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Francia despide con honores a su patrón de la música, Charles Aznavour

Macron y el primer ministro armenio encabezan un homenaje nacional en el patio de Los Inválidos

El presidente francés, Emmanuel Macron (centro), tras el féretro con los restos mortales del cantante francés Charles Aznavour. Ver fotogalería
El presidente francés, Emmanuel Macron (centro), tras el féretro con los restos mortales del cantante francés Charles Aznavour. EFE

Aunque “en Francia, los poetas nunca mueren”, como afirmó en su elegía Emmanuel Macron, lo cierto es que el país tuvo que despedir este viernes, muy a su pesar, a uno de ellos, Charles Aznavour. El cantante, compositor y actor que se había propuesto vivir hasta los cien años no pudo cumplir su promesa y falleció el lunes a los 94, después de haber puesto música a las vidas de varias generaciones de franceses y de ciudadanos de todo el mundo. Presidentes, ministros y grandes figuras de la cultura a la que tanto contribuyó lo despidieron con un “homenaje nacional” en el patio de Los Inválidos, en París, el lugar bajo la estatua de Napoleón donde Francia dice adiós a sus héroes y a grandes figuras como Simone Veil.

“Durante casi un siglo, fue él el que nos hizo vivir”, afirmó el presidente francés. “Sus canciones eran un bálsamo, un remedio, un consuelo. Durante años, esa presencia, esa voz se instalaron en nuestras vidas y nos unieron fuera cual fuera nuestra condición o nuestra edad. Charles Aznavour se convirtió, unánimemente, en una cara de Francia”, agregó el mandatario poco después de que el primer ministro armenio, Nikol Pachinian, venido ex profeso para la ceremonia, celebrara también a ese compatriota y “maestro de la canción francesa” que, “durante casi ocho décadas, dibujó una sonrisa en millones de caras, aceleró o ralentizó la respiración de decenas de millones de personas, hizo brillar los ojos de centenares de millones de personas”.

En el patio de Los Inválidos, frente al féretro, cubierto con una bandera francesa y acompañado de una corona de flores con los colores nacionales armenios, bajo un espléndido y frío sol de octubre, expresidentes como François Hollande o Nicolas Sarkozy, políticos como el presidente de la Asamblea Nacional, Richard Ferrand, o la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, rendían homenaje al mito junto a la familia de Aznavour y estrellas como Jean-Paul Belmondo, Mireille Mathieu, Eddie Mitchell o Francis Lalande.

“Aznavour era el Víctor Hugo de la canción”, declaró Lalande a los periodistas poco antes de entrar en la zona reservada a los invitados, mientras varios centenares de personas más seguían la ceremonia desde las pantallas gigantes instaladas en la explanada que separa Los Inválidos de la orilla del Sena.

Hasta allí caminó, con dificultad debido a su avanzada edad, Elisabet, una armenia que, como muchos compatriotas más, quiso dar su propio adiós a quien siempre consideró un “hermano”.

Aznavour “era nuestra familia, todos somos iguales, todos tenemos la misma historia”, explicaba Elisabet que, como el artista, nació “por accidente” en Francia, en el seno de una familia que huía tras el genocidio armenio y que no consiguió llegar a su destino deseado, Estados Unidos. Una comunidad que, como el propio Aznavour, nunca olvidó sus raíces y supo combinarlas, como se recordó este viernes, con el orgullo de ser, a la par, francés.

Cerca, Muriel, una parisina hija de parisinos, también había acudido a rendir un último homenaje a un creador del que adora “todas sus canciones”. También, admitía reprimiendo una lágrima, “es un homenaje a mi madre, que falleció hace siete años y también era fan” de Aznavour, un cantante que, a lo largo de sus siete décadas de carrera, consiguió tocar los corazones de varias generaciones. Una muestra era la gran cantidad de jóvenes que se entremezclaban entre los que dieron un último adiós al Frank Sinatra francés, algunos con ramos de flores. Como Marie y Jeanne, dos veinteañeras seducidas por el “gran carisma” del autor de La bohème o Emmenez moi, el tema entonado por la banda militar que participó en el homenaje.

“Sus canciones son intemporales”, tenía unas letras “que te llevan lejos”, explicaban las jóvenes su devoción por un cantante casi ocho décadas mayor que ellas. Es este cariño popular e intergeneracional —aunque la participación ciudadana no se quedó lejos de las masas que se concentraron en París en diciembre del año pasado para el funeral de otro ídolo galo, Johnny Hallyday— el que convenció a la familia de Aznavour para aceptar un homenaje público al que en un principio se había negado.

El patrón de la chanson será enterrado este sábado, ya en la más “estricta intimidad”, según la Agencia France Presse, en Montfort-l’Amaury, a las afueras de París en una tumba familiar donde reposan sus padres y, también, uno de los seis hijos que tuvo con tres mujeres diferentes, Patrick, fallecido a los 25 años.

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