La justicia defiende al demonio de Segovia

El Alto Tribunal de Castilla y León falla que la escultura de un diablillo cercana al acueducto romano no ofende sentimientos religiosos

José Antonio Abella Mardones posa junto al modelo de escayola de su escultura. En vídeo, una asociación católica paraliza la instalación de una estatua en Segovia.
José Antonio Abella Mardones posa junto al modelo de escayola de su escultura. En vídeo, una asociación católica paraliza la instalación de una estatua en Segovia.VÍCTOR SAINZ

El diablo se queda. Ese Mefistófeles regordete, sonriente y bonachón que se autorretrata delante del acueducto de Segovia (51.600 habitantes) seguirá atrayendo a los turistas y representando la leyenda local de que fue Belcebú el auténtico creador de esta colosal estructura romana. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha rechazado el recurso de una asociación que censuraba esta rechoncha figura del Maligno por sentir vulnerados los sentimientos religiosos. El escultor, José Antonio Abella, no imaginaba el infierno que se le avecinaba cuando se la donó al Ayuntamiento.

La obra lleva desde enero de 2019 ubicada en un petril cercano al Acueducto y desde su instalación se convirtió en un reclamo para una ciudad con muchos atractivos más allá del Patrimonio de la Humanidad que la abandera. El estupefacto Abella rechaza catalogar a los segovianos como “inquisitoriales”, pero sí considera que hay una ruidosa corriente “anclada en el Medievo”. La resolución recoge que la estatua “en ningún caso está promoviendo ninguna confesión o creencia religiosa ni tampoco está programando contra ninguna creencia religiosa y tampoco por ello contra la religión católica”.

Esta apreciación resulta evidente para el autor de este rollizo demonio, que más que comerse niños parece haberse hinchado a cochinillos, según confiesa entre risas por teléfono. También le desagrada que los afrentados crearon una plataforma, la Asociación San Miguel y San Frutos, para oponerse específicamente a su diablillo y presentar más de 10.000 firmas en su contra. Más satisfacción le genera que las cruzadas judiciales emprendidas, como la inicial en el juzgado contencioso administrativo de Segovia, dieran con negativas y el pago de las costas. “Estos sí que desean que caigamos todos en el infierno”, lamenta. Las denunciantes tienen un mes para recurrir en el Tribunal Supremo. Una de ellas, la abogada Esther Lázaro, indica que van a estudiarlo y asegura que la estatua “se puso sin respetar las convicciones de los segovianos”. Su denominación, “SegodevsAquaeductiArtifex”, les indigna por incluir una referencia al nombre de la ciudad. Clara Martín, concejala de Patrimonio, celebra la sentencia y reivindica que el Consistorio ha defendido la línea de los jueces.

Vista de la antigua sede de la Inquisición desde detrás de la estatua del diablillo. Foto cedida por José Antonio Abellá.
Vista de la antigua sede de la Inquisición desde detrás de la estatua del diablillo. Foto cedida por José Antonio Abellá.

Abella, médico jubilado de 64 años, burgalés de nacimiento y segoviano de corazón, afirma que su objetivo era darle otro enfoque al turismo y rememorar la leyenda del acueducto. La fábula relata que una aguadora, harta de cargar con los cántaros hasta el manantial del exterior de la urbe, se dijo que daría lo que fuese para que las aguas llegaran solas a Segovia. Entonces apareció un apuesto diablo con el que la joven, pobre de posesiones, negoció un intercambio: le ofreció su alma siempre que al amanecer hubiese cumplido su deseo. Mefistófeles y sus esbirros infernales se pusieron manos a la obra pero justo cuando faltaba una última piedra, y tras una noche en la que la mujer rezó todo lo rezable para enmendar su pecado, el canto del gallo frustró el pacto. Así, la jocosa pieza de bronce muestra a Lucifer con una tenaza que sostiene dicho bloque de granito.

La sentencia expresa las dudas de los magistrados, que se preguntan “dónde está la ofensa al ‘nombre de Dios’, dónde está la ofensa a la religión católica, si en definitiva dicha leyenda lo que rememora es el triunfo del rezo de la muchacha”. Abella considera que “la gente normal, que no lleva el odio en el alma”, siempre acogió bien a la escultura: “Es magnífico que en este mundo tan serio, lleno de bulos y malas caras, haya gente que sonría”.

Los magistrados asumen también que tampoco rompe el urbanismo y el ambiente de la zona y admiten que ha dado valor a esa parte de Segovia: “Se coloca en dicho lugar con la finalidad de revitalizar esa zona de cara al turismo, lo que también constituye un fin justo y legítimo, totalmente ajeno a cualquier intención de menospreciar una determinada creencia religiosa”. Asimismo, la obra se encuentra muy próxima a una de las primeras sedes de la Santa Inquisición, entidad refundada por los Reyes Católicos y al frente de la cual pusieron al sangriento Tomás de Torquemada, prior entonces en Segovia.

El artista se inspiró en una representación similar en Lübeck (Alemania), donde otro Lucifer se vio engañado y construyó una iglesia y no una taberna, como le hicieron creer. Nunca entendió por qué recibió tantos ataques, especialmente en redes sociales, ese “despellejadero inmundo”. Abella insiste en que este Satanás con sobrepeso muestra a una figura atemporal, previa y posterior al ser humano. Por eso lo presentó haciéndose un selfi: “Si existiera, tendría teléfono móvil y estaría orgulloso”. Y probablemente no solo lo usaría para sacarse fotos.

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Sobre la firma

Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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