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Ray Loriga: “El infierno no son los otros. Soy yo”

El escritor publica una novela sobre la culpa después de ganar el Premio Alfaguara hace dos años

Ray Loriga en Madrid el pasado 20 de febrero.
Ray Loriga en Madrid el pasado 20 de febrero.

Hace veinticinco años Ray Loriga (Madrid, 1967) aún no había cumplido los treinta y su imagen de joven escritor rebelde arrasaba en la prensa. El éxito de sus primeras novelas en los noventa le llevó a una larga gira de promoción por Latinoamérica que recuerda “emocionante, divertida y algo acelerada”. Su brillo mediático menguó con el nuevo siglo, pero en 2017 ganó el Premio Alfaguara con Rendición y el pasado volvió: entrevistas, actos sociales y otra gira de México a la Patagonia tan intensa como aquella. “Es lo mismo pero diferente. Antes me enredaba en todos los líos, todas las fiestas. Ahora lo he vivido con más tranquilidad y me he enterado más. También lo he valorado más: uno puede ser autor de un hit y ya está, por suerte no me ha pasado eso”, dice.

Esa tranquilidad que le ha dado la edad le ha permitido mantener la cabeza despejada durante la gira para escribir una nueva novela, Sábado, domingo, que parece tener relación con su propio momento vital: su protagonista revive también un episodio sucedido hace veinticinco años. ¿Es inevitable a los cincuenta echar la vista atrás? “Me pasaron muchas cosas demasiado joven y no tuve tiempo de asimilarlas. Siempre tuve la sensación de que lo iba a analizar después, en parte porque el oficio de escribir te obliga a estar siempre revisándote a ti mismo”, responde. Pero aclara: “Voy hacia mi atrás, pero no hacia mis circunstancias. Mi personaje habita en un tiempo pasado que es el mío, incluso vive situaciones o conoce personas parecidas a las que yo conocí, pero no es un libro de autoficción”.

Mi personaje habita en un tiempo pasado que es el mío, incluso vive situaciones o conoce personas parecidas a las que yo conocí, pero no es un libro de autoficción

Sábado, domingo (Alfaguara) es en esencia un libro sobre cómo el pasado, cuando no se cierra bien, siempre acaba volviendo. “Todo el mundo tiene un recuerdo oscuro, una medusa tenebrosa que, en perfecta simetría, mancha el futuro de su existencia”, reflexiona su protagonista. Se estructura en dos tiempos: en el primero, a finales de los ochenta, el personaje es un adolescente que vive una situación incómoda con una mujer de la que solo sabe salir huyendo; en el segundo, veinticinco años después, se ve obligado a revivir aquella situación y examinar su comportamiento. Después del sábado, siempre llega el domingo.

“Esta es una novela sobre la culpa. Una historia en la que el juez, el testigo, el fiscal, el detective, el abogado, el culpable y la víctima son la misma persona”, resume el escritor. El Loriga existencialista, ese que se ha manifestado en casi todas las novelas, se revela ahora más sofisticado: “El infierno no son los otros. El infierno soy yo”.

Otro hilo sutil recorre subterráneamente este libro. Tiene que ver con las relaciones hombre-mujer y unos patrones de comportamiento en los que es difícil no caer si se vive en una sociedad patriarcal. ¿Le ha inspirado la nueva ola feminista que vivimos? “En absoluto. Esta novela la tenía pensada desde hace mucho y la he rematado ahora porque en medio de la promoción de la anterior me resultaba más fácil agarrarme a algo que tenía medio hecho que empezar algo nuevo. Me vino bien porque así por las noches tenía algo a lo que agarrarme: uno no se siente escritor mientras habla de escritura, se siente escritor cuando escribe. Cuando hablas y hablas pero no escribes, te sientes un impostor. Te consumes”, asegura Loriga.

Cuando hablas y hablas pero no escribes, te sientes un impostor. Te consumes

En todo caso, el escritor no se siente ajeno a la ola feminista. “Es algo que tenía que estallar en algún momento", continúa. "Es una cuestión de presión-descompresión. Bienvenida sea la ola. Eso sí: me molesta que se olviden luchas y logros del pasado, como si esto fuera algo que naciera ahora. Mi abuela se enfadó mucho cuando Mary Quant se atribuyó la creación de la minifalda, cuando ella ya llevaba faldas cortas en los años veinte”.

¿Le ha condicionado el éxito de su anterior novela a la hora de escribir esta? ¿Ha sentido de nuevo el vértigo de la fama? Loriga parece ya inmune: “Es cierto que la validación que te das a ti mismo cuando estás solo, de noche en la cama, depende mucho de lo que piensen los demás. Y todo lo que oyes sobre ti te hace dudar mucho de ti mismo. Por suerte, cuando me pongo a escribir, he aprendido a cerrarme como una tortuga”. 

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