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Crítica | Barbara
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Las capas vitales de una artista

Es, como las canciones de su protagonista, una película vital, atmosférica, onírica y sujeta a continuos cambios

Javier Ocaña

“¿Estás haciendo una película sobre mí, o sobre ti mismo?”, le dice la mítica cantante y compositora francesa Barbara —nacida Monique Andrée Serf— al director de su peculiar biopic. Aunque también es una suerte de diálogo consigo mismo, de reflexión artística, personal y emocional de Mathieu Amalric, autor del evento e intérprete del papel del director, en un trabajo que es al mismo tiempo semblanza cinematográfica e introspección personal sobre el mundo del arte. Una pregunta a la que Amalric, en la pantalla como actor y fuera de ella como guionista, responde con vanidosa retórica: “¿Acaso no es lo mismo?”.

BARBARA

Dirección: Mathieu Amalric.

Intérpretes: Jeanne Balibar, Mathieu Amalric, Vincent Peirani Fanny Imber.

Género: biopic. Francia, 2017.

Duración: 98 minutos.

Huyendo de cualquier convencionalismo en torno a las biografías cinematográficas, Amalric ha compuesto en Barbara algo mucho más interesante: una explosión de formatos y de texturas, de capas de cebolla narrativas, estéticas y vitales, en las que todo se confunde sin llegar a ser incomprensible. Porque, aunque haya un momento en el que resulte complicado distinguir en cuál de los tres estadios estamos, y qué Barbara está en pantalla, si es la verdadera, en tomas documentales de la época, si es la de ficción, interpretada con extraordinaria complejidad por Jeannne Balibar, o en cambio es la propia Balibar, poseída por el espíritu vampírico de la cantante, la película tiene autonomía propia.

La clave del fascinante experimento artístico del director de la también excelente Tournée (2010), y de si estamos (o no) ante un biopic, hay que buscarla en su culminación. Y es entonces cuando podemos afirmar que conocemos a Barbara, su vida, su obra, su pasión, su temperamento. Y también cuando podemos decir que sabemos algo más de Amalric, interprete de un director que no lleva su nombre pero que está haciendo una película sobre Barbara: paranoico, desquiciado, con subidones y bajadas a los infiernos dignas de la propia cantante.

Reflexión sobre la creación y la memoria, la individual, la del fanático y la colectiva, la que lega una estrella de la música, Barbara es, como las canciones de su protagonista, una película vital, atmosférica, onírica y sujeta a continuos cambios. Cortante como el montaje que la mueve. Y móvil y turbadora, como la propia vida.

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Sobre la firma

Javier Ocaña
Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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