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EL INMADURO OPINIÓN i

Árbenz

Me cuesta mucho comprar un libro porque ya no me queda todo el tiempo del mundo

Jacobo Árbenz Guzmán (centro) habla con periodistas franceses en París en 1955.
Jacobo Árbenz Guzmán (centro) habla con periodistas franceses en París en 1955.

El verano español fue creado para la literatura rusa. Porque los veranos españoles duran cuatro meses. Más o menos lo que cuesta leerse Guerra y paz, de León Tolstói o Los hermanos Karamazov, de Dostoievski. Cuando Tolstói y Dostoievski escribían sus magnas novelas llevaban en la cabeza las dimensiones del universo antes de que las soñara Einstein. Cuando era joven dedicaba mis veranos a una buena ración de novelas rusas. Todo esto ha venido a mi cabeza porque me encuentro en este instante en la Feria del Libro de Guatemala y estoy hojeando un libro que se titula Paisaje caprichoso de la literatura rusa. Leo una página al azar en donde se dice que el arte y la naturaleza son la misma cosa. Me compro una edición de Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, el gran escritor guatemalteco que fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1967. Hojeo un ensayo biográfico sobre Miguel Ángel Asturias, donde se dice que apoyó las políticas progresistas de Jacobo Árbenz. Sigo paseando por la Filgua, que es el acrónimo de la Feria del Libro de Guatemala. Conozco muy poco la literatura guatemalteca. He leído libros de Eduardo Halfon, de Javier Payeras o de Rodrigo Rey Rosa, pero me faltan muchos, muchos libros. En mitad de la Filgua me ataca el pánico de los libros sin leer. Igual que existe el pánico a viajar en avión, o el pánico a hablar en público, existe el pánico a los libros deseados y no leídos. Eduardo Halfon escribe lo siguiente en su magnífico libro Biblioteca bizarra: "Durante el último siglo, los escritores guatemaltecos han estado escribiendo, y muriendo, en el exilio". Esas líneas me paralizan, y me hacen tener muy presente el privilegio que tenemos algunos escritores, que podemos escribir hoy lo que nos da la gana. Agradezco esa reflexión de Halfon, que me lleva a recordar la memoria de Jacobo Árbenz, que fue presidente de Guatemala entre 1951 y 1954. Árbenz tenía el aspecto de un príncipe ruso, pero en Guatemala se le recuerda como "el soldado del pueblo". Uno en mi mente Guatemala con Rusia mientras sigo deambulando por la feria. Me compro Paisaje caprichoso de la literatura rusa, porque estaba dudando. Me cuesta mucho comprar un libro porque ya no me queda todo el tiempo del mundo. No lo leeré, pero lo compro. Lo compro porque me conmueve el rostro ruso de Árbenz, aunque en realidad era de origen helvético, y porque me parece un lujo literario que me dé por pensar en Rusia desde la Feria del Libro de Guatemala. Así que me corrijo: el verano español fue creado para la literatura guatemalteca. Pienso en las palabras de Halfon, pienso en que Guatemala se merece el progreso y la modernidad. Pienso en lo que Estados Unidos y la CIA le hicieron a Árbenz por defender los intereses de su pueblo, por pedir un poco de justicia social. Pienso que Árbenz fue un gran hombre y siento rabia y pena. La CIA destruyó su vida sin el más mínimo escrúpulo. La mejor manera de honrar a Árbenz es cargando mi maleta con todos los libros que encuentro de escritores y poetas guatemaltecos, porque me he enamorado de Guatemala.

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