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Mal rollo

Pocas cosas dan más miedo que el matonismo colegial y la humillación pública del débil por parte del fuerte con la connivencia o el silencio de la masa

'El sótano de Ma'
Olivia Spencer, a la derecha, en 'El sótano de Ma'.

Pocas cosas dan más miedo que el matonismo colegial y la humillación pública del débil y esquinado por parte del fuerte y popular con la connivencia o el silencio de la masa. Por ello, aunque El sótano de Ma no sea exactamente una película de terror, su historia acaba provocando un estremecimiento malsano y ambiguo, complejo y crítico, del que es difícil apartarse a no ser que se circule por la vida sin el más mínimo sentido de la observación social.

EL SÓTANO DE MA

Dirección: Tate Taylor.

Intérpretes: Octavia Spencer, Diana Silvers, Juliette Lewis, Corey Fogelmanis.

Género: thriller. EE UU, 2019.

Duración: 99 minutos.

Película de Tate Taylor basada en un excelente guion del novel en cine Scotty Landes, El sótano de Ma es una apoteosis del mal rollo narrada con la convicción del que prefiere el retrato de personajes y de ambientes antes que el susto fácil. De hecho, como en las producciones de terror a la antigua, se toma su tiempo y tanto la acción como el espanto no llegan hasta el último acto, hacia la hora y cuarto de metraje, de forma salvaje pero en modo alguno esencial, dosificando antes la información a través de una serie de perturbadores flashbacks sobre la adolescencia de la protagonista, una madura mujer que se hace amiga de una pandilla de chicos y chicas, a los que facilita el botellón nocturno con compra (ilegal) de bebida y alojamiento en los bajos de su casa.

El tono y los subtextos tienen un magnífico referente en Carrie (Brian De Palma, 1976), pero además añade no pocos aspectos de la vida insinuadores de un desasosiego creciente: la amistad equívoca entre una persona adulta y un grupo de adolescentes; los abusos sexuales; la pederastia; la tiranía de la aristocracia colegial; la broma macabra como síntoma de la soberbia juvenil, y el papel social que se juega en el instituto, que no pocas veces marca de tal manera que parece imposible escapar del estigma (sea el que sea) para el resto de los días.

Taylor (Criadas y señoras, La chica del tren) prefiere una dirección académica a los detalles de autor, algo que en el fondo se agradece porque no despista de su verdadero valor, el guion. Y finalmente El sótano de Ma termina siendo, como en cierto modo también lo era Beautiful girls, trabajo aparentemente distante con el que extiende unos cuantos paralelismos, una formidable radiografía de la derrota personal en una comunidad donde todos se conocen: el pueblo.

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