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Editorial:

Veredicto polémico

ANTE EL veredicto absolutorio de O. J. Simpson, famoso jugador de fútbol americano de raza negra acusado de haber asesinado a su mujer y a un amigo de ésta, lo más fácil era cuestionar la imparcialidad y capacidad del jurado que lo ha emitido. Ésa ha sido la reacción mayoritaria de la sociedad blanca de EE UU para la que, según las encuestas, Simpson es culpable del doble asesinato de que era acusado. También ha sido esa la opinión que ha prendido en los sectores antijuradistas de otros países, entre ellos España.Pero en la comunidad negra de EE UU todo lo que concieme al caso Simpson ha sido visto de modo muy distinto. Su júbilo ante la absolución permite imaginar la desazón con que hubiera acogido su culpabilidad. Lo sucedido no es, pues, únicamente una cuestión del jurado. Revela la profunda fractura racial de la sociedad americana, que afecta también a sus instituciones, incluida la justicia.

La cuestión racial ha estado presente durante los nueve meses de proceso. Ha arrojado graves sospechas sobre la actuación de la policía de Los Ángeles que le detuvo ha cuestionado la solidez de las pruebas aportadas por la acusación y ha dado argumentos importantes al costoso equipo de abogados de la defensa. ¿Hubiera sido distinto el veredicto pronunciado en este caso por jueces profesionales? No hay modo de saberlo. Es un prejuicio dar por hecho que el veredicto habría sido más ajustado a las evidencias existentes. Veredictos de jueces profesionales bajo sospecha de prejuicio racial los hay abundantes en la historia de la justicia estadounidense.

Con ese transfondo de división racial, un juicio justo en un proceso como el de O. J. Simpson no es tarea fácil, con jurado o con jueces. Y habrá que analizar si la retransmisión televisiva en directo de las sesiones del juicio ha facilitado o dificultado aún más esa tarea. Lo cual no quiere decir que el veredicto no sea justo de acuerdo con las pruebas aportadas. La unanirnidad y la rapidez con que ha sido emitido muestra la firme convicción de cada uno de los 12 miembros del jurado -nueve ciudadanos negros y tres blancos- a la hora de decidirse por la no culpabilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de octubre de 1995