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¿Se puede mentir en una novela sobre el Holocausto?

La polémica sobre los errores históricos de 'El tatuador de Auschwitz' reabre el debate acerca de la relación entre realidad, historia y ficción

Niños presos en Auschwitz, en una foto tomada en invierno de 1945 por el fotógrafo soviético Alexander Vorontsov.
Niños presos en Auschwitz, en una foto tomada en invierno de 1945 por el fotógrafo soviético Alexander Vorontsov. Getty Images

Ahora que el trasvase eterno entre realidad y ficción se exhibe con más fuerza, cuando las historias basadas en hechos reales pueblan los estantes de las librerías y las listas de ventas y triunfan en los premios de prestigio, una nueva polémica llega a la literatura. ¿Hay alguna línea roja en las novelas que se nutren de la historia? ¿Qué ocurre si los hechos narrados son momentos terribles del pasado reciente? ¿Se puede inventar cuando se habla de protagonistas reales del Holocausto? Una serie de tuits del Memorial de Auschwitz desaconsejando la lectura de la novela El tatuador de Auschwitz (Heather Morris, Espasa) para aquellos que quisieran comprender la realidad del campo de exterminio ha provocado una riada de reacciones. EL PAÍS ha hablado con historiadores, expertos y escritores para tratar de contextualizar la controversia.

“Jorge Semprún cuenta en La escritura o la vida el debate que se originó entre algunos deportados de Buchenwald sobre cómo contar lo vivido. Por un lado estaban los que pensaban que había que contarlo a palo seco, con toda sobriedad, sin añadir ni una coma. Por otro lado estaban quienes, como él mismo, opinaban que había que recurrir al arte, a la creación literaria, porque lo propio de la memoria no es contar hechos –para eso están preferentemente los historiadores– sino desentrañar el significado de una experiencia y transmitirla en la medida de lo posible”, ilustra el historiador Reyes Mate.

El tatuador de Auschwitz lleva a la ficción la vida de Ludovit Eisenberg –conocido luego como Lale Sokolov– y Gita Furman, dos judíos eslovacos que vivieron en el campo una sobrecogedora historia de amor y supervivencia. Para su elaboración, Morris contó con los testimonios de Eisenberg. Conviene señalar que desde el Memorial de Auschwitz no se analiza la novela desde el punto de vista literario. “El número de errores diferentes que hay en el libro, no solo al narrar hechos sino en la descripción de la realidad de Auschwitz, a veces crean más confusión que comprensión. La interpretación de la vida de estos dos prisioneros difumina la autenticidad de sus experiencias”, señala Pawel Sawicki, jefe de prensa y educador del campo. “Su conexión con la historia auténtica es muy débil”, precisa Wanda Witek-Malicka, investigadora del Memorial de Auschwitz. “El libro debería verse solo como una impresión acerca de lo que allí ocurrió, prácticamente vacío de valor documental”, añade antes de lamentar lo que a su juicio es una oportunidad perdida con un libro que se ha convertido en un best seller mundial.

Sin embargo, lo que se cuenta en una novela tiene que ser verosímil, no cierto. Quizás el problema radica entonces en el lema “basada en una inolvidable historia real”, incluido en la portada del libro. “Basado en hechos reales es la etiqueta más idiota de la historia de la humanidad. Toda la literatura desde Homero hasta hoy está basada en hechos reales. La ficción pura no existe, es un invento de los que no saben qué es la ficción”, afirma el escritor Javier Cercas, quien en la “novela sin ficción” El impostor ahonda en la figura de Enric Marco, un hombre que se hizo pasar durante años por superviviente del campo de Flossenbürg. “Para juzgar cómo se ha mezclado tengo que leer la novela porque todo depende de cómo se haga. Shakespeare lo hacía de maravilla”, remata el autor de Anatomía de un instante. “Hay mentira cuando, como en el caso de Marco, se ofrece una biografía que es inventada. Pero la creación literaria, como la de Semprún, es verdad. No olvidemos lo que dice Aristóteles en su Poética: 'Hay más verdad en la poesía que en la historia", tercia Mate.

“Nadie ha dicho que todo lo que pone fuera así, como ninguna historia basada en hechos reales. Es una aproximación emocional, no factual”, defiende Elena Ramírez, directora de ficción internacional de Planeta, editores del libro en español. “La espina dorsal en la que se basa es un testimonio de lo que recuerda una persona. Heather ha hecho muy bien lo que tiene que hacer y el Memorial de Auschwitz también”, remata.

Las implicaciones del Holocausto y su intensa representación en la cultura incluye innumerables matices, zonas grises. “Ficción es La lista de Schindler y sin embargo ha ayudado a entender los hechos y su significado. Creación artística es Shoah, de Claude Lanzmann, el filme más importante sobre Auschwitz”, resume Mate.

El problema sigue abierto y puede que, como decía Oscar Wilde, la verdad sea solo una cuestión de estilo. “Algunos de los visitantes de Auschwitz creen que lo que han leído es verdad. Por eso esto es un caso distinto a la pura ficción basada en el Holocausto. En estos casos debe haber más responsabilidad en la investigación minuciosa de los hechos”, remarca Sawicki. ¿Puede dar la ficción una idea equivocada de un hecho? “Si presenta un relato inventado como realmente ocurrido, estafa al lector. Pero puede contribuir poderosamente al conocimiento de los hechos si desentraña de alguna manera su significado”, subraya Mate. El debate sigue abierto hasta que llegue el próximo éxito basado en hechos reales.

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