Curas, tricornios y ganchos de izquierda

Ramón Masats expone en Tabacalera 145 fotografías de la España de los cincuenta y sesenta, en su mayoría inéditas. El conjunto muestra su visión irónica de los tópicos nacionales

'Arcos de la Frontera', Cádiz' (1962).
'Arcos de la Frontera', Cádiz' (1962).RAMÓN MASATS / VEGAP

Si la palabra “instantánea” cobra sentido como sinónimo de fotografía, es al contemplar muchas de las imágenes que ha tomado Ramón Masats (Caldas de Montbui, 89 años) a lo largo de su trayectoria. Son fotos que atrapan un instante, un fragmento de la realidad, que nos empujan a preguntarnos qué historia hay detrás de lo que vemos y por qué demonios las hizo así su autor. Esa es la sensación que domina el recorrido por la exposición Ramón Masats. Visit Spain que, desde el 2 de julio y hasta el 12 de octubre se presenta en el centro Tabacalera de Madrid, sala dependiente del Ministerio de Cultura. Son 145 imágenes en blanco y negro que el fotógrafo catalán capturó entre 1955 y 1965 por encargo de varios medios y del Ministerio de Información y Turismo. Están sus piezas icónicas, “pero casi el 70% son imágenes inéditas”, dice el comisario, Chema Conesa.

Echando la vista atrás, a mediados de los cincuenta Masats era aún un fotógrafo aficionado que quería abrirse camino como profesional. “Me había probado como fotógrafo en los sanfermines”, dice al teléfono. Entonces presentó su trabajo al recién nacido semanario Gaceta ilustrada. “Allí estaban mis amigos Oriol Maspons y Xavier Miserachs. Les gustó, pero como ellos ya trabajaban en Barcelona, me dijeron que hablarían con el director de la revista en Madrid. Y así, me vine a la capital. ‘Fijo no te haremos, pero te daremos trabajo', me dijeron”.

Su mirada renovadora propició que encadenara encargos, también del periódico Ya, y de Mundo Hispánico… gracias a un momento en que para intentar sacar de la miseria a muchos españoles, el régimen franquista quería atraer turistas, una campaña cincelada con el lema Visit Spain. La idea que la sustentaba era que el mundo disfrutara de los tópicos nacionales: sol, toros, flamenco y gastronomía.

Masats hizo su trabajo, pero se guardó descartes, fotos no publicadas y todo aquello que, en paralelo a sus obligaciones, se encontraba por el camino “y quería hacer”, añade el fotógrafo. Esa visión lateral del tópico es la que se expone ahora en Tabacalera, la de fijar el ojo en detalles que cualquier otro ignoraría. Es el estilo Masats, a quien sus compañeros de oficio consideran “el Cartier-Bresson español” por su manera de captar instantes mágicos. Conesa explica que el material que gracias a esta exposición cuelga en las desconchadas paredes de lo que fue fábrica de aguardientes y naipes, lo rescató de un armario con cajas de negativos en casa de Masats. “Él ni siquiera le había dado importancia”, dice el comisario, que ha empleado dos años en una minuciosa tarea de selección y clasificación.

“Me gustan los detalles”

Un ejemplo son sus imágenes de la visita de Eisenhower a Madrid, en 1959. Él no muestra al presidente de EE UU, sino el público de espaldas que busca cualquier apoyo para verlo mejor. O la fila en diagonal de zapatos de tacón de las mujeres arrodilladas en una misa oficiada en un salón de actos. “Me gustaban los detalles, los apartes, y fijarme en la gente. El estilo Masats, es la gente”, dice de sí mismo.

Esa perspectiva la poseía alguien que no se había formado como fotógrafo, ni estudiado teorías, más allá de hacer ojo mirando revistas ilustradas en los ratos muertos del servicio militar. “Para mí, es el primer ejemplo de autor en España, entendido como fotógrafo que toma decisiones para encuadrar de una forma, con una geometría de los elementos retratados, hasta detener el tiempo”, destaca Conesa.

Otro ingrediente en la fotografía de Masats es el humor, la ironía de un tipo socarrón. Ahí está la imagen de 1960 del célebre radiofonista Bobby Deglané, con la rodilla apoyada en un busto de Franco puesto a subasta para recaudar fondos por el terremoto de Agadir (Marruecos). O su foto más conocida, Seminario. Madrid (1960) —“la primera fotografía española que compró el MoMA”, apunta Conesa— con un seminarista ataviado con sotana que hace una estirada a lo Casillas para intentar detener el balón disparado por otro religioso.

Pese a este humor, “España era un país muy pobre y muy triste”, añade Masats. “Unos habían perdido la guerra y a otros no les iba bien”, recuerda a sus 89 años. Pero a él no le interesó nunca “hacer sangre de la miseria” en aquella España de capirotes y tricornios, como ilustra la foto de una procesión en Arcos de la Frontera (Cádiz).

En esta exposición, que forma parte de la programación del festival PHotoEspaña, hay un apartado con 10 imágenes del maravilloso trabajo que hizo sobre el mundo del boxeo, Neutral Corner: sombras, contraluces y figuras que se desdibujan para lograr una factura digna del mejor cine negro, una de sus influencias, como reconoce. Siguiendo con películas, es inevitable pensar en El verdugo al contemplar las imágenes de la mugrienta Dirección General de Seguridad. Sobre un fondo de sucios azulejos blancos, cuelga una ristra con las correas y corbatas que se quitaban a los presos para que no se lesionasen, pero que se les devolvía si tenían que ver al juez.

También hay estampas de un realismo rural casi mágico, con un campesino que muestra la tierra seca cubierta con sardinas, porque se usaban de abono. Y otra de las celebérrimas instantáneas de este premio Nacional de Fotografía en 2004, Tomelloso (1960), con una mujer que se afana en aplicar en el suelo y las paredes un insecticida que toma forma de zigzagueante raya.

Y cómo no, no podían faltar los toros, pero con sorpresa. Como la imagen de la enorme espalda y sombrero de un hombre que observa a un diminuto torero en la plaza, un fotograma que firmaría Orson Welles. O la cabeza de toro que cuelga en una tienda del Rastro de Madrid, convertida en lámpara gracias a dos bombillas sostenidas en la cornamenta por cables. España fue así y Masats capturó el revés del tópico.

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