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REPORTAJE

Aznar casa a su hija Ana ante todos los poderes del Estado

Ana Aznar y Alejandro Agag se casaron ayer en la basílica de El Escorial ante más de mil invitados

San Lorenzo de El Escorial
La boda entre Ana Aznar, hija del presidente del Ejecutivo, y Alejandro Agag, ex eurodiputado popular, reunió ayer en San Lorenzo de El Escorial a 1.100 invitados, entre ellos los Reyes de España, tres jefes de Gobierno y un jefe de Estado, todos los ministros y ex ministros del PP. Más de 3.000 curiosos vitorearon a los asistentes a la ceremonia religiosa, celebrada en la basílica del monasterio y oficiada por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. La celebración, que obligó a Interior a organizar un amplio despliegue policial, continuó en una finca agropecuaria próxima, con cena ofrecida por la empresa del restaurador José Luis a la que siguió una fiesta animada con rumbas.

Ana Aznar Botella, de 20 años, hija del presidente del Gobierno y estudiante de Psicología, contrajo ayer matrimonio en la basílica de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) con Alejandro Agag Longo, de 31, economista de profesión y ex asesor de José María Aznar. Por lo contemplado, el prior del monasterio, fray Fermín Fernández, dio en el clavo cuando dijo que la boda era "casi una cuestión de Estado".

No en vano la ceremonia fue oficiada por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, y entre los más de 1.000 invitados se encontraban los Reyes de España y los jefes de los gobiernos de Gran Bretaña, Italia y Portugal. También estaba el presidente de El Salvador, representantes de los tres poderes del Estado y un buen número de personajes famosos. La novia aportó 22 testigos -entre ellos Tony Blair, Manuel Fraga, Javier Arenas, Rodrigo Rato, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja- y el novio 25, entre los que destacaba Silvio Berlusconi.

Unas 3.000 personas vitorearon a los asistentes en la puerta del monasterio. Los mayores aplausos se los llevaron, además de los Reyes, el ex presidente Adolfo Suárez, el ex seleccionador nacional de fútbol José Antonio Camacho y el cantante Julio Iglesias.

De que parecía una cuestión de Estado daban fe los más de 200 coches oficiales aparcados en la puerta del monasterio y el impresionante despliegue de seguridad. Y del "casi" al que se refería el prior, algunos detalles que le dieron color a la tarde. Por ejemplo, el novio. Alejandro Agag actuó como si se casara todos los días. Llegó conduciendo su propio todoterreno, lo aparcó junto al monasterio, se puso la chaqueta del chaqué y empezó a saludar a unos y a otros, sonriendo siempre. O el gesto del entrenador físico de Aznar, Bernardino Lombao, que no dudó en hacer el pino a petición de los presentes. Todo lo demás, cuestión de Estado. O de partido.

De hecho, la atención a la prensa -más de 400 periodistas de 90 medios nacionales y extranjeros- correspondió al gabinete de prensa del PP. Fueron sus miembros los que informaron en tres folios sin desperdicio de que el vestido de la novia fue confeccionado en "gazar natural color blanco roto", y de que la madre, Ana Botella, lucía "un vestido de gasa, en color ciclamen".

También indicaron que durante la cena posterior en la finca Los Arcos se sirvieron aperitivos fríos y calientes, ensalada de lubina con langostinos, de primer plato, y perdiz estofada al aroma de frambuesa, de segundo. Nada de tarta, para evitar el engorro de cortarla. De postre, milhojas de almendras caramelizadas con crema de mascarpone. El vino blanco, de Rueda; y el tinto, de Ribera del Duero.

El primero en llegar fue el ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez. Lo hizo solo y se llevó los mejores aplausos de la tarde. Incluso le gritaron "¡Guapo!". Desde que llegó él hasta que lo hizo la novia, casi una hora después, la gente se lo pasó en grande. Había algunas vecinas, como Milagros, Carmen y Luz Divina, que estaban lo mismo a bodas que a entierros. "Nosotros estuvimos aquí cuando trajeron los restos de Alfonso XIII, cuando murió Don Juan y Doña Mercedes". Para cuando, pasadas las siete de la tarde, Ana Aznar llegó por fin del brazo de su padre a la basílica, Alejandro Agag ya había saludado uno por uno a todos los invitados y bromeado con ellos sobre la tardanza de la novia.

Ana Botella, en su papel de auténtica anfitriona, iba y venía una y otra vez, supervisando que todo estuviera en orden. Iban llegando banqueros, como Emilio Ibarra; cantantes, como Raphael y Julio Iglesias; escritores, como Mario Vargas Llosa; modelos, como Inés Sastre y Nieves Álvarez... El público y los periodistas, situados en el patio de los Reyes, iban comentando los modelitos. Había quien abordaba a los que salían para echar un pitillo y les preguntaban, por ejemplo, "¿están sentados cerca Isabel Preysler y Julio Iglesias?". Al finalizar la ceremonia, alguien preguntó a la Reina:

-¿Qué tal la ceremonia?

-Preciosa.

-¿Estaba guapa la novia?

-Sí, mucho.

Y a Ana Botella:

-¿Se ha emocionado?

-Sí.

-¿Pero ha llorado y todo?

-Nooooo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de septiembre de 2002