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Operación: traer la zarzuela al siglo XXI

En pleno proceso de unión con el Real y tras el anuncio de que se pedirá la declaración de patrimonio inmaterial, musicólogos y cantantes debaten sobre la vigencia del arte musical español

Un ensayo de Policías y ladrones en el Teatro de la Zarzuela.
Un ensayo de Policías y ladrones en el Teatro de la Zarzuela.

“¡Salvemos la zarzuela!”. El grito resuena en el ámbito musical en español entre aquellos que protestan por el reciente anuncio de unión del Teatro Real con el que actualmente está dedicado al género en Madrid. Y esconde un debate sobre su vigencia en el siglo XXI. Un recurrente debate que cobra especial fuerza hoy jueves, día en que está previsto el estreno de Policías y ladrones, del compositor Tomás Marco y el escritor y dramaturgo Álvaro del Amo. Debería ser el primer título nuevo en más de seis décadas que da un género que sobrevive a base de reposiciones. Pero los paros anunciados por los trabajadores del INAEM, organismo del ministerio de Cultura del que depende su programación, indican que el público tendrá que esperar para ver esta obra con trasfondo de corrupción política.

El proyecto de unión supondría juntar en una fundación pública uno de los trasatlánticos líricos de referencia en Europa, con un presupuesto cercano a los 100 millones de euros. La noticia multiplica las preguntas entre los defensores de un arte que languidece por falta de conexión con nuevos públicos. ¿No se comerá el pez grande al chico? ¿Cuál será el papel que juegue la zarzuela en términos de programación, recursos, foco mediático o expansión nacional e internacional? ¿Quedará relegada como segundona al dominio de la ópera? ¿Cómo lograr la supervivencia de un arte que lleva medio siglo menguando en atractivo popular?

La zarzuela tiene sus fieles. Y ocupan las butacas con una media del 94% en las 142 representaciones del año pasado. Pero pasan de los sesenta años. Según datos del propio teatro encargado de acogerla en Madrid, la edad media del público en la temporada 2016-17 fue de 63 años. En 2015, llegaba a los 69 años. Entre los objetivos declarados de la gestión del actual director, Daniel Bianco, está la búsqueda de nuevos públicos.

No sólo para la taquilla, también para la interpretación, a través del Proyecto Zarza. Cerca de 15.000 jóvenes, entre 12 y 18, han visto en los dos últimos años representaciones a cargo de cantantes que no pasan la treintena. Y en las últimas temporadas se ha abierto la puerta del teatro a directores de otros perfiles, como, entre otros, Paco León, Miguel del Arco, Andrés Lima, Calixto Bieito o Paco Mir, de Tricicle.

'Policías y ladrones': el nuevo título que no veremos

Una de las salidas más naturales que tiene la zarzuela para salvarse a sí misma es la nueva creación. Es lo que han intentado con Policías y ladrones, Tomás Marco y Álvaro del Amo, autor de la música y el libreto. Fue un encargo de Paolo Pinamonti, antiguo director del Teatro de la Zarzuela. Pero no verá la luz. Su estreno coincide con el primer paro de un total de 18 convocados este mes por los sindicatos en todas las unidades del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música (Inaem). Su objetivo: para evitar la unión con el Teatro Real. “Nos atraía el reto después que nos lo propusieran. Tratamos de hacer una zarzuela dentro del género. Todo el mundo se empeña en hacer óperas, incluido yo, pero es distinto. Debía llevar partes habladas y partes cantadas lo cual obliga a una estructura musical no por continuos sino por números cerrados”, afirma Marco. “Luego debía tratar un tema de actualidad con un enfoque en parte irónico y humorístico. El de la corrupción política nos pareció muy adecuado. Con una conclusión abierta pero que no aporta demasiada esperanza al futuro de las jóvenes generaciones”. El montaje lo ha ideado Carme Portaceli y lo dirige José Ramón Encinar. Pese a los malos augurios, han estado trabajando toda la semana santa en los ensayos. Pero no hay noticia de que, si los paros siguen adelante, se pueda ver en un futuro: “Que todo eso se lo va a llevar por delante la huelga, no me cabe la menor duda. Nadie ha dicho que se vaya a volver a hacer y el ministerio no ha aportado solución por el momento. Tampoco creo que el contenido de la obra les haga mayor ilusión”, añade Marco.

A todo eso, el nuevo proyecto quiere aportar una difusión global: “¿Quién puede negar el impacto que tendrán las retransmisiones en plazas públicas de España y Latinoamérica o a través de Facebook, como hemos hecho últimamente en el Real?”, comenta Gregorio Marañón, presidente del patronato. Los nuevos estatutos de la fundación que se va a crear prevén dar preminencia y singularidad a la zarzuela en el real decreto en marcha, según asegura Fernando Benzo, secretario de Estado de Cultura. La aspiración es, asegura, salvaguardar y traer este arte al siglo XXI. De hecho, el ministerio anunció ayer que ha iniciado los trámites para declarar la zarzuela Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial como “parte de la estrategia política de potenciar y proteger el género”.

Quizás este anuncio apacigüe la desconfianza de algunos sectores, como los que provienen de la Sociedad General de Autores (Sgae), cuya creación corre paralela a la defensa del género. El Centro de Documentación y Archivo (CEDOA) de la sociedad atesora más de 7.000 títulos solo en su sede madrileña. A María Luz González Peña, su directora, le “inquieta que se quede como la hermana pobre de la ópera”. “El Teatro de la Zarzuela tiene, entre otros objetivos, recuperar el patrimonio lírico español, algo que no hace el Real: desde su reapertura solo ha programado dos títulos”.

Es algo que también teme Emilio Casares, catedrático emérito de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid. Autor de una extensa bibliografía sobre el asunto, es el experto elegido por el ministerio para redactar el informe previo a la declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial. “La entrada más cara no supera los 45 euros en la Zarzuela. El teatro realiza un servicio público a través de productos dignísimos”, alega, aunque lamenta la falta de flexibilidad estructural que su actual estatus confiere al coliseo de la calle Jovellanos.

Con todo ello, lo cierto es que cuesta ponerla al día. El siglo XX no fue benevolente con la imagen de la zarzuela. Carlos Álvarez, quizás el barítono español más internacional, lo explica: “El hecho de que se identificara el género con una parte ignominiosa de nuestra Historia creó un distorsionado caldo de cultivo para el olvido”. Habla de la época de Franco, donde vino bien para vestir cierta estética del régimen, aunque durante la dictadura apenas se compusieran títulos. Álvaro Torrente, musicólogo de la Complutense, aclara que el 95% de los mismos fue escrito antes de la Guerra Civil. Pero que zarzuela se ha identificado a franquismo es un hecho. También nazismo, en una época, fue sinónimo de Wagner. Pero parece que los alemanes han sabido superar ese estigma. ¿Por qué los españoles no?

Álvarez, que acaba de cantar con enorme éxito Andrea Chenier en el Liceu, añade: “Los autores se inclinaron hacia la forma ópera porque les permitía un teórico mejor desarrollo de sus ideas musicales”. Hoy puede equipararse, si se la presenta en igualdad de condiciones, cree el cantante: “Solo cuando dramatúrgicamente se le da el mismo trato que a la ópera en términos de producción, con los mismos días de descanso para los cantantes, con revisiones, que no actualizaciones, de los textos o con una elección adecuada del repertorio, la zarzuela resplandece por su calidad musical”. Y en eso también llevan responsabilidad los intérpretes: “Hemos de abordarlo con la conciencia de su originalidad. Incluyendo el repertorio en nuestros recitales y conciertos”.

No sólo en el ámbito hispano. También internacional. El último concierto en la Zarzuela de la mezzosoprano Elina Garanča, amante del género y dedicada a él, lo evidenció. Karel Mark Chinon, su marido y director de orquesta, la acompañó con la batuta igual que hace habitualmente en otros países: “No es necesario entender el idioma para que resulte atractivo si está bien hecho. Mientras se aborde con profundidad y hondura, llega. El público no es tonto. Quizás en esto, por parte de los españoles, exista cierto complejo de inferioridad. Pero Elina y yo hemos visto al público emocionarse con él en Alemania, Francia, Rusia, Letonia”.

Lo mismo ha experimentado en su carrera Teresa Berganza, que cuenta con un palco a su nombre en el Teatro de la Zarzuela: “Espero que no me lo quiten”, avisa. “Hay títulos españoles que son mejores que muchos donizettis. Se trata de defenderlo y hacerlo cada día mejor, sin engañar a nadie. A estas alturas, sólo me preocupa que lo saquen adelante. Pero es fácil, no cuesta nada hacerlo entender fuera”.

Así lo ven también musicólogos como Begoña Lolo, de la Universidad Autónoma de Madrid: “La zarzuela debe ser acometida como proyecto de Estado. Tiene un interés espectacular en el extranjero. Representa la sonoridad que se identifica con la música española, pero también hay que hacerla llegar a muchos rincones de nuestro propio país donde no está con giras”.

Y defendiéndolo como una expresión, más que castiza, multicultural. Así lo propone Álvaro Torrente: “Se impone abandonar el discurso esencialista que la identifica con la quintaesencia de lo español para asumir su carácter permanentemente híbrido”. Para este musicólogo, la zarzuela es un constante cruce de estilos. Desde el barroco hasta hoy. Y esa multiculturalidad, además de una atención especial a fomentar creaciones nuevas, resulta fundamental para su supervivencia: “Ha estado abierta a influencias permanentes de todo tipo de estéticas, tanto de las ópera italiana y francesa, como del teatro, la músicas populares de España y Latinoamérica, el jazz o los musicales de Broadway. La zarzuela es el fruto de un diálogo permanente entre tradiciones propias e influencias foráneas”.