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Muere Harold Prince, el ‘príncipe de Broadway’

Artífice de musicales históricos como 'Cabaret' y 'El fantasma de la ópera', el productor y director teatral ha muerto a los 91 años

El director y productor Harold Prince (a la izquierda), en Nueva York, en 2006.
El director y productor Harold Prince (a la izquierda), en Nueva York, en 2006.Seth Weni (Reuters)

West Side Story, El violinista en el tejado, Cabaret, El fantasma de la ópera, Sweeney Todd, Evita… Detrás de estos archiconocidos títulos, inagotables musicales que llevan medio siglo llenando teatros de todo el mundo, está el nombre de Harold Prince, bien como productor, como director o ambas cosas a la vez. Su aportación al género es leyenda, hasta el punto de que se le conoce como El príncipe de Broadway, jugando con el significado de su apellido en inglés. Por eso hoy el mundo del espectáculo está de luto: Prince murió este miércoles en Reikiavik, a los 91 años, después de una breve enfermedad. El compositor y libretista Andrew Lloyd Weber se despide así de él en Twitter: “Adiós, Hal. No solo el príncipe de los musicales, sino el rey que dirigió dos de las mejores producciones de mi carrera, Evita y El fantasma de la ópera. Este hombre maravilloso me enseñó mucho y su dominio del teatro musical fue sin igual”.

Neoyorquino hasta la médula, ciudad en la que nació en 1928 y vivió toda su vida, su historia personal es también la historia de Broadway en el último medio siglo. Se dice de él que es el padre del musical moderno por su desarrollo de los personajes y por perseguir una mayor fusión entre partitura y argumento, ampliando así las posibilidades narrativas del género. Con Cabaret, que dirigió en 1966, inventó el “musical conceptual”: es decir, un espectáculo que gira en torno a ideas, en lugar de contar una historia convencional.

Trabajó con todos los otros grandes nombres del género musical. En 1957 produjo el estreno mundial de West Side Story, con música de Leonard Bernstein, letras de Stephen Sondheim y dirección y coreografía de Jerome Robbins. De nuevo con Robbins fue el productor de El violinista en el tejado en 1964. En alianza con Sondheim dirigió títulos como Follies (1971) o Sweeney Tood (1979). Con Andrew Lloyd Weber, Evita (1979) y El fantasma de la ópera (1988). Ya en los noventa siguió creando éxitos como El beso de la mujer araña (1993).

En total participó en medio centenar de producciones. Su papel significativo en la formación del musical de Broadway fue reconocido con un premio Tony de honor que recibió en 2006. Era el número 21 que lograba, una cifra no superada por nadie hasta la fecha. Su último trabajo fue la dirección de El príncipe de Broadway, un espectáculo que recopila algunos de los mejores números de su vida, estrenado en 2013 en Japón.

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Sobre la firma

Raquel Vidales
Jefa de sección de Cultura de EL PAÍS. Redactora especializada en artes escénicas y crítica de teatro, empezó a trabajar en este periódico en 2007 y pasó por varias secciones del diario hasta incorporarse al área de Cultura. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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