Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Cuarteto Casals a la sombra de Beethoven

Una hora de música cuartetística que han puesto el listón del ciclo muy elevado

El Cuarteto Casals, de izquierda a derecha: Arnau Tomàs, Abel Tomàs, Vera Martínez Mehner y Jonathan Brown.
El Cuarteto Casals, de izquierda a derecha: Arnau Tomàs, Abel Tomàs, Vera Martínez Mehner y Jonathan Brown.

El Cuarteto Casals marcó un hito trascendental para la música de cámara española a raíz de su nacimiento en 1997, los cuartetos de cuerda habían sido una dolorosa asignatura pendiente. Tras ellos han surgido otros que han dejado atrás la imagen de tercermundismo que asolaba a España cuando pensábamos en la materia reina de las agrupaciones clásicas de pequeño formato.

Ahora, los Casals celebran sus veinte años y pico con una soberana demostración de fuerza y vitalidad en un ciclo que toma como eje la integral de los cuartetos de cuerda de Beethoven. Para un cuarteto de cuerda, los diecisiete del divino sordo son como la serie de ochomiles para un alpinista. Pero el grupo nacido cuando el siglo XX se cerraba ha añadido al ciclo de presentación más madera: seis estrenos mundiales de otros tantos compositores actuales entrelazados en estos seis conciertos que revivan el trascendental legado beethoveniano.

El ciclo, iniciado ayer, día 24 en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, se sitúa en el denominado Contrapunto de Verano del CNDM y es la primera música que suena tras la señalada despedida de su director Antonio Moral.

Cuartetos nos. 95, 130 y 135 de Beethoven. Widmung, de Benet Casablancas, estreno absoluto. Cuarteto Casals. Ciclo Contrapunto de Verano, CNDM, 24 de mayo, 21 de junio. Auditorio Nacional de Música, Sala de Cámara.

Para abrir boca, el Cuarteto Casals ha elegido tres monumentos cuartetísticos de Beethoven y el estreno del cuarto cuarteto de Benet Casablancas (Sabadell, 1954) y, como era de esperar, ha constituido un concierto de muy alto voltaje. De Beethoven se comenzaba la sesión con el Cuarteto nº 11, op 95, el último del grupo de sus cuartetos medios, una obra hoy domada pero que se consideró inejecutable en su estreno. Tras este inicio, que marcaba territorio, llegó el estreno, Widmung (Dedicatoria), con el que Casablancas afirma su presencia en un terreno maestro como es el cuarteto de cuerdas. Widmung es obra de madurez y ofrece solvencia y una buena carga idiomática en un terreno erizado de dificultades, y más si se estrena rodeado de monumentos beethovenianos. El autor de Sabadell ha tomado como referencia el si bemol que protagoniza los dos cuartetos posteriores en el programa y se brinda casi como un prólogo, con esa nota comienza y concluye una obra bien medida, no muy larga y extremadamente convincente.

Los dos cuartetos citados son nada menos que el opus 130 y la Gran fuga, opus 135. El opus 130 es el tercero de los legendarios seis últimos, y la Gran fuga era originalmente su último movimiento. Luego, dada la reputación de la Gran fuga, primero sulfurosa y gradualmente arrolladora, Beethoven accedió a separarla y compuso un Finale más conveniente para el 130. Ernesto de la Guardia, en su histórico estudio sobre los cuartetos de Beethoven, decía: “(…) siendo la obra 130 tan maravillosa debería ejecutarse alguna vez por partida doble en el mismo programa [los dos seguidos]. ¡Qué regalo no sería su audición repetida!” Pues bien, ese ha sido el regalo de los Casals que incluso se han permitido suprimir el Finale del 130. Una hora de música cuartetística solo en estas dos joyas que han puesto el listón del ciclo muy elevado. Quien se lo pierda lo lamentará.