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Los informativos de los noventa son las series de hoy

Numerosas ficciones dramatizan las noticias más mediáticas de finales de siglo para darles un nuevo foco

'Manhunt: Unabomber'

En la televisión del bar se atisba el enésimo capítulo en el culebrón real de Monica Lewinsky. Jay Leno está a punto de soltar un chiste sobre sexo en el despacho oval. Los hombres trajeados de la barra discuten lo último del presidente Bill Clinton mientras suena What is Love. Uno saca un móvil del bolsillo y lo sujeta con ambas manos. Le quita la tapa, tira de la antena y empieza a hablar. Son los noventa.

Es posible que haya visto una versión de esta escena en alguna serie durante los últimos meses. Sin hacer mucho ruido, la última década del siglo XX ha invadido la ficción con una nostalgia muy distinta de la ochentera. No hay referencias cinematográficas a la niñez ni sucesos sobrenaturales inspirados en ET, Los Goonies o Regreso al futuro (como sí hacía la fallida Todo es una mierda). Las series recuerdan los noventa por los crímenes televisados, noticias de última hora y la pasión por la fama. Tres décadas después, la ficción apuesta por dramatizar las bambalinas de los informativos todavía frescos en la mente del espectador.

Era 17 de junio de 1994 y CNN retransmitía en directo la persecución de un Bronco por la carretera de Los Ángeles. Lo conducía la exestrella de fútbol americano O.J. Simpson, acusado de asesinar a su mujer. Los siguientes meses, la televisión iba a emitir el controvertido caso en directo. Abogados, fiscales, jueces y allegados del deportista se convertirían en los rostros más populares en EE UU, protagonistas de una nueva ola de informativos mezclados con entretenimiento. En American Crime Story: El pueblo contra O.J. (en Netflix), Ryan Murphy y su equipo utilizaban el caso para reflexionar sobre aquel fenómeno al que bautizaron infotainment (que acabó invadiendo todo), pero también sobre racismo, justicia, machismo y fama (temáticas que aparecerán en casi todas las series sobre la década). De paso, regresaron a uno de los momentos más impactantes de la historia de la televisión: cómo se llegó al veredicto de inocencia. Gracias a mirarlo con perspectiva, la historia se reenfoca y lanza un nuevo discurso. Esa misma estrategia la respetó la película Yo, Tonya, sobre la controvertida patinadora sobre hielo. El mensaje se vuelve más importante que el crimen, que los hechos objetivos.

Cronología de una década complicada

Los informativos de los noventa son las series de hoy

La segunda temporada de la serie antológica echó adelante en el tiempo hasta 1997. El foco era El asesinato de Gianni Versace, pero los elementos del true-crime, la perdición de la fama, la obsesión y la crítica social, esta vez con la homofobia de motor, seguían presentes en la serie con 18 nominaciones a los premios Emmy. El complicado villano era el redimido protagonista. Todo lo demás, desde camisas hawaianas a hombreras, son puros noventa.

Pero el ambicioso Andrew Cunanan no fue el único asesino en serie de una época marcada por crímenes escabrosos. Manhunt: Unabomber (también en Netflix) sigue al equipo de la CIA que cazó al criminal que enviaba bombas por correo. Para su segunda temporada, el director Greg Yaitanes quiere volver: "Los noventa están interconectados. El asedio de Waco, Oklahoma, los Menéndez, O.J... Las cámaras entraban por primera vez en los tribunales y el país estaba pegado al misterio de la reina de la belleza infantil JonBénet, donde que trabajó el mismo agente. Me encanta construir un universo con pequeñas conexiones". En alguna se le han adelantado. Ley y Orden True Crime: El caso Menéndez viajó a 1996 para narrar el juicio a los jóvenes acusados de matar a sus padres; y Waco, todavía sin canal en España, cuenta la historia del líder de una secta que llevó a sus seguidores en 1993 a un asedio tras el que acabaron masacrados.

Aunque no todo eran asesinatos. En 1998 comienza The Looming Tower (en Amazon), que avanza hasta la fecha que cerró el siglo: el 11-S de 2001. Jeff Daniels capitanea esta historia sobre la rivalidad entre el FBI y la CIA que torpedeó la lucha antiterrorista para evitar el ataque a las torres gemelas. La puerta de atrás de lo que nos contaron en directo.

El propio Ryan Murphy regresará a los noventa en Feud con una temporada dedicada al tormentoso divorcio del Príncipe Carlos de Inglaterra y Diana de Gales, muerta en un accidente de coche perseguida por paparazis en 1997, antes de que The Crown alcance este momento cumbre para la monarquía británica. Lewinsky y su aventura con el presidente iban a protagonizar también un nuevo American Crime Story, pero el creador recapacitó. Era ella quien debía reenfocar el escándalo que cambió su vida: "Sería asqueroso que otro lo narrara. Debe ser productora y sacar dinero". Así, al dar voz a quien se le negó, busca replantear una década.

Dramatizar la verdad

Las ficciones basadas en hechos reales siempre irán acompañadas de polémica. Más incluso las que todavía siguen en la memoria del espectador y con sus protagonistas vivos. Después de que la actriz Olivia de Havilland denunciara a Ryan Murphy por su representación en Feud, Donatella Versace pidió que en la segunda temporada de American Crime Story se explicara que la serie no es lo que realmente ocurrió durante el asesinato de su hermano. Es el eterno debate de la realidad frente a la ficción, que tiene que estrujar la vida, rellenar huecos, inventar personajes y cambiar sucesos para hacer narrativa la rutina. La vida no se resume en 10 episodios. El género lo embellece.

Adaptaciones como el propio Asesinato de Gianni Versace, Waco o la película Yo, Tonya se han enfrentado, además, a la acusación de que embellecen a los asesinos al convertirlos en protagonistas del relato de sus crímenes. Al conocer la evolución de un asesino es imposible no sentir un poco de comprensión, y eso es lo que intentan hacer estas producciones.

En las series de ficción el debate se cierra pronto. Es, al fin y al cabo, ficción. Pero la crítica de parcialidad ha alcanzado también a documentales sobre crímenes reales, como Making a Murderer, que trataba de demostrar que su protagonista no era culpable de los crímenes que le acusaban desde la Fiscalía; The Staircase o The Jinx, que criticaron por jugar con los tiempos narrativos para engañar (o al menos llevar hacia un mensaje concreto) al espectador.

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