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David Cronenberg, el veterano del futuro

El cineasta recibe el León de Oro a la carrera del festival de Venecia y analiza en una clase magistral los cambios que vive el séptimo arte

El director canadiense David Cronenberg durante el festival de Venecia.
El director canadiense David Cronenberg durante el festival de Venecia. AP

El pequeño David Cronenberg (Toronto, 1943) tenía una cita semanal con la aventura. Cada sábado, acudía con otros niños del barrio al cine Pylon, a descubrir vaqueros y piratas. Un día, al salir, miró al otro lado de la calle. Vio otra sala y espectadores como él. Pero eran adultos y lloraban. Así que se acercó, para entender qué provocaba aquella reacción. Halló la respuesta en el cartel: La strada, de Federico Fellini. “Me hizo entender que el cine podía ser arte, no solo diversión. Aunque tardé mucho en creer que yo también podría hacerlo”, recordaba este miércoles el canadiense. Se le dio estupendamente: la prueba está en el León de Oro a la carrera que le entrega este miércoles el festival de Venecia, y en las decenas de asistentes que recibieron de pie y entre aplausos la clase magistral que ofreció en La Mostra.

Tras la cámara, Cronenberg es un maestro en generar incomodidad en el espectador. Sangre, provocación, angustia y secretos son elementos recurrentes en su cine, de Una historia de violencia a La mosca. Pero, sentado ante el público, hizo sentir a todos como en casa. Risueño y entregado, el cineasta sorprendió también con el centro de su debate. Cuando le preguntaron de qué querría hablar, respondió que no le interesaba repasar sus películas. Prefería reflexionar sobre el futuro del séptimo arte y sus grandes cambios. La palabra que más repitió fue “Netflix”. Tanto que bromeó: “Deberían ficharme como ejecutivo. Además, hace bastante que no trabajo”.

Al fin y al cabo, el creador de Crash e Inseparables siempre ha mirado más allá del horizonte establecido. A sus 75 años, por lo visto, no ha dejado de hacerlo. “La pregunta interesante es: ‘¿Una película realizada para Netflix es cine?’. En la producción, sí. Cuando sale, se convierte en otra cosa. Puede que no llegue a la gran pantalla, pero irá en un solo día a 190 países. Nunca había ocurrido antes y ya nada será igual”, aseveró. Lejos del integrismo, Cronenberg abrió incluso a la posibilidad de ver los filmes en los móviles, o formatos aún más pequeños. Aunque matizó con ironía: “Lawrence de Arabia en un reloj debe de ser bastante distinto”.

Pero él mismo experimentó una parte de esta revolución. Vio La forma del agua, la obra de Guillermo del Toro que ganó La Mostra el año pasado, en Blu-ray, en el enorme televisor de su salón. Tiempo después, repitió, en sala. “Por la calidad de la imagen, tuve una experiencia mejor en casa, lo admito”, dijo. Reconoció que se puede perder la experiencia “casi religiosa” de un colectivo de desconocidos atrapado en un cine, aunque encontró una rápida solución: “Os invito a todos a ver películas en mi casa en Toronto”. Hasta dio la dirección exacta. A saber cuántos la apuntaron.

Netflix tiene implicaciones enormes que aún no se conocen.

David Cronenberg

“Netflix tiene implicaciones enormes que aún no se conocen. Están dispuestos a producir películas en cualquier lado del mundo. Además, para promocionarlas, nunca mencionan al director o los actores. Enseñan un trozo, de qué se trata, el tono. Es el producto que debe atraer, a veces no sabes ni la lengua en que está rodada”, agregó. Célebre por las series, la compañía ha traído hasta La Mostra un despliegue fílmico poderoso, liderado por Roma, de Alfonso Cuarón, favorita para el León de Oro de este año. Cronenberg, en cambio, se plantea el camino opuesto: dirigir una serie. “Las que duran años son parecidas a las novelas. Vives con los personajes. Y te permite profundizar en aspectos que el cine impide”, defendió.

La nostalgia no debe de ser lo suyo. Cronenberg agradeció el formato digital, según él más parecido a la mente humana –“copias, pegas y mueves todo en un segundo”-, y lamentó la frustración, los resultados y los tiempos de espera del celuloide: “Si querías ver una secuencia distinta, el montador necesitaba al menos una hora para tenerla lista”. A la vez, su novela Consumidos también está en proceso de convertirse en una serie, aunque Cronenberg aseguró que no la filmará él. “El guion es una forma de escritura muy extraña. La calidad de la literatura es irrelevante: si sabes escribir diálogos, pero tu prosa es horrible, puedes ser buen guionista”, añadió.

De todas las novedades, la realidad virtual le atrae menos: le fascina, pero le provoca náusea “a los tres minutos”. Muchos más pasaron antes de que Cronenberg al fin hablara de su cine. Dijo que quería traer al festival Crash –“la mejor, no la que ganó el Oscar”-pero que la copia original precisaba de una restauración. Por tanto, optó por M. Butterfly. Aunque su filme más conocido, amado y criticado, donde los accidentes en la carretera son fuentes de excitación sexual, también salió en la conversación. Le preguntaron por la censura que sufrió. “Le ocurre a cualquier artista que empuja los horizontes y códigos de aceptación. Uno de los grandes momentos de mi carrera fue proyectar Crash en Cannes. El director del festival me dijo que quería ponerlo en el centro de la programación, para que explotara como una bomba. ¡Hubo mucho odio, fue bellísimo!”. El placer de incomodar. Puro Cronenberg.

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