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Autopsia de la gran corrupción española

Un pase privado de 'El reino’, que se estrena este viernes, reúne a políticos como Cifuentes, Madina, Monedero y Andrea Levy. Marjaliza y El Bigotes fueron asesores del filme

Cristina Cifuentes y el presidente de la Federación de Fútbol, Luis Rubiales, el martes, en el pase de 'El reino', en Madrid.
Cristina Cifuentes y el presidente de la Federación de Fútbol, Luis Rubiales, el martes, en el pase de 'El reino', en Madrid.

Hace calor en Madrid. Son las nueve de la noche y la gente se reúne en los bares de alrededor de la Academia de Cine. A la izquierda las luces azules de la sede del PP en Génova, a la derecha Cristina Cifuentes haciéndose fotos con varias personas que la reclaman. Es la primera salida social, por usar un eufemismo de bárbaros, de la extodopoderosa política del PP dimitida. Le abren paso a Cifuentes, como en los viejos tiempos, pero en lugar de lo que hacía entonces, sonríe y avanza sin detenerse. A 10 metros, el exdiputado socialista Eduardo Madina —“yo estoy de maravilla fuera de la política”— apura la caña a dos mesas de Andrea Levy, que entra en la Academia detrás de Cifuentes sin que las dos se crucen ni se saluden: “No coincidió”, dice lacónica la vicesecretaria general del PP.

Aparece de repente, casi brincando, un tipo ágil con una sudadera de capucha y gafitas redondas: “Soy Juan Carlos Monedero, encantado”. Saluda a todos sus adversarios, se sienta en la butaca, toma notas durante la película y se descacharra de risa con varias escenas que no tienen humor —“es que la película de la corrupción en España debe oler a ajo, no a colonia de película de superhéroes”, dice—. A Cifuentes, que viene con su hijo, le ha tocado en la butaca vecina a la de la periodista Cristina Pardo, azote de ella y de todos: “Me miró un momento, la iba a saludar y se giró de repente; me sorprendió, la verdad”, dice la presentadora de La Sexta.

La expresidenta de la Comunidad de Madrid se va como vino, rápido y tras hacerse varias fotos; no pudo asistir la periodista Ana Pastor, aunque su sombra planea por la película gracias a Bárbara Lennie, ni tampoco Alfredo Pérez Rubalcaba. El político socialista comenta que hizo varias sugerencias al guion inicial para darle verosimilitud; a los cinco minutos vuelve a contactar con el periodista: “Verosimilitud judicial y política, me refiero”. David Marjaliza y Álvaro Pérez, El Bigotes, tampoco asisten al preestreno; ellos fueron los encargados de las sugerencias para darle a la historia verosimilitud en las formas y el fondo de la gran corrupción política. No hace calor en Madrid, hace calor en España.

¿De qué estamos hablando? De El reino, uno de los peliculones de la temporada, que se estrena este viernes, coproducido por Tornasol y Atresmedia, entre otros. Un filme que retrata el vertedero moral de un partido en una comunidad autónoma de la costa española, cuyos tentáculos alcanzan Madrid, Andorra y Suiza. De hacerse pública una libreta con pagos a cargos políticos, empresarios, periodistas y demás gentes de buen vivir, el sistema explotará. “¿Por qué en España nos cuesta hablar de nuestros políticos con nombres y apellidos? Valle-Inclán lo hizo en Luces de Bohemia”, se lamenta Monedero; se ve que quiere descansar la imaginación.

En la película se filtra un vídeo grabado en un yate de los corruptos y sus parejas en pleno dolce far niente en el que los personajes y algunos diálogos se disponen exactamente como en el vídeo grabado por El Bigotes a él mismo, Alberto López Viejo, Alejandro Agag o Francisco Correa en un barco parecido. Y en una escena divertidísima, un personaje (el inmenso Luis Zahera) cuenta cómo tuvieron que sacar el dinero en un helicóptero de Tráfico para llevarlo a Andorra, un original sistema patentado por la familia Pujol.

Quizá la mejor paradoja sea que el único político aparentamente honrado, interpretado por Francisco Reyes, se llame Rodrigo. Efectivamente, todos en la sala pensaban lo mismo: en Rodrigo Sorogoyen, director de la obra. Presente junto a todo el equipo encabezado por “el mejor actor de este país” en boca de Eduardo Madina: Antonio de la Torre. “Es una película que describe el túnel psicológico de la corrupción de una forma impresionante”, dice el socialista. “El lenguaje ha sido mil veces visto en crónicas sobre la corrupción y quizás por eso la cinta a veces confunde con el género. A ratos, es ficción. A ratos, documental. Sorogoyen ha rodado la ciénaga”.

De la ciénaga, Cristina Pardo destaca lo bien retratada que está la angustia de las horas previas a que te detengan: ese espacio de tiempo que hay desde la filtración a la prensa hasta la llegada de los agentes, a veces días. “La película me gustó muchísimo”, dice Cristina Cifuentes al día siguiente. “Yo ya había leído el guión y estuve visitándoles durante el rodaje, pero el resultado mejora las expectativas", añade. Monedero no se anda con chiquitas: “En El reino no se cita al PP. Pero es una película sobre el PP. Y una película con ráfagas de valentía. Eso sí, sin Rajoy, sin Bárcenas, sin Antena 3 ni La Razón. Sin jueces corruptos ni fiscales corruptos. Una película sin Villarejo. Una película que se cuida las espaldas. Y, como en las películas americanas, al final hay la voluntad de presentar al gánster como un héroe”.

Levy destaca la interpretación de De la Torre como hombre superado; a la salida de la película le llama la atención un error en el asesoramiento de sus compañeros: los políticos nunca se sientan detrás del chófer. Pardo revela un detalle: las escenas de los juzgados se rodaron en el Instituto Anatómico Forense. La metáfora se eleva sobre el espíritu de una historia que abre en canal un país bajo una música espídica en la que no se sabe si empieza Trainspotting o El reino. Todo bajo el mandato inequívoco del señor Burns, el jefe de Homer Simpson: daría todo lo que tengo por un poco más. Se lleve a quien se lleve por delante.

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