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‘El reino’, espejo de la corrupción

La película de Rodrigo Sorogoyen, favorita en los Goya con 13 nominaciones, muestra una trama que copia escándalos todavía pendientes de juicio

Una imagen de 'El reino' en la que sus protagonistas disfrutan de un día de sol en un yate. En vídeo, el tráiler de la película.

La España más corrupta vive ahora sometida a la disciplina de la Justicia. Los escándalos destapados en la última década llegan a juicio. Muchos políticos bajo sospecha se han especializado en Derecho Penal para buscar en la Ley cómo reducir sus años de cárcel. Es la única esperanza a la que se aferran en sus vidas fracasadas. Han descubierto que los tenebrosos caminos de la corrupción no eran inescrutables.

El reino habla de carreras políticas arruinadas por la ambición de poder, de la venenosa atracción del dinero fácil, de las trágicas consecuencias de vender el alma al diablo. Es una película desasosegante y corrosiva donde el director, Rodrigo Sorogoyen, muestra con descaro cómo algunos políticos chapotearon gozosos en el pozo del delito.  El ritmo trepidante de la historia permite desentrañar muchos de los mecanismos del pillaje institucional. Todo es ficción, pero todo es real.

El reino, una de las favoritas a los próximos premios Goya que con 13 candidaturas, es una fotocopia animada de los grandes escándalos de la corrupción que han conmovido a España. Es un espejo de la realidad más oscura de la política; cada detalle de la trama delictiva está basado en los sumarios más conocidos. 

Todo empieza en Suiza: Lezo, Púnica, Bárcenas. La televisión informa sobre el dinero encontrado en Suiza a un cargo político intermedio. La noticia es el preámbulo de la tragedia que se cuenta en El reino

Los frutos de la rapiña acaban siempre en el escondite de los bancos suizos. El infierno de algunos dirigentes públicos también comienza en Suiza.

Francisco Granados dio nombre al caso Púnica, una trama corrupta que se extendió por Ayuntamientos, diputaciones provinciales y comunidades autónomas. Este político del PP pasó 32 meses en prisión provisional. Su futuro sigue cerca de la cárcel. Tuvo un poder inmenso como consejero autonómico en el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Aunque su gestión estuvo bajo sospecha, la presidenta Esperanza Aguirre confió en él y le mantuvo muchos años a su vera. Un año después de abandonar el Ejecutivo y pasar al Senado, Suiza alertó a las autoridades españolas de un movimiento de dinero en una cuenta abierta a su nombre. Allí acabó su carrera política y comenzó su desgracia. Bastaron unos meses de investigación secreta para descubrir una montaña de sobornos, prevaricaciones y cohechos.

Luis Barcenas, en el aeropuerto de Barajas en 2013.
Luis Barcenas, en el aeropuerto de Barajas en 2013.

En Suiza también comenzó el infortunio de Luis Bárcenas, el tesorero del PP que durante años manejó una caja b cuyos movimientos dejó escritos en unos famosos papeles. Su causa en los tribunales, abierta en 2009, se torció definitivamente en las navidades de 2012 cuando Suiza comunicó a España la fortuna que el tesorero ocultaba en las cuentas corrientes de dos bancos de aquel país, casi 50 millones de euros.

A través de Suiza se pagaron también seis millones de euros en mordidas por la compra con dinero público de una ruinosa empresa brasileña. Es el origen del caso Lezo, otra trama de corrupción que llevó a prisión provisional a Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid.

La traición. Entre la cárcel y la libertad, muchos eligen la traición. David Marjaliza es un empresario madrileño que compartía con su amigo Francisco Granados el gusto por ocultar dinero en Suiza. La vieja amistad con el político permitió al empresario hacer negocios millonarios gracias al tráfico de influencias, la información privilegiada o el amaño de contratos. Esa amistad le llevó a la cárcel. Y allí decidió traicionar a su amigo a cambio de libertad. En una larguísima confesión al juez, Marjaliza contó todas sus prácticas ilegales para ganar millones con la ayuda de corruptos a los que compraba, su amigo Granados entre ellos.

El protagonista de El reino grita a un cómplice: “¡Si nadie habla, a Paco no le va a pasar nada!”.

Marjaliza habló de su amigo Paco [Granados] y le arruinó [más] la vida.

“El puto pen drive”. En la cárcel, Francisco Correa, cabecilla de la trama Gürtel, se desahoga con su abogado: “El puto pen drive macho, sin ese pen drive no tendrían nada, me pongo malo. Es el lío famoso. Si no existiera, sin este pen drive todo esto no hubiera ocurrido”. Se refiere a la memoria externa que guardaba su contable, José Luis Izquierdo, donde quedaron registrados los pagos ilegales que Correa hacía a los políticos a cambio de contratos públicos. El pen drive es la clave en muchas tramas de corrupción de los últimos tiempos. El comisario José Manuel Villarejo, jefe mayor de las cloacas, experto en espionaje ilegal para la extorsión y principal referente de la mafia policial, se sincera en una reunión con la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, para ganarse su confianza: “Intentamos romper el famoso pen drive”.

Las agendas delatoras. No hay nada más comprometedor que una agenda. En El reino, ese material de escritorio se convierte en una bomba de destrucción masiva que, en el final de la película, una periodista desactiva. Los intereses corruptos vencen a la tentación de una gran exclusiva.

El exconsejero autonómico y exsenador Francisco Granados también apuntó en su agenda unos pagos escandalosos que la investigación judicial vincula a la financiación ilegal del PP. El manuscrito de Granados está lleno de iniciales, lo que desemboca en elucubraciones peligrosas y titulares escandalosos.

Bárcenas, tesorero del PP, usó iniciales, pero también nombres completos para anotar en su agenda las donaciones ilegales que hacían empresarios y los pagos de sobresueldos trimestrales que él mismo hacía a políticos de su partido. Esos papeles se han convertido en un símbolo de la corrupción de una formación política. Los líderes de Podemos se refieren al expresidente del Gobierno como “M. Rajoy”. Así lo escribió Bárcenas en los papeles de la caja b del PP.

Un yate para festejar los pelotazos. El reino presenta a los corruptos reunidos en un barco disfrutando de un día de sol en alta mar. Festejan su éxito y uno de ellos graba un vídeo a la vez que narra lo que está viendo. La escena es una copia literal de un viaje en barco que engordó el escándalo del caso Gúrtel. El Bigotes, lugarteniente de Francisco Correa, graba un vídeo mientras su jefe conduce el yate en el que viaja Alberto López Viejo, un consejero madrileño condenado a 31 años de cárcel por amañar contratos para la trama y cobrar comisiones ilegales, y su mujer. Al lado de Correa, El Bigotes enfoca a Alejandro Agag (yerno del expresidente José María Aznar) mientras grita: “La estrella de Europa”. Luego dirige el objetivo a la proa donde Ana Aznar, esposa de Agag, toma el sol. “Saludad”, pide a todos El Bigotes, “que vais a salir en El Crónicas¡¡¡”.

Ese viaje en yate grabado en vídeo por el Bigotes se incluyó en el sumario del caso Gürtel. Otra fiesta, la que se celebró con motivo de la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag fue pagada en parte por Correa y sus empresas. Los documentos que acreditan ese regalo de bodas de Correa también llegaron al sumario. 

No hay boda en El reino. Es el funeral de la política.

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