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La solidez y su resquicio

Basada en el libro del periodista Matt Bai 'All the truth is out', el filme, visión de Jason Reitman, es una sólida película de la escuela de los años setenta

el candidato
Fotograma de 'El candidato', de Jason Reitman.

La condición humana y los rusos. En los estertores de la Guerra Fría, con Ronald Reagan en el poder estadounidense y Mijaíl Gorbachov con los soviéticos, en lo que se adivinaba como el principio del fin, una película política americana descifra a la perfección dónde poner el acento. No en esos rusos del poder sino en otro tipo de rusos: en los literatos, en León Tolstói y su análisis del choque entre las convenciones sociales y los impulsos vitales. En cristiano: en cómo se le fue la cabeza a Gary Hart, aspirante y gran favorito para la candidatura demócrata a la presidencia del país en 1988, a poco tiempo de su victoria, llevando a su propia casa a una de sus amantes.

EL CANDIDATO

Dirección: Jason Reitman.

Intérpretes: Hugh Jackman, Vera Farmiga, J. K. Simmons, Sara Paxton.

Género: político. EE UU, 2018.

Duración: 100 minutos.

Basada en el libro del periodista Matt Bai All the truth is out, El candidato, visión de Jason Reitman de aquellos días de espinas carnales en el espíritu impoluto de un cargo político, es una sólida película de la escuela de los años setenta. La que tiene con todo merecimiento en un altar a Alan J. Pakula, el maestro de las conspiranoias, el autor de Todos los hombres del presidente. Una historia en la que también salen, aunque en papeles terciarios, Bob Woodward y Ben Bradlee, y que mira a las formas de aquellas obras maestras de los setenta: a las músicas disonantes de Michael Small para El último testigo y La noche se mueve, con la partitura de Rob Simonsen; a las fotografías de grano duro y matices ocres de Gordon Willis, con el tratamiento de la luz por parte de Eric Steelberg.

Asentándose en una doble dicotomía, la que separa el cargo público de su privacidad, y la mucho más interesante entre el raciocinio del cerebro y el estímulo de las tripas, El candidato despliega su relato en variadas vertientes, y todas ellas tienen unas notables densidad y calidad: la familiar, con mujer e hija; la profesional, con la corte de ayudantes de la campaña y su trabajo minuto a minuto; la periodística, con la labor fundamental en el caso de los periodistas del Miami Herald y The Washington Post, y la fina línea que a veces separa el derecho a la información sobre la privacidad de un político y el cotilleo y el intrusismo; y la feminista, con un valioso punto de vista de la joven amante, Donna Rice Hughes.

Sin embargo, con el trabajo de Reitman queda una duda razonable: visto el tono del desenlace, y su sutil pero claro mensaje, que incluso roza lo hagiográfico con el personaje público que fue Hart, cabe preguntarse por qué no llega a verse en acción adúltera al protagonista. La respuesta es obvia: aunque en la película quede claro que se produjo, si ello llega a verse en imágenes, la lección política y periodística final quedaría devaluada a ojos de ciertos espectadores. Y eso, como la torpeza de Hart en la vida real, es un importante resquicio en un trabajo, por lo demás, muy distinguido.

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