Crítica | Y llovieron pájarosCrítica
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Crepúsculo en el bosque

La película se sostiene en tres actores estupendos capaces de llenar los huecos de una puesta en escena poco estimulante

Fotograma de 'Y llovieron pájaros'.

Con la belleza de los bosques de Canadá como irresistible fondo, Y llovieron pájaros (basada en la novela de la escritora de Quebec Jocelyne Sucier) habla de libertad y amor en la recta final de la vida. De ancianos retirados y ocultos en el corazón de un bosque, donde, acompañados de sus perros, sus guitarras y sus plantas de marihuana, deciden vivir al margen de la sociedad para disfrutar de un último aliento bajo el techo de unas sencillas cabañas de madera. En ese paraíso aterrizan dos mujeres que por distintos motivos acaban perturbando esta aventura final a lo Walden. Una de las dos mujeres es una frágil anciana en busca de un lugar en el mundo y la otra una joven fotógrafa que investiga los incendios que asolaron la zona de Ontario a principios del siglo XX y que decide asomar la nariz en busca de un pintor que guarda alguna relación con aquellos desastres.

Tercer largometraje de la directora Louise Archambault, que en 2005 destacó con la película Familia, su debut, Y llovieron pájaros se sostiene en tres actores estupendos capaces de llenar los huecos de una puesta en escena poco estimulante. Andrée Lachapelle, Gilbert Sicotte y Rémy Girard componen un triángulo que sabe a poco y que está muy por encima de una película que es más interesante cuando se sostiene en ellos (ya sea la historia de amor y sexo de la pareja que forman Lachapelle y Sicotte o la soledad de viejo lobo solitario que recrea Girard), pero que resulta artificiosa cuando se adentra en la indagación de los incendios, una historia forzada que no acaba de encontrar su traducción en imágenes y cuyo discurso final alrededor de la naturaleza resulta entre confuso y pobre.


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