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El atrevimiento de la adopción

Interesante película de Sean Anders, guionista de otros nada inocentes acercamientos al universo doméstico, de ramalazos negros, como 'Somos los Miller' y 'Padres por desigual'

'Familia al instante'
Mark Wahlberg y Rose Byrne, en 'Familia al instante'.

El cine, como la novela y el teatro, tiene algo que no por obvio deja de ser fantástico: que un artista pueda recoger un determinado tema, unos subtextos de cierta profundidad, y logre desarrollar el primero y analizar los segundos a través de modos y géneros radicalmente opuestos.

FAMILIA AL INSTANTE

Dirección: Sean Anders.

Intérpretes: Mark Wahlberg, Rose Byrne, Isabela Moner, Octavia Spencer.

Género: comedia. EE UU, 2018.

Duración: 118 minutos.

Pensemos en algo tan complejo, trascendente y de plena actualidad como la adopción de niños y niñas, desde bebés hasta casi adultos de 17 años, que son adoptados o acogidos por familias de todo tipo, tradicionales, monoparentales o de personas del mismo sexo, a causa de las judicialmente sentenciadas como condiciones negativas para ser criados por sus progenitores naturales. Y puede salir algo tan distinto como el thriller policiaco (y moral) estadounidense Adiós, pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007), el drama social español Marsella (Belén Macías, 2014) o la comedia familiar Familia al instante, interesante película de Sean Anders, guionista de otros nada inocentes acercamientos al universo doméstico, de apariencia blanca pero de ramalazos negros, como Somos los Miller y Padres por desigual.

En las tres películas sobre la adopción mencionadas está la incertidumbre de los nuevos progenitores ante el posible regreso con su madre natural tras su reinserción; está el dolor y la vergüenza, o desvergüenza, de esta ante su comportamiento y actitud en el pasado; y está la tragedia de los hijos y su combate interior entre la realidad física consanguínea, desgraciada y a veces insalvable, y la nueva realidad, habitualmente positiva pero a veces muy mejorable. Tres vértices de un triángulo en tantas ocasiones irresoluble, tanto en lo social como en lo moral.

Anders se ocupa en Familia al instante de un amplio marco de personajes unidos por la cuestión, y desarrolla un también dilatado arco temporal, desde los primeros pensamientos y las razones para iniciar la adopción, el proceso administrativo, los grupos de apoyo con otros padres, la labor de los asistentes sociales, las sesiones ante el juez de familia y, naturalmente, la difícil convivencia. Y además lo hace en un relato en el que el padre y la madre, acomodados pero en modo alguno ricos, deciden adoptar de una tacada a tres hermanos naturales, de 16, ocho y cuatro años, respectivamente, mientras su madre drogadicta está en la cárcel.

Y aunque se apueste por lo hogareño, ahí están ciertas dosis de gamberrismo y de atrevimiento, basadas en situaciones altamente plausibles, con el paradigma máximo de un dificilísimo gag protagonizado por una fotopolla (su verbalización, no su visualización), en una película de apariencia amable que se supone destinada, precisamente, para ver en familia. Anders lleva con buen ritmo su historia, los intérpretes tienen carisma y te ríes con el drama sin perder de vista su complejidad. Sin embargo, una innecesaria última frase referente a la madre natural, de corte ideológico y en la que se toma partido, acabó enfadando un tanto a este cronista. Si era imprescindible o no, lo dejamos para sus futuros espectadores.

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