagoniza El juego del ángel, la segunda entrega de la tetralogía, si bien también asomará en El prisionero del cielo, la tercera.

A la puerta de una vieja fábrica de libros de Poblenou, de perfil extravagante, fruto de la mente de un “arquitecto diabólico”, llama la joven embarazada protagonista del segundo relato, Sin nombre. Ubicada cerca del cementerio del Este, el camposanto civil más antiguo de Barcelona y escenario de los encuentros entre Martín y Corelli en El juego del ángel, en la fábrica la chica dará a luz una criatura, ambas figuras en la trastienda de otra estampa notable de la tetralogía. El gusto del escritor por los elementos de corte gótico y romántico se dan cita en el tercer cuento inédito, Una señorita de Barcelona, en el que una chica, explotada por su padre (fotógrafo fracasado y jugador), se dedica a encarnar a jóvenes difuntas cebándose en almas incautas y torturadas.

‘Precuela’ de la saga y Gaudí, en EE UU

Algún buen conocedor de la más famosa producción de Ruiz Zafón, traducida a 50 idiomas, puede incluso leer en el relato Rosa de fuego una especie de precuela de la propia saga, en tanto un impresor apellidado Sempere (sin duda, ancestro del propietario de la librería de viejo de la calle Santa Anna, capital en La sombra del viento) se ve obligado por la Inquisición a traducir el diario secreto de Edmond de Luna, encargado de proyectar una laberíntica biblioteca oculta para el emperador Constantino, en la que todo apunta parecen los orígenes medievales de El cementerio de los libros olvidados. Del mismo modo que, para saber más de la psicología de la mujer herida en los bombardeos de Barcelona en 1938 que aparece en la última entrega, El laberinto de los espíritus, hay que acudir a la narración Alicia, al alba para ver cómo transcurrió el episodio en aquellos “días malditos”.

La demostración de que la desbordante imaginación de Ruiz Zafón iba más allá del mundo de su tetralogía, así como de la llamada Trilogía de la Niebla, puede estar en el relato Gaudí en Manhattan, donde el genial arquitecto viaja a EE UU a cerrar el trato de la construcción de un rascacielos con un enigmático potentado. “A veces, para hacer la obra de Dios es necesaria la mano del demonio”, dice Gaudí en el relato, enfrascado como estaba entonces con la construcción de la Sagrada Familia, cerca de la cual vivió, de niño, Ruiz Zafón. Un escritor que jugó siempre gráficamente en el diseño de sus libros con la espiral que trazan las escaleras del templo y con el dragón de la puerta de la Casa Güell que Gaudí construyó en Pedralbes. Cosas de genios.

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