Diez obras maestras de Ennio Morricone y John Williams

Los dos legendarios músicos, galardonados hoy con el Princesa de Asturias de las Artes, han revolucionado el mundo de las bandas sonoras con películas como ‘La misión’, ‘El bueno, el feo y el malo’, ‘Los intocables de Eliot Ness’, ‘La guerra de las galaxias’, ‘E. T., el extraterrestre’ o ‘En busca del arca perdida’

Christopher Reeve en 'Superman' (1978), de Richard Donner, y con música de John Williams.
Christopher Reeve en 'Superman' (1978), de Richard Donner, y con música de John Williams.

Ennio Morricone y John Williams suman más de 900 obras audiovisuales. Pertenecientes a escuelas muy distintas de la composición para bandas sonoras, la pareja ha revolucionado la música del cine en este último medio siglo. Aquí repasamos 10 de las obras maestras de los ganadores del Princesa de Asturias de las Artes 2020.

La trilogía del dólar (1964-1966). Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Sergio Leone levantó ahí la piedra angular del spaghetti western, gracias a varios elementos, entre ellos el rostro de Clint Eastwood y la música de Ennio Morricone, con el que había ido de niño al colegio -curiosamente, ninguno se acordaba de ello-. Si todas esas partituras son mágicas, lo que hace Morricone en el duelo final de El bueno, el feo y el malo es mágico. Su uso de las guitarras eléctricas, las voces de sopranos y coros, de armónicas y campanas, flautas y arpas... Impresionante. Por eso Metallica empieza todos sus conciertos con esa melodía.

‘Novecento’ (1976). Bertolucci contaba que para él, Morricone lo que había hecho en Novecento era componer uno de los himnos más bellos de la historia del cine, en loor del proletariado italiano.

‘Érase una vez en América’ (1984). El compositor italiano siempre cuenta que siente que este Oscar se le escapó. Al parecer, alguien no anduvo rápido con el papeleo, y llegaron tarde a registrarle como posible candidato en la categoría musical. Una pena, porque es uno de sus más grandes trabajos, y Leone subrayaba cómo usó distintos estilos para cada época, además de saber enhebrar Amapola dentro de la música de la película.

‘La misión’ (1986). Parece increíble que cuando le llegó el encargo a Morricone, este se lo pensara: la película le parecía tan espectacular que no necesitaba una banda sonora. Luego no ganó el Oscar y se enfadó: el premio se lo llevó Herbie Hancock por Alrededor de medianoche, cuya música se basaba en temas previos, con lo que no era original. En cambio, La misión... cualquier cinéfilo es capaz hoy de silbar la melodía de El oboe de Gabriel.

‘Los intocables de Eliot Ness’ (1987). Una sección de cuerda que marca el ritmo de los gánsteres, una banda sonora que da vuelo y épica a la labor del grupo especial de policías encabezado por Ness. Idealismo contra barbarie en una misma melodía de Morricone.

‘Tiburón’ (1975). La primera vez que Spielberg escuchó la partitura de John Williams se echó a reír porque le parecía muy simple. Le convencieron para que la usara, y siempre que puede pide perdón por aquella primera impresión. Hoy, a pie de playa de cualquier parte del mundo silba esa melodía y los bañistas le miran aterrados.

‘La guerra de las galaxias’ (1977). Varias generaciones aún sienten que sus pelos se ponen de punta cuando empiezan a aparecer los letreros explicativos con los que arrancan las películas de Star Wars. Como dice otro compositor, Lucas Vidal, fan de Williams, “Es un genio. Trabaja con grandes directores y crea melodías que nunca han pasado de moda; hace obras de arte”. En 2005 el American Film Institute la consideró como la obra musical más grande del cine estadounidense.

‘Superman’ (1978). ¿Cómo hacer sentir a los niños la fuerza de un superhéroe, la grandilocuencia de un ser de otro planeta? Dan igual los efectos especiales, la respuesta la tiene la partitura de Williams, que ya estaba asentado como uno de los grandes de la música cinematográfica mundial. Esa fanfarria inicial...

‘En busca del arca perdida’ (1981). A Williams siempre le han ido el cine de Lucas y Spielberg, esa mezcla vibrante de aventuras y espectáculo. Con Spielberg ha ido más allá, hasta obras maestras como La lista de Schindler (uno de sus Oscar). Para En busca del arca perdida Williams escribió dos versiones diferentes para el tema central, a Spielberg le gustaron ambas y Wiiliams tuvo que unirlas para crear la melodía definitiva.

‘E. T., el extraterrestre’ (1982). Una de sus partituras más complejas, en la que Williams se enfrentó al reto de generar simpatía por un ser extraño de otro planeta. “Por culpa” de lo genial de la música, Spielberg remontó la persecución en bicicleta para atenerse a su melodía.


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