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Simon Hanselmann: humor negro como forma de resistencia

El historietista australiano presenta ‘El mal camino’, la nueva entrega de la conocida saga de la bruja Megg

Simon Hanselmann, a mediados de junio en Madrid.
Simon Hanselmann, a mediados de junio en Madrid.

El autor de cómics australiano Simon Hanselmann (Launceston, Tasmania, 38 años) acaba de publicar El mal camino (Fulgencio Pimentel), una nueva entrega de la saga que protagoniza la toxicómana y depresiva bruja que ha creado desde las entrañas de su difícil vida familiar. En Megg, este personaje, Hanselmann reconoce que se dibuja la figura de su propia madre, una mujer a la que adora pero que cada cierto tiempo lo alarma con el anuncio de una nueva sobredosis. La última vez, el mes pasado, poco antes de que él tomara un vuelo a Madrid. En una azotea de esta ciudad, el autor comenta su nuevo trabajo, que ve la luz en español antes que en inglés, y en el que vuelve a hacer gala de su característico humor nihilista y de una displicencia infinita, algo que contrasta con la desbordante ternura con la que habla de su progenitora, de cuya larga sombra busca, no obstante, apartarse. “Mis historias me distancian del horror en mi vida, de lo que mi madre me ha hecho, de lo que se ha hecho a sí misma”, cuenta el dibujante.

Simon Heiselmann, en la azotea donde tiene lugar la entrevista.
Simon Heiselmann, en la azotea donde tiene lugar la entrevista.

Hanselmann revela que en este nuevo trabajo hay una suerte de “transición” respecto a sus producciones previas. “Es un capítulo más oscuro que los anteriores, los protagonistas perciben con claridad los estragos a los que conduce la adicción”, señala el historietista, que comenzó a elaborar el nuevo material en 2012, aunque lo rehizo completamente, con una dedicación de monje cenobita, el año pasado. Empleó, cuenta, 3.764 horas: dos meses en la escritura, tres en el dibujo, uno en el repaso con tinta y los últimos seis en el coloreado. Hanselmann reconoce que es un “maniaco” del trabajo, para el que no necesita imponerse rutinas y en el que se ha volcado completamente tras dejar de colaborar con la revista Vice.

La obra es la primera novela gráfica del autor: “Antes, mis dibujos recordaban más a capítulos de series de televisión, pero ahora cuento una historia completa, como en una película, con un principio y un final”. En ella, los entusiastas de sus cómics echarán de menos al timorato Búho, que junto a Megg y el gato Mogg definen el universo creador de Hanselmann, un destacado artista de la escena independiente en plena transición al éxito comercial. Aunque el peculiar personaje volverá, promete el dibujante. “Ya tengo planeadas las próximas cuatro o cinco entregas”, adelanta. Como contrapeso a la ausencia de Búho, Hanselmann otorga relevancia en la trama al bondadoso lobo WW Jones, un tipo indeciso e incauto que protagoniza las viñetas más hedonistas del trabajo.

Desde la izquierda, WW Jones, Megg y Mog.
Desde la izquierda, WW Jones, Megg y Mog.

Hanselmann vive con su mujer y editora en Seattle (Estados Unidos). En un lugar donde la tecnología copa cada esquina, su mayor preocupación, además de su siempre presente madre, que reside en Tasmania, son los siete conejos con los que la pareja convive y que al autor le permiten evadirse del hondo pesimismo existencial que plasma con ingenio en sus relatos. A la América de Trump y sus efervescencias dedica Hanselmann alguna que otra afirmación poco favorable, pero, como ella, el nuevo material que el historietista publica, que en Estados Unidos verá la luz el 30 de julio, es un producto de una realidad en plena ebullición. También algo “de lo más depresivo”, asegura el dibujante, que teme no agradar a sus lectores: “Tal vez piensen que esto ya no es tan divertido, pero espero que, aun así, les guste”.

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