Un anacoreta en cada balcón

Ahora el desierto son las calles vacías, las playas deshabitadas, las carreteras desnudas, los cines clausurados, los estadios muertos, las estaciones y aeropuertos paralizados en todo el mundo

Un vecino participa en el concurso musical celebrado en Orense.
Un vecino participa en el concurso musical celebrado en Orense.Brais Lorenzo / EFE

El desierto siempre ha atraído a los profetas, quienes través de un sol feroz estallado en el cráneo, esperaban recibir el mandato para salvar a su pueblo; en el desierto han buscado los anacoretas entre abrojos compartidos a medias con los lagartos y las cabras la redención de su alma. El desierto de la Tebaida fue un refugio de los ascetas proto-cristianos que huían de la corrupción del mundo y llegaban vestidos de esparto, con sandalias polvorientas y un zurrón lleno de mendrugos al Alto Nilo en busca de la incontaminación del espíritu. Alucinado por la luz ardiente de la sequía San Antonio...

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