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¿Cuántos toros de Osborne hay en España?

Un libro recoge la obsesión de Pau Barroso por retratar todas y cada una de las icónicas vallas publicitarias

Toros de Osborne Ver fotogalería
'14 de febrero', una de las fotografías del libro 'Toro'.

Casi a diario se le presentaba su obsesión: encontrar el siguiente toro. El fotógrafo madrileño Pau Barroso decidió en el año 2008, por voluntad propia, localizar y capturar con su cámara todos los toros publicitarios que la marca Osborne distribuyó durante décadas por el paisaje español, hasta los 90 que hay hoy en pie. “Quise contextualizar, lejos de polémicas”, esa figura reconocible que creó en 1957 el gaditano Manolo Prieto (1912-1991), dice Barroso por teléfono. “Prieto era una locura de diseñador, además de izquierdas”, añade, para alejarlo de prejuicios sobre su trabajo más popular, “que no puede relacionarse con el toro de lidia”, sostiene.

Barroso ha querido también, con esta road movie de búsqueda de unas vallas que traspasaron los intereses comerciales para los que fueron levantadas, “reivindicar la labor del fotoperiodista, una profesión infravalorada”, subraya. Han sido unos 90.000 kilómetros recorridos durante casi cuatro años para poder hallar los 90 toros, “de los que aproximadamente la mitad está en autovías y la otra en las antiguas carreteras nacionales”.

Las numerosas horas de soledad, de averiguaciones para fotografiar el mismo objetivo (“a todos regresaba para no repetir nunca una foto”), le generó un desgaste en el que llegó a plantearse: “¿Pero qué estoy haciendo?”. Por suerte, tanto trajinar ha tenido su recompensa con la reciente publicación del libro Toro, editado por la Fundación Osborne y la Fundación Santa María la Real de Patrimonio Histórico, con motivo de los 60 años, cumplidos en 2017, de la primera valla de esta marca de bebidas alcohólicas que se instaló en España, en Cabanillas de la Sierra (Madrid). Fue en el kilómetro 55 de la Nacional I, era un anuncio de madera, de cuatro metros de altura y con los cuernos blancos. Su nacimiento acompañó al de los Seat 600 que empezaban a circular por las carreteras españolas.

En solo un año, había 15 miembros más en la manada. En 1961, el animal creció hasta los siete metros y pasó a fabricarse en chapa de hierro, completamente en negro. Más adelante, duplicó su altura, cuando la normativa obligó a alejarlo aún más de las vías, lo que lo transformó en un emblema de 50.000 kilos de peso.

Desde entonces, cada silueta ha desarrollado su propia historia y se han usado su perfil negro como un lienzo sobre el que reproducir “desde figuras del Guernica hasta esvásticas”, o para conmemorar los Sanfermines, así ocurre con uno en Toledo, que cada 7 de julio aparece adornado con un pañuelico. Junto a las imágenes, en el libro, con textos del historiador Jaime Nuño, de la Fundación Santa María la Real, hay un mapa para localizar dónde están: Andalucía encabeza el número de ejemplares, con 23, seguida de Castilla-La Mancha (14). Hay toros en todas las comunidades autónomas, excepto Cantabria y la Región de Murcia, y de España, saltaron a Dinamarca y México.

El fotógrafo ha tenido asimismo su ración de anécdotas, desde placenteras conversaciones a la sombra con pastores que no entendían muy bien lo que hacía, hasta situaciones comprometidas, como cuando se vio encañonado por una escopeta porque para hacer su foto había entrado en una finca privada, o las luchas contra las avispas.

Para este trabajo, Barroso usó un objetivo corto y ha jugado con aspectos como la ubicación de la valla, normalmente en altos alejados de la carretera; el tiempo meteorológico, los hay con sol, fotografiados a más de 40 grados, o nevados, a 10 bajo cero, negro sobre blanco. Algunos están iluminados por la luna llena y otros tienen la luz del amanecer. También el entorno, mostrados junto a señales de tráfico o de la red ferroviaria. En otras ocasiones, los toros de Barroso están acompañados de personas que pasaban por allí, o conviven con ovejas, cerdos, caballos… Levantados junto a cementerios y campos de golf, o sorprenden cercanos a rascacielos. Siempre con su monumental figura inmóvil dominando el horizonte.

El toro de hierro indultado

En 1987, el Gobierno socialista de Felipe González decretó la prohibición de las vallas publicitarias en las carreteras por seguridad vial. Osborne intentó sortear la ley eliminando todo mensaje publicitario de la superficie del toro, que quedó pintado por completo de negro. Tras una multa en 1994 por mantener las célebres siluetas, consideradas publicidad subliminal, la Junta de Andalucía declaró Bien de Interés Cultural a los toros de su territorio. En 1997, el Tribunal Supremo falló a favor de la compañía tras el recurso que había presentado esta por considerar que su popular publicidad se había “integrado en el paisaje”, y argumentaba para su conservación “el interés estético”. Así, el toro de Osborne fue indultado y en 2017 se pudieron celebrar los 60 años de la primera figura, levantada a las afueras de Madrid.

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