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Retrato de familia con catástrofe

Las cartas están sobre la mesa y nadie debería irritarse demasiado por el déficit de originalidad

'El rascacielos'
Dwayne Johnson, en 'El rascacielos'.

EL RASCACIELOS

Dirección: Rawson Marshall Thurber.

Intérpretes: Dwayne Johnson, Neve Campbell, Noah Taylor, McKenna Roberts.

Género: acción. Estados Unidos, 2018.

Duración: 102 minutos.

En San Andrés (2015), Dwayne Johnson encabezaba el reparto de una película que introducía una curiosa variable con respecto al cine de catástrofes de los años 70: frente al protagonismo coral y la diversidad de microhistorias hermanadas por el caos, el relato se focalizaba en una reunificación familiar, que convertía en meros daños colaterales al resto de afectados por la acción combinada de un terremoto y un tsunami que casi borraban del mapa a Los Ángeles y San Francisco. Aquí se repite escrupulosamente la fórmula, aportando una coartada narrativa algo más consistente: la esposa y los hijos del héroe son los únicos huéspedes –magnate y plantel de villanos aparte- del imponente rascacielos siniestrado.

El rascacielos es una de esas películas que parecen congratularse de haber habilitado espacio para todos los tópicos asociados al campo semántico del género: hay un héroe con trauma a cuestas (y pierna prostética que salva más de una situación), secundarios que a la primera aparición transpiran doblez y villanía, funcionales dispositivos dramáticos para pulsar la tecla del falso culpable y olvidarla cuando mejor convenga, inocentes amenazados y un impresionante decorado que, presentado en el primer tramo de la historia, se anticipa como espacio ideal en el que ambientar el explosivo clímax final. Las cartas están sobre la mesa y nadie debería irritarse demasiado por el déficit de originalidad, pero a un director procedente de la comedia como Rawson Marshall Thurber quizá se le podría haber pedido una cierta flexibilidad cómica o distanciada frente a esos materiales, ya que estilo a la hora de rodar las escenas de acción quizá hubiese sido mucho pedir. Un clímax que es el despilfarro high-tech del desenlace de La dama de Shanghai (1947) pone en evidencia que el carisma de Dwayne Johnson es el único asidero en una propuesta demasiado rutinaria.