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CRÍTICA | RBG CRÍTICA i

Yo discrepo

Acaba pesando más la imagen de la juez haciendo gimnasia, enfundada en una sudadera con el lema 'Super Diva !', que la sutileza de sus estrategias ideológicas

RBG
Imagen de 'RBG', con la juez protagonista en el gimnasio.

Juez asociada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos e infatigable luchadora feminista, Ruth Bader Ginsburg se parte de risa mientras contempla a la cómica Kate McKinnon imitándola en el Saturday Night Live durante un revelador momento del documental que le han dedicado Julie Cohen y Betsy West. RBG parte de la inesperada transformación de su protagonista en icono pop –inspirador de memes con el insistente eslogan de “Yo discrepo y de abundantes objetos de merchandising: de la camiseta a la taza- para elaborar un discurso didáctico y apologético orientado a rellenar de contenido esa imagen celebrada hasta la extenuación por la cultura millennial.

RBG

Dirección: Julie Cohen y Betsy West.

Documental

Género: biográfico. Estados Unidos, 2018.

Duración: 98 minutos.

Nominado al Oscar al mejor largometraje documental, RBG traza su recorrido cronológico a través de las conquistas legales de su protagonista y de su ordenada vida familiar, recurriendo a una diversidad de testimonios que acaba sonando como la mecánica multiplicación de una misma voz celebratoria. Los recursos visuales para ilustrar los momentos clave de una trayectoria regida por la prudente ética de avanzar paso a paso se revelan fastidiosamente romos: someros cortes de los archivos sonoros de los casos que cristalizan en aparatosos bloques de rotulación insertados sobre el escenario vacío donde se desarrolló el litigio.

Cohen y West no se han roto demasiado la cabeza a la hora de encontrar un lenguaje documental que explorase de manera imaginativa la distancia existente entre la discreta figura pública y la chirriante espectacularidad del icono pop. Lo que queda son puntuales atisbos a la riqueza argumentativa del debate democrático estadounidense en el seno de una cultura que acabaría siendo conquistada por lo pulsional. Al final, acaba pesando mucho más la imagen de la juez haciendo gimnasia, enfundada en una sudadera en la que se lee la inscripción 'Super Diva !', que la marcada sutileza de sus estrategias ideológicas.

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