Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Política de lesa vecindad

Es, en suma, una película poblada de monstruos verosímiles y cotidianos

Un fotograma de 'Buenos vecinos'.
Un fotograma de 'Buenos vecinos'.

Una modesta flor crecida en la linde de dos propiedades le sirvió a Norman McLaren para construir una metáfora universal en torno a la locura de todas las guerras en Neighbours (1952), su oscarizado cortometraje realizado con esa técnica de la pixelación que convertía a cada actor y a cada objeto en figura animada fotograma a fotograma y, por tanto, en algo más cercano a la idea (abstracta) que a la representación realista. Lo que empezaba como discusión trivial culminaba en guerra tribal, capaz de transgredir los tabúes básicos sobre los que se asienta toda idea de civilización. En Buenos vecinos, comedia negra del islandés Haffstein Günnar Sigurðsson, el conflicto entre dos familias se desencadena de una manera similar: la sombra del imponente árbol que un veterano matrimonio tiene en su jardín impide tomar el sol a la nueva –y joven- esposa del vecino de al lado. McLaren trabajaba con las claves de la parábola y el director islandés lo hace con las de la comedia costumbrista, pero el crescendo no llega a territorios menos excesivos. Buenos vecinos no es la comedia más refrescante para este verano, pero sí una sórdida historia con alto poder de perturbación que, de algún modo, parece ofrecer una sangrienta y algo morbosa instantánea de los males de Europa.

BUENOS VECINOS

Dirección: Haffstein Günnar Sigurðsson.

Intérpretes: Steinþór Hróar Steinþórsson, Edda Björgvinsdóttir, Sigurður Sigurjónsson, Þorsteinn Bachmann.

Género: comedia.

Islandia, 2017

Duración: 89 minutos.

Haffstein Günnar Sigurðsson filma a sus personajes como si les estuviera acosando y aprovecha cada escena para dejar en el aire la evidencia de un profundo malestar o de una muy interiorizada insatisfacción. Buenos vecinos es, en suma, una película poblada de monstruos verosímiles y cotidianos, en cuyo desarrollo brilla en particular la transformación del rostro de un personaje al descubrir la crueldad manifiesta de su esposa. Lo que hace después ese personaje deja claro que el cineasta no conserva demasiada fe en el ser humano.