77ª MOSTRA DE VENECIA

La nueva clase obrera va al paraíso

La película ‘Nomadland’ recibe una ovación en la Mostra de Venecia y se erige como favorita para el León de Oro en la recta final del festival

Frances McDormand, en una escena de'Nomadland', de Chloe Zhao. En vídeo, el 'teaser' de la película.COURTESY OF SEARCHLIGHT PICTURES / AP

Llegó precedida de los mejores rumores y no decepcionó. La película Nomadland, que este viernes ha cerrado la sección competitiva de la Mostra de Venecia, logró levantar la primera ovación de todo el certamen y se convirtió en favorita para el León de Oro que esta tarde entregará un jurado presidido por Cate Blanchett. Estrenada simultáneamente en los festivales de Venecia, Toronto y Telluride, la película también sale catapultada hacia los próximos Oscar.

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Inspirada en País nómada, crónica de no ficción de Jessica Bruder que publica este mes Capitán Swing, sigue el destino de una mujer que, ahogada por su situación económica, decide convertir su caravana en su hogar. La interpreta, con su habitual mezcla de aspereza y dignidad, la actriz Frances McDormand, que se enamoró del libro, compró los derechos de adaptación y propuso a Chloé Zhao, joven cineasta china establecida en Estados Unidos, que la dirigiera. Cuando la crisis de 2008 provoca el desmantelamiento del pueblo minero donde trabajaba, esa protagonista se ve obligada a encadenar pequeños trabajos por todo el país. No tarda en descubrir a otros desclasados convertidos en mano de obra de bajo costo, temporeros del sector terciario que, ante el ocaso de la industria, se han reciclado en empleados de Amazon que firman contratos de días o semanas pese a acercarse a la edad de jubilarse.

Conocida y reputada gracias a aquel emotivo wéstern contemporáneo que tituló The Rider, Zhao observa, con agudeza y sensibilidad inigualables, la subcultura que emerge entre ese precariado, donde cientos de miles de personas constituyen sus propias redes de solidaridad ante la escasez o la ausencia de ayudas públicas. Entre ellos resucita el fantasma de Tom Joad y otros antihéroes de la Gran Depresión, en una película que brilla al demostrar que esa indigencia no tiene casi nada de romántico, por mucho que juren los mitos sobre la frontera. “No está tan lejos de lo que hicieron los pioneros”, asegura un personaje desde su agradable patio trasero. Igual de interesante resulta otro asunto plenamente estadounidense: el conflicto irresoluble entre individuo y comunidad. Zhao parece insinuar que la soledad de los nómadas puede volverse adictiva, pero también que la autonomía nunca puede ser sinónimo de aislacionismo.

Nomadland enfrenta a actores profesionales, como McDormand o David Strathairn, con viajeros reales que relatan sus vivencias y acercan la ficción de la película a un registro documental que parece dar cuenta de la situación actual, pese a que Zhao asegurase ayer, en una rueda de prensa por videoconferencia, que no quiso hacer “una película política”. “El libro está ambientado en el 2011 y no tiene que ver con la América de Donald Trump. Yo solo cuento historias de personas”, aseguró. Esa respuesta, atribuible a la alergia que siente el cine estadounidense por esa palabra –que a menudo se confunde con el partidismo o la militancia–, resulta ilógica. Huelga decir que la realidad que describe Nomadland es política y que la situación de estos cientos de miles de desclasados jugó un papel decisivo en la victoria de Trump.

Concesiones

No todo es perfecto en esta película, aunque sea la más sólida que se haya visto en Venecia. Zhao hace alguna concesión dramatúrgica en el tramo final para potenciar la identificación del espectador con su protagonista y usa de manera insistente (y del todo contraproducente) el piano melodramático de Ludovico Einaudi, que subraya en exceso momentos de emoción que no necesitaban muleta alguna. Es comprensible y hasta perdonable: en el fondo, esta es una película de estudio y no cuesta verla como el título de transición de Zhao en dirección a su glorioso futuro hollywoodiense.

Su próxima película será The Eternals, para los estudios Marvel, a la que hace un guiño irónico en un breve plano de un cine de la América profunda que proyecta Los vengadores. Sobre el papel, lo tiene todo para triunfar: es joven, mujer, asiática y, sobre todo, una cineasta brillante. No sería descabellado que, en la edición más feminizada en la historia de la Mostra, Zhao se alzase con el premio principal con una película que recuerda el desarraigo social que provocan los descalabros económicos, en vista del que ahora se avecina.

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