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OPINIÓN i

Reparar, re-escenificar

Muchos consideran que actuar ignorando las catástrofes falsea la historia y momifica la arquitectura

The National Gallery, en Londres, en una imagen de archivo.
The National Gallery, en Londres, en una imagen de archivo.

En sus Diarios tempranos, Susan Sontag se preguntaba: “¿En qué creo de verdad?” “En la vida privada, en el mantenimiento de la cultura, en la música, en Shakespeare, en los edificios antiguos”.

Los edificios antiguos, ¿por qué? ¿Porque hacen presente el pasado? ¿Porque se asocian a la permanencia?¿Por qué Sontag no escribió que creía en los edificios modernos?¿Qué apartaba a una moderna de la modernidad arquitectónica que la propia vanguardia del siglo XX se cuenta ya entre el patrimonio pendiente de restaurar?

Puede que en su propia lista se encuentre la respuesta: “El mantenimiento de la cultura”. Restaurar, reparar, remodelar, recuperar, acondicionar o re-escenificar son los términos que hoy se manejan para decidir qué hacer con muchos de los edificios que definen las ciudades. Una opinión extendida es que el tejido urbano —la relación entre los edificios más que los propios inmuebles— es lo que decide la impresión que nos causan las urbes y lo que sirve para evocar la vida en ellas.

La idea de perpetuar una manera de hacer, y no un edificio físico, define la conservación en la tradición oriental: no importa mantener unos materiales sino su diseño. En occidente sin embargo, la noción del aura que solo rodea a una obra original ha sembrado de dudas las restauraciones que reconstruyen miméticamente un lugar tras un terremoto como si nada hubiera pasado. Muchos consideran que actuar ignorando las catástrofes falsea la historia y momifica la arquitectura.

En 1991 Robert Venturi y Denise Scott Brown ampliaron la National Gallery de Londres —levantada en 1838— con una extensión que, como un diente postizo, parecía continuar el edificio original en el solar que había dejado una bomba. “En unos años apenas se apreciará la diferencia”, dijo Scott Brown. Tenía razón. Hoy solo un joven muy observador repararía en las marcas que dejaron los arquitectos para hablar de otros tiempos.

En otra ciudad castigada por los bombardeos, Berlín, David Chipperfield culminó una obra maestra en 2009 haciendo convivir el pasado neoclásico del Neues Museum de 1855 con las marcas de la Segunda Guerra Mundial y con una propuesta conciliadora. Ambas intervenciones respetaron el pasado, pero el Neues Museum cuenta de ese pasado no solo la gloria, también la decadencia.

La mayoría de las ciudades están construidas a capas y esa convivencia revela tanto la diversidad de los habitantes como el paso del tiempo. Las metrópolis del mundo son fruto tanto de la construcción como de la destrucción. Lo que se repara y lo que se deja de reparar son claves para narrar la historia.

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