Cine de barrio

Este musical creado con las canciones de Raffaella Carrà no quiere ser más de lo que muestra, y eso honra a sus artífices

Carlos Hipólito e Ingrid García Jonsson, en 'Explota explota'.
Carlos Hipólito e Ingrid García Jonsson, en 'Explota explota'.

A un musical con canciones de Cole Porter se le pide que sea elegante, sofisticado, delicado, luminoso y feliz. A un musical con canciones de Raffaella Carrà se le exige que sea festivo, colorista, efervescente, sexy y superficial. Por eso hay películas como Alta sociedad y Las girls, y películas como Explota explota. Pero todas ellas cumplen su función, acorde cada una con su estilo y su altura de miras, y además coinciden en un matiz: están hechas para despejar de traumas y preocupaciones a las sociedades de su tiempo.

Porter triunfó durante décadas, pero cuando se hizo verdaderamente grande fue durante la gran depresión estadounidense. Explota explota, estimable debut de Nacho Álvarez, llega en tiempos de desasosiego, drama y pandemia para acelerar el regreso a los cines de una parte del pueblo. Cine popular, de barrio de toda la vida: como los temas, bailes y curvas de Carrà, que iluminaron la sonrisa y la libido de los españoles en el paso de la dictadura a la Transición a través de la pequeña pantalla.

Cine popular, de barrio de toda la vida: como los temas y bailes de Raffaella Carrà

Álvarez, director y autor de la idea original, junto a sus guionistas, Eduardo Cubero y David Esteban Navarro, han conformado una historia que se agarra precisamente a la televisión española y a su sociedad, en los últimos años de Franco, con una aficionada a los musicales que trabaja como azafata y se topa con el antagonista perfecto: el guapo hijo del censor de la TVE de la época, y ayudante del padre. Así, el encontronazo entre los deseos de libertad y la ceja levantada ante un contoneo lujurioso rodea a una historia que de tan sencilla es directamente simple: como las actuaciones de la cantante italiana en aquella época, directas, sin más ambición que subir la moral en cualquiera de los sentidos imaginables.

La valentísima Ingrid García Jonsson, capaz de presentar unos premios Feroz y de protagonizar Love Me Not, de Lluís Miñarro, apuestas igualmente suicidas, cada una en un extremo del atrevimiento, se defiende con solvencia en las canciones y los bailes, y despliega simpatía y desprejuicio. La acompañan algunos secundarios de peso, en especial Verónica Echegui y su acento jiennense, Fernando Tejero y Pedro Casablanc, que engrandecen unas líneas de guion sin demasiada gracia cuando quieren ser cómicas, pero que resultan eficaces en su modestia en todo lo demás. Explota explota no quiere ser más de lo que muestra, y eso honra a sus artífices. Como las piernas y la sonrisa de Rafaella y sus bailarines, va directa a una parte de nuestras neuronas, y a la programación de Cine de barrio del año 2050. Y eso no es ninguna crítica, sino un elogio de lo popular.