Serpientes y escaleras

El reciclaje económico y social parece imposible cuando se ha habitado un piso de lujo que ahora poseen otros

Mario Casas y Javier Gutiérrez, en 'Hogar'. En vídeo, el tráiler de la película. (VÍDEO: NETFLIX)

Como en el famoso juego de las serpientes y escaleras, que hunde sus raíces en la filosofía hindú, la sociedad podría ser ese tablero por el que se asciende lentamente gracias a las virtudes, representadas por las escaleras, pero por el que también se puede sucumbir y caer en un hoyo, descenso mucho más profundo simbolizado por las serpientes. El protagonista de Hogar, thriller de intriga social de los hermanos Pastor, ha subido siempre en la vida por las escaleras pero va a derrumbarse como una serpiente. Un publicitario de éxito que, tras la crisis económica y la eclosión de la nueva juventud profesional, ha caído en desgracia.

La extraordinaria Parásitos nos ha demostrado en los últimos meses que una película coreana de infinita raigambre social podía ser universal. Chuparle la sangre al de arriba para intentar conseguir su lugar en el mundo. Cualquiera lo entiende. La obra de Bong Joon-ho, que entroncaba de un modo insólito con clásicos del cine de autor como El sirviente y con pequeñas joyas del cine oriental contemporáneo como Hierro 3, siempre con la lucha de clases de por medio, ha demostrado que la envidia admite infinitos matices. En Hogar, que se estrena el próximo día 25 en Netflix, es el rencor de clase el que domina las acciones de otro vampiro al que el capitalismo salvaje y su propia idiosincrasia han convertido en un psicópata. El reciclaje económico y social parece imposible cuando se ha habitado un piso de lujo que ahora poseen otros a los que envidiar. Es la hora del paro, de las impertinentes entrevistas de trabajo, de las condiciones laborales leoninas, de un nuevo piso con grifos, azulejos y persianas que antes eran de los de abajo y ahora son las tuyas. Tú eres ellos.

Los Pastor, que siempre han mostrado una factura técnica impecable y una potente capacidad visual desde La ruta natural, aquel histórico cortometraje de 2004 dirigido por Àlex, despliegan su relato con interesantes apuntes sociales y a través de un tono de thriller de intriga. Sin embargo, llegado el tramo central de la película, la crítica colectiva va dejando paso al suspense y al golpe de efecto, enlazando así con aquellos thrillers de los noventa asentados en la tirria por la vida del otro: La mano que mece la cuna; De repente, un extraño; Mujer blanca soltera busca… El cruel retrato del arribismo y de la manipulación siguen ahí, pero quizá se priorice la sacudida del cine de género por encima del análisis de la cotidianidad.

Con un excelente grupo de intérpretes comandado por Javier Gutiérrez, los Pastor han vuelto con convicción al largometraje después de siete años de series televisivas. Sus últimos trabajos en cine, casi como un sarcasmo de nuestra realidad de hoy, habían sido las distopías Infectados (2009) y Los últimos días (2013). ¿Alguien dijo distopías?

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