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COLUMNA

Olivia de Havilland contra la ficción

La denuncia de la actriz de 'Lo que el viento se llevó' a 'Feud' es un ataque contra las historias biográficas

Catherine Zeta-Jones (Havilland) y Susan Sarandon (Davies) en 'Feud'.
Catherine Zeta-Jones (Havilland) y Susan Sarandon (Davies) en 'Feud'.

Olivia de Havilland tiene casi 102 años y muchas ganas de dar guerra. Y todos nos alegramos. Si un mito del cine clásico decide poner una denuncia contra una serie como reivindicación de su vida, es instintivo apoyar su cruzada. ¡Bravo por una mujer tratada injustamente!, gritaremos. Pero sin emocionarse... Si hubiese ganado, su pelea podría sentar un complicado precedente en la libertad creativa. Pero no ganó al no ser admitida su demanda ya que la corte defendió la libertad de expresión de la cadena.

Estos son los argumentos. La actriz de Lo que el viento se llevó y La heredera ha llevado a los tribunales a la serie Feud de Ryan Murphy, sobre la enemistad de Bette Davis y Joan Crawford, reclamando que lo que sucede allí no es real. Que jamás dio una entrevista sobre ellas y que tampoco llamó "zorra" a su hermana Joan Fontaine, cuya disfuncional relación daría para otra temporada. Cree que se ha puesto en juego una reputación ganada con "honestidad, integridad y buenas maneras", cuenta a The New York Times. Y aunque su personaje, interpretado por Catherine Zeta-Jones, sea secundario, critica que nadie la llamara. ¿Le da eso derecho para denunciar una obra de ficción?

Si todos los protagonistas de un biopic tuvieran que aportar su versión, no solo no saldrían adelante la mayoría sino que los que lo hicieran serían historias oficiales en primera persona, con los sesgos y necesidad de quedar bien que eso implica. Aburrido y blanco. Isabel II nunca hubiese dado luz verde a The Crown y sus insinuados líos de faldas y Nixon hubiese podido censurar cualquier duda no probada vertida sobre él en Todos los hombres del presidente. Muchas de las nominadas al Oscar (este año Los archivos del Pentágono y El instante más oscuro eran biopics) ni pasarían el corte. Hasta Mozart podría despertar de su letargo para reclamar que nunca fue tan maleducado contra Salieri como muestra Amadeus.

Debemos aspirar a pensar que la audiencia es inteligente y que cuenta con bagaje audiovisual suficiente para entender que las obras son una versión ficcionalizada de los hechos. El guionista no compartió alcoba con los implicados, pero su historia humana trasciende las leyes de la realidad. Las películas tienen derecho a dar un discurso y posicionarse y necesitan de un ritmo narrativo para estructurar su historia, lejos de la aburrida vida. Espero con ansias la temporada de Feud sobre el combate Havilland vs. Murphy.

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