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Estafador de batalla y alcoba

La dificultad y la clave están en tomarse a risa el clásico producto francés de 'qualité', manteniendo la imagen de seriedad. Y le sale relativamente bien

Un seductor a la francesa
Melánie Laurent y Jean Dujardin, en 'Un seductor a la francesa'.

Subvertir los códigos del clásico producto francés de qualité, con ambientación de época, exquisito diseño de producción y cierto toque político y social, a través de un tono paródico con el que autoflagelarse desde la risa. Contar exactamente lo mismo de siempre, una historia de amor entre clases durante la época napoleónica, con venganzas, adulterios, sofocos, rencillas, batallas y asaltos al poder, pero de cachondeo.

UN SEDUCTOR A LA FRANCESA

Dirección: Laurent Tirard.

Intérpretes: Jean Dujardin, Mélanie Laurent, Noémie Merlant, Evelyne Buyle.

Género: comedia. Francia, 2018.

Duración: 90 minutos.

No es fácil lo que pretende Laurent Tirard en Un seductor a la francesa, fiándolo casi todo a que sus intérpretes alcancen los matices exactos. Sin pasarse en el histrionismo, porque la película tampoco pretende ser una parodia descacharrante, pero sin quedarse cortos, porque el guion tiene los suficientes elementos burlescos como para perder su imagen impoluta de brillo y elegancia en cuanto las actuaciones se pasen de rosca. La dificultad, y la clave, por tanto, están en tomárselo todo a risa manteniendo la imagen de seriedad. Y le sale relativamente bien.

Tirard, también coguionista junto a Grégoire Vigneron, compone el divertido retrato de un estafador de batalla y alcoba, un falso héroe tan cobarde en las guerras napoleónicas como hábil en el guiño chulesco y el fornicio. Y ahí Jean Dujardin, encasillado desde el éxito mundial de The artist, y que quizá no tenga muchos más registros, encaja como un candado. Pero no solo él. También su contraria, una especie de heroína feminista de novela de Jane Austen, a la que interpreta Mélanie Laurent, además de las formidables Noémie Merlant, desternillante como hermana zumbona y sadomaso, y Evelyne Buyle, vieja dama del teatro francés, acostumbrada a Molière y Pirandello, que estalla en cada réplica y cada segundo plano como madre en la inopia.

Comedia de enredo de amor y lujo, con jocosos ecos de El regreso de Martin Guerre (1982) y hasta de Barry Lyndon (1975), junto a divertidos anacronismos (las estafas piramidales nacieron en la Francia de 1812), Un seductor a la francesa tiene aspecto de bobada de corto alcance y de poca entidad. Pero sorprende de principio a fin.

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