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Callejo, de la estirpe de los cómicos

Una comedia sobre la corrupción en la que los tintes negros son magníficos y en la que destaca sobremanera el actor protagonista con una interpretación deslumbrante

jefe
Juana Acosta y Luis Callejo, en 'Jefe'.

JEFE

Dirección: Sergio Barrejón.

Intérpretes: Luis Callejo, Juana Acosta, Carlos D’Ursi, Josean Bengoetxea.

Género: comedia. España, 2018.

Duración: 90 minutos.

En condiciones normales Sergio Barrejón debería llevar al menos 10 años haciendo largometrajes. Y, sin embargo, ha tenido que esperar 17 desde aquel formidable corto El paraguas, seguido de alguna que otra pieza brillante, como El encargado (2008), de guiones para otros, y de la escritura profesional de cientos de episodios para series como Amar es para siempre, La sonata del silencio y La catedral del mar, para que llegara su debut en el cine como director: Jefe, coescrita por otro habitual guionista de la maquinaria televisiva, Natxo López. Una comedia sobre la corrupción en la que los tintes negros son magníficos y en la que la parte más blanca baja un tanto el nivel, pero en la que destaca sobremanera Luis Callejo con una interpretación deslumbrante.

Callejo, otro profesional de largo recorrido, bregado en decenas de cortos, que había empezado precisamente con Barrejón en las piezas rodadas en vídeo Tres tristes traumas, desternillantes monólogos de (aparente) aficionado, en los que ya aunaba una maravillosa y espontánea vis cómica y una perfecta dicción, ofrece un recital en Jefe. Con infinitos registros, desde la desvergüenza hasta la ternura, y con perfectas modulaciones e inflexiones del tono en apenas un segundo, el actor logra pasar del patetismo a la comedia física, de lo insultante a la tragedia personal, de la comedia gruesa a la sutileza, como solo los grandes cómicos pueden hacer. Un personaje repugnante al que, vivan las contradicciones, se le acaba cogiendo cariño, muy bien escrito por López y Marta Piedade, y filmado con gusto por Barrejón (gran travelling de presentación en el coche, en el primer minuto). Un bocachancla convertido en el jefe de todo esto, que muta de villano a héroe al estilo español: entre contabilidades B, prostíbulos de carretera y conflictos familiares.

Es una pena que la relación amorosa con la empleada de la limpieza de la empresa no acabe de desarrollarse con convicción, sobre todo porque hay cambios de tono hacia lo romántico que no acaban de ensamblar con la parte más negra, la que lleva a un personaje patético hacia la dignidad sin necesidad de dejar de ser repulsivo. Pero parece incuestionable que estamos ante un debut más que prometedor.

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