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La Antártida vista a través de WhatsApp

Paco Gómez explora los hielos antárticos a través de las imágenes que le envía el guía de montaña Hilo Moreno

Hilo Moreno, guía de montaña.
Hilo Moreno, guía de montaña.

¿Y si utilizásemos WhatsApp como un catalejo que nos permitiese ver lugares muy lejanos que probablemente nunca lleguemos a visitar? Algo así fue lo que pensó el fotógrafo y escritor Paco Gómez (Madrid, 1971) cuando conoció al guía de montaña Hilo Moreno (Madrid, 1979), que trabaja en la Base Antártica Española Juan Carlos I. Precisamente en 2016 la vida de aquella instalación científica había cambiado con la llegada de la conexión a Internet. “Así que pensé podría ver la Antártida a través de Hilo, mediante el WhatsApp, como los científicos ven Marte a través de la sonda Curiosity”, explica Gómez.

El resultado de este experimento es el inclasificable libro Volverás a la Antártida (Fracaso Books), lo que han llamado “la primera expedición virtual transantártica” y que no se sabe muy bien si es un diario, un libro de aventuras, un manual de fotografía, un volumen de divulgación científica, álbum fotográfico o, más bien, todo eso al mismo tiempo. “La idea surgió como un experimento en Facebook”, cuenta Gómez, “yo le iba pidiendo fotos a Hilo y las colgábamos junto con comentarios y anécdotas. Tuvo muy buena acogida y de ahí salió la idea de hacer el libro”.

El iceberg lo bautizaron como José Alfredo.
El iceberg lo bautizaron como José Alfredo.

A miles de kilómetros

En las páginas se leen las conversaciones entre los dos exploradores, el físico sobre el terreno helado y el virtual a miles de kilómetros de distancia, desde las calles madrileñas. Gómez la va dando indicaciones a Moreno, discuten cuáles pueden ser los motivos a fotografiar, los encuadres, la técnica, e incluso realizan homenajes a grandes maestros de la fotografía como Hiroshi Sugimoto, Edward Weston, Castro Prieto o Frank Hurley, el que fue fotógrafo de la gran expedición de Ernest Shackleton a la Antártida que comenzó en 1914. “Hoy en día no se cuida demasiado el aspecto gráfico de las expediciones polares, en aquella época se embarcaban los mejores fotógrafos del momento”, cuenta Gómez, que posteriormente iba editando las fotos de Moreno para darles un toque más artístico o profesional.

La aventura de Shackleton a bordo del buque Endurance, la Expedición Imperial Transantártica, que encalló en las banquisas polares durante meses y al final fue destruido por la presión del hielo, es una referencia constante en el libro. Sus tripulantes tuvieron que ingeniárselas para sobrevivir en circunstancias extremas, arrojados al desierto blanco y gélido, y regresar sanos y salvos a casa, como relatan libros como Endurance, la prisión blanca (Capitán Swing), de Alfred Lansing, o el documental Atrapados en el hielo, de George Butler. Amundsen, Scott y otros grandes aventureros polares también sirven de inspiración en esta aventura guasapeada.

Hoy en día, como muestra Volverás a la Antártida, los científicos destinados en aquellas tierras inhóspitas no sufren las antiguas penalidades, pero tampoco viven instalados en el confort occidental. Las instalaciones no son demasiado amplias y cómodas y el trabajo es constante, eso sí, algunas noches celebran fiestas (nunca le falta hielo para las bebidas) para relajarse y conseguir diferenciar unos días de otros. Así Moreno, asesorado por Gómez, toma retratos del científico japonés Jun, estudioso de los microorganismos, bebiendo de un porrón, o del mecánico gallego Camilo Gómez, seguidor incondicional del Celta de Vigo; Carmen Molina y Cayetana Recio posan en su mesa de trabajo, donde se dedican al estudio del movimiento de los glaciares. A través de estas fotos y del relato que las acompaña vamos conociendo cómo son las personas que se han ido tan lejos en busca de conocimiento y en qué consisten sus investigaciones.

El científico japonés Jun, estudioso de los microorganismos.
El científico japonés Jun, estudioso de los microorganismos.

No es la primera vez que Gómez se embarca en la edición de un artefacto que se encuentre entre la literatura y la fotografía. “Los Modlin me cambiaron la vida”, dice. Se refiere a una familia de artistas estadounidenses que habían residido en Madrid y cuya colección de fotos íntimas el fotógrafo se encontró abandonadas en una calle del madrileño barrio de Malasaña. Tirando de esas imágenes reconstruyó la fascinante historia de aquella familia y publicó, en 2013, el libro Los Modlin, para lo que creó su propio sello: Fracaso Books. Pero más que fracaso lo que cosechó fue un gran éxito al que siguió otro libro titulado Proyecto K., en torno a la figura de Franz Kafka.

En sus historias Gómez siempre se apoya en abundante material fotográfico (como hizo alguna vez W. G. Sebald) y gusta de relatar los entresijos de la propia construcción de la historia junto con pinceladas autobiográficas (como hace con frecuencia Emmanuel Carrère). ¿Utilizará el método del WhatsApp para explorar otras latitudes a través de otras personas? “He tenido algunas ofertas en ese sentido”, dice, “pero todavía los estoy pensando: no quiero dedicarme para siempre a las relaciones a distancia”.