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Asesinos laborales de élite

A través de una puesta en escena ágil el relato de Silhol parece una película del Hampa

Corporate
Célline Sallette y Lambert Wilson, en 'Corporate'.

CORPORATE

Dirección: Nicolas Silhol.

Intérpretes: Célline Sallette, Lambert Wilson, Stéphane De Groodt, Violaine Fumeaut.

Género: drama. Francia, 2017.

Duración: 95 minutos.

El hecho de que ciertas empresas tengan un protocolo de actuación en caso de suicidio de uno de sus trabajadores parece el mejor indicativo de que hay algo podrido en Dinamarca. Y Dinamarca, en el caso de la interesantísima película francesa Corporate, es, más allá de una firma concreta, el sistema. El sistema que permite estrategias de combate laboral, ingeniadas desde arriba para acabar cuando convenga con los de abajo, o los de en medio, y que convierte a determinados trabajadores del departamento de recursos humanos en asesinos de élite. Especialistas sin pistola, pero con silenciador, de mafias organizadas.

90.000 empleados tiene la empresa ficticia de la película de Nicolas Silhol, director y coguionista debutante. ¿Ficción? Sí, pero asentada en la realidad: en los meses alrededor del rodaje de Corporate, la fiscalía francesa pidió el procesamiento de siete exdirectivos de France Télécom por “acoso moral” y “desestabilización” de sus trabajadores. En tres años se habían suicidado 60 empleados. Y la historia de Silhol pone el foco en la parte más interesante, ambigua y compleja del drama: en la ejecutora, en este caso mujer, del plan concebido por los de más arriba. Una escalera de sometimientos y tortura organizada, sibilina y fantasmal, resumida en unos gráficos en PowerPoint encabezados por los eufemismos “gestión del saber estar” y “curva de emociones”.

A través de una puesta en escena ágil, sin contrariedades formales que despisten la verdadera esencia de fondo, con música solo en instantes sin texto, el relato de Silhol parece una película del Hampa porque con toda seguridad lo es, con sus informadores a la policía, en este caso a la inspección laboral, sus cargos superiores, y un padrino al que nunca se ve y que probablemente sea el sistema en sí mismo.

Revaluaciones empresariales, revaluaciones vitales. “Tiene usted 46 años, ¿dónde se ve dentro de 10 años?”, pregunta una jefa de recursos a un empleado. Y remacha: “No es una pregunta trampa, ¡eh!”. Sí lo es. Asesinos.

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